Belle prácticamente huyó del vestíbulo de la mansión intentando desesperadamente contener las lágrimas que amenazaban con salir en cualquier momento. Apenas podía respirar correctamente mientras subía las escaleras apresuradamente, sintiendo el pecho oprimido por la vergüenza y la humillación que todavía seguían quemándole por dentro, ¿Cómo podía mirar en ese momento a Aryanne? ¿Con que cara podía mirarla? Y todavía se encontraba en compañía de otras dos nobles, no podía mirar a ninguna cuando se sentía tan avergonzada de ella misma, solo quería dejar de existir en ese momento del mundo. Solo quería encontrar un lugar donde pudiera esconderse sola, lejos de todas aquellas miradas, lejos de las risas, lejos de la nobleza. Porque se sentía completamente humillada, sabía perfectamente que no era nadie importante como para permitirse tener orgullo… pero, aun así, sentía como si se lo hubieran pisoteado frente a todos. Todavía podía escuchar las carcajadas resonando dentro de su cabeza, aquellas voces burlándose de ella por haberse caído. La manera en que la observaron tirada sobre el césped como si fuera algo ridículo. Qué vergonzoso. Qué patética. Qué inútil. En verdad si había llegado a tener orgullo en este momento se lo habían robado por completo.
Apretó con fuerza los labios mientras seguía caminando rápidamente por el segundo piso intentando no romper a llorar antes de tiempo. Realmente era una completa inútil. El primer salón que encontró abierto fue el salón de música, sin siquiera pensarlo demasiado, entró rápidamente y cerró la puerta tras de sí apenas logró cruzarla. El sonido del seguro cerrándose fue suficiente para que finalmente todo aquello que había estado reteniendo explotara de golpe. Las lágrimas comenzaron a caer inmediatamente, Belle soltó un pequeño sollozo mientras llevaba ambas manos a su rostro sintiendo cómo el corazón se le estrujaba dolorosamente dentro del pecho. Su vista comenzó a nublarse completamente por las lágrimas mientras intentaba desesperadamente limpiarse las mejillas una y otra vez sin lograr detenerlas. Entonces bajó la mirada hacia la enorme mancha de té que arruinaba su vestido amarillo. Y aquello solo empeoró todo, con movimientos torpes comenzó a intentar limpiar la tela con sus propias manos como si pudiera borrar lo ocurrido simplemente frotándola con suficiente fuerza. Aquella mancha únicamente simbolizaba su estupidez, debió haber tenido más cuidado, debió preverlo, debió darse cuenta, Aryanne seguramente se había logrado darse cuenta de lo sucedería. Sabía perfectamente que aquel día era importante para Aryanne… y aun así terminó arruinándolo todo.
—¿Por qué no puedo hacer algo bien…? —sollozó apenas en un murmullo roto.
Belle comenzó a llorar todavía más fuerte intentando desesperadamente cubrirse la boca para no hacer demasiado ruido y alertar a alguien de su presencia. Intentaba contener los sollozos, intentando desahogarse en silencio… pero cuanto más trataba de detener el llanto, más le dolía el pecho. En ese momento no se había dado cuenta de que había una segunda presencia dentro del salón de música. Había entrado demasiado apresurada buscando un escondite y, apenas cruzó la puerta, terminó ahogándose entre sus propias lágrimas y pensamientos, incapaz de notar algo más a su alrededor. Sentado frente al piano se encontraba Nate, al verla entrar de aquella manera, pensó que eventualmente ella notaría su presencia, pero Belle estaba llorando tan desconsoladamente que sus propias lágrimas le impedían ver con claridad a su alrededor. Nate entendió inmediatamente que algo debió haber ocurrido durante la fiesta, al verla tan destruida emocionalmente, decidió guardar silencio.
Con cuidado se levantó lentamente del banco del piano y se escondió detrás de uno de los grandes estantes de partituras que decoraban la sala, permitiéndole a Belle conservar algo de privacidad. Si había venido a esconderse al salón de música era porque claramente deseaba estar sola. No iba a entrometerse, esperaría a que se tranquilizara un poco y luego saldría discretamente del lugar para no avergonzarla todavía más de lo que seguramente ya se sentía. O al menos… ese había sido su plan inicial. Nate pensó que probablemente Belle lloraría unos cuantos minutos antes de recomponerse y marcharse. Diez minutos, quizás quince, pero debía recordar que estaba hablando de Belle. Ella podía llorar durante horas enteras y aun así seguir encontrando razones para continuar y efectivamente media hora después seguía llorando exactamente igual. Seguía escondiendo el rostro entre sus rodillas mientras los sollozos continuaban resonando suavemente dentro del salón de música. No parecía haber ninguna señal de que fuera a detenerse pronto.
Nate soltó un pequeño suspiro cansado, sabía perfectamente que Belle necesitaba a alguien que la consolara y supuso que esa persona tendría que ser él. Después de todo prácticamente era como su hermano mayor, así que finalmente abandonó su escondite y caminó lentamente hacia ella. Belle se encontraba hincada sobre el suelo, escondiendo el rostro entre sus rodillas mientras intentaba ahogar sus sollozos. Honestamente, Nate estaba bastante seguro de que podría salir silenciosamente del salón y Belle ni siquiera notaría que alguna vez estuvo ahí. Pero también sabía algo con certeza: si la dejaba sola probablemente no dejaría de llorar, por eso terminó deteniéndose frente a ella.
—¿La fiesta salió tan mal? —preguntó suavemente intentando llamar su atención.
Al escuchar su voz, Belle levantó inmediatamente el rostro mostrando una expresión completamente deshecha. Su cabello rosado estaba despeinado por completo, varias hebras pegadas húmedamente a sus mejillas debido a las lágrimas. Sus ojos celestes estaban tan hinchados y rojos por el llanto que apenas parecía capaz de mantenerlos abiertos correctamente, y de su nariz seguían escurriendo sus propios mocos haciendo todavía más evidente cuánto tiempo llevaba llorando ahí escondida. Era un completo desastre, ni siquiera mencionar de su vestido manchado de té, Nate pudo hacerse una idea inmediata de lo que probablemente había ocurrido durante la fiesta apenas observó aquella enorme mancha oscura derramada sobre la tela amarilla. Se notaba claramente que llevaba mucho tiempo llorando desconsoladamente, incluso ahora, mientras levantaba la mirada para verlo, las lágrimas seguían escurriendo continuamente por sus mejillas. Belle intentó limpiárselas apresuradamente con las mangas de su vestido, pero era inútil, era como intentar detener una fuga de agua con las manos; por más que intentara secarlas, nuevas lágrimas seguían brotando una tras otra sin detenerse jamás. Nate sintió un pequeño apretón incómodo en el pecho al verla así.