Belle salió prácticamente huyendo del salón de música completamente aterrorizada por lo que acababa de hacer. Su corazón seguía latiendo tan rápido que sentía que en cualquier momento iba a salírsele del pecho mientras avanzaba apresuradamente por los pasillos de la mansión. Todavía podía sentir sus mejillas enrojecidas al recordar aquel beso que le había plantado a Nate, de solo recordarlo su corazón se aceleraba más y la vergüenza aumenta aún más.
—¿¡Por qué hice eso!? —se quejó en un murmullo desesperado cubriéndose el rostro con ambas manos mientras seguía caminando.
Sentía las mejillas ardiéndole de vergüenza, no podía creer que realmente hubiera besado a Nate. ¡Y peor aún que lo hubiera hecho de manera tan impulsiva! Belle se maldijo mentalmente una y otra vez recordando todas las ocasiones en las que Madame Bremont le había repetido que debía pensar antes de actuar. Siempre se lo decía, que era demasiado impulsiva, que primero debía usar la cabeza antes de dejarse llevar por sus emociones y como siempre no le había hecho caso. Se prometió asi misma que de ahora en adelante le haría caso a todos los consejos que le diera Madame Bremont, dejaría no tomarla enserio.
—Ese es mi problema… nunca pienso… —se regañó a sí misma sintiendo todavía más ganas de gritar de vergüenza.
Ahora, ¿cómo demonios iba a volver a mirar a Nate a la cara después de aquello? Belle sintió ganas de llorar otra vez únicamente de recordarlo, ¿Por qué no podía dejar de avergonzarse durante aquel día? Primero la caída, luego el llanto y ahora esto. Definitivamente aquel había sido el peor día de toda su vida, tan concentrada estaba intentando huir de su propia vergüenza que ni siquiera se dio cuenta de hacia dónde iba ni qué camino estaba tomando dentro de la mansión. Sus pensamientos estaban tan desordenados que apenas veía correctamente frente a ella hasta que terminó chocando de golpe contra alguien.
—¡Auch…!
Belle levantó rápidamente la mirada completamente alarmada mientras comenzaba a disculparse apresuradamente.
—¡Lo siento mucho, yo no quise…!
Pero entonces se quedó congelada, frente a ella estaba Aryanne, está la observó sorprendida unos segundos antes de suspirar ligeramente.
—Oh, Belle… con que aquí estabas —dijo tranquilamente—. Llevo más de media hora buscándote.
Belle sintió cómo el alma casi abandonaba su cuerpo porque de repente recordó algo muchísimo peor. Nate todavía seguía en el salón de música y existía la posibilidad de que en cualquier momento pudiera salir y encontrarlas ahí. Desesperada, Belle se levantó inmediatamente del suelo tomando rápidamente a Aryanne de la mano para ayudarla a ponerse de pie también.
—¡V-Vamos a tu habitación! —soltó nerviosamente.
Aryanne apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Belle prácticamente comenzara a arrastrarla apresuradamente por los pasillos de la mansión rumbo a sus aposentos. Ahí Nate no podría ir a molestarla o al menos eso esperaba desesperadamente Belle. En cuanto llegaron a los aposentos de Aryanne, esta cerró rápidamente la puerta detrás de ambas apenas lograron entrar. Se quedó unos segundos apoyada sobre ella intentando recuperar el aliento mientras sentía su corazón latiéndole descontroladamente dentro del pecho. Aryanne la observó con curiosidad, aquello únicamente consiguió ponerla más nerviosa.
—¿Te encuentras bien? —preguntó Aryanne frunciendo ligeramente el ceño—. Tienes las mejillas demasiado rojas, estás respirando raro… y has estado actuando muy extraño desde hace un momento.
Belle sintió cómo el alma casi abandonaba su cuerpo, entró inmediatamente en pánico creyendo que había descubierto lo del beso con Nate, pero entonces Aryanne volvió a hablar, ahora con una expresión claramente preocupada.
—¿Estuviste llorando durante mucho tiempo? —preguntó acercándose a ella—. Mírate nada más… eres un desastre.
Belle sintió un enorme alivio recorrerle el cuerpo, así que Arya no sabía nada, esta levantó las manos intentando acomodarle un poco el cabello despeinado y limpiar algunas lágrimas secas que todavía permanecían en sus mejillas, pero antes de que pudiera hacerlo, Belle se lanzó nuevamente a abrazarla con fuerza.
—Perdón… —murmuró escondiendo el rostro contra ella—. Perdón por haber arruinado todo allá abajo.
Aryanne suspiró suavemente mientras le devolvía el abrazo.
—No arruinaste nada —respondió con tranquilidad—. Y ya te dije que no vuelvas a disculparte por algo que no hiciste.
Belle apretó ligeramente la tela del vestido de Aryanne entre sus dedos antes de finalmente confesar aquello que había estado guardándose durante tanto tiempo.
—No puedo evitar sentir presión… —murmuró bajito—. Siento que soy la única que tiene que protegerte y tengo miedo de fallarte en cualquier momento, siento que por mi culpa podrías salir herida algún día…
Aryanne guardó silencio unos segundos sorprendida por sus palabras.
—No sabía que te sentías así —admitió suavemente.
Entonces levantó una mano acariciando lentamente el cabello rosado de Belle.
—Pero ya no tienes que preocuparte sola por eso.
Belle levantó ligeramente el rostro para mirarla.
—Las damas que nos ayudaron hoy lady Bristaire y lady Dubois ahora también serán mis damas de compañía —anuncio Aryanne—. Ya no tendrás que cargar tú sola con la responsabilidad de cuidarme, ahora también podrás dejarles parte de eso a ellas.