Después de conseguir los faroles, continuaron recorriendo los distintos puestos instalados alrededor del canal, Aryanne seguía molestando a Corio cada vez que encontraba la oportunidad. Lo empujaba ligeramente con el hombro, le lanzaba comentarios sarcásticos y sonreía satisfecha cada vez que lograba hacerlo fruncir el ceño. Corio, por supuesto, no se quedaba atrás, cada provocación recibía una respuesta igual de mordaz, convirtiendo su recorrido en una constante batalla de comentarios y pequeñas discusiones. Mientras tanto, Belle caminaba algunos pasos detrás de ellos observándolos en silencio, cuanto más los veía discutir, más extraña le parecía aquella situación. Se suponía que se llevaban mal, al menos eso era lo que ambos parecían empeñados en demostrar. Sin embargo, tampoco podían dejar de hablarse. Si realmente se desagradaban tanto... ¿Por qué seguían buscando la compañía del otro? Belle observó cómo Aryanne volvía a acercarse a Corio únicamente para continuar interrogándolo.
—Todavía no entiendo qué hace alguien como usted en un festival como este.
—Podría preguntarle exactamente lo mismo —respondió Corio sin siquiera mirarla—, pero no lo hago porque no soy un entrometido.
—Yo no soy una entrometida.
—Claro que lo es.
—Solo tengo curiosidad por usted.
—Entonces deje de tenerla.
Aryanne resopló.
—Qué aburrido.
Durante unos segundos caminaron en silencio hasta que ella volvió a hablar.
—¿Y qué se siente? —preguntó curiosa—.
—¿Qué se siente qué? —replico confundido—.
—No tener ese color de ojos —dijo obvia—.
Por primera vez, Corio pareció confundido.
—¿Debería sentir algo? —inquirió sarcástico—.
Aryanne bajó ligeramente la mirada hacia el reflejo del canal.
—Yo sí lo siento —le confeso—.
Corio esperó.
—Me siento más ligera.
Sus palabras hicieron que incluso Belle levantara la vista.
—Mis ojos siempre han sido una carga para mí —continuó Aryanne—. Si salgo de la mansión, todos quieren pedirme algo, todos dicen que soy la bendita de Aelira, todos hablan de mis ojos, pero muy pocas personas hablan conmigo como Aryanne.
Su mirada recorrió la multitud que seguía celebrando alrededor del canal.
—Normalmente jamás podría tener un paseo como este.
Después volvió a mirarlo.
—¿A usted no le sucede algo parecido?
Corio permaneció callado durante unos segundos, aquello sorprendió a Aryanne, pensó que simplemente ignoraría la pregunta, sin embargo, finalmente respondió.
—Ni siquiera he tenido tiempo para pensar en eso —Su voz sonó más baja de lo habitual—. Mi padre siempre ha sido demasiado estricto conmigo.
Sus ojos azules se desviaron hacia las luces reflejadas sobre el agua.
—Pero supongo que a veces me pregunto cómo habría sido no nacer con esos ojos —se sinceró—. Tal vez mi vida hubiera sido más sencilla, pero fácil.
Aryanne se quedó observándolo fijamente por primera vez aquella noche no sintió ganas de discutir con él, porque comprendía exactamente lo que quería decir. Sabía perfectamente lo que era desear ser alguien normal, pero antes de que pudiera responder, llegaron finalmente a la zona de lanzamiento. A un costado del canal se extendía una amplia explanada cubierta de césped donde se habían colocado largas mesas de madera. Decenas de personas se reunían allí escribiendo sus deseos antes de liberar sus faroles hacia el cielo. Inmediatamente los tres se acercaron y Aryanne notó algo curioso: Corio se apartó de ellas. Tomó una mesa diferente y protegió su farol con ambos brazos para impedir que alguien pudiera leer lo que escribía. Aquello despertó inmediatamente la curiosidad de Aryanne.
—Está escondiéndolo —afirmo divertida—.
—Definitivamente está escondiéndolo —coincidió Belle.
Ambas comenzaron a acercarse lentamente, Corio levantó la vista.
—No.
—Ni siquiera hemos hecho nada.
—Lo van a hacer.
—Solo quiero mirar.
—No.
Aryanne intentó inclinarse para espiar por encima de su hombro, Belle hizo exactamente lo mismo desde el otro lado, Corio terminó cubriendo su farol con una mano.
—Es secreto.
—¿Desde cuándo cree en los deseos? —preguntó Aryanne divertida.
Pero esta vez no obtuvo respuesta, Corio volvió inmediatamente su atención hacia la faroles y continuó escribiendo con demasiada concentración, demasiado silencio y una seriedad que Aryanne no le había visto en toda la noche. Aquello hizo que finalmente dejara de molestarlo, regresó a su propia mesa, tomó la pluma y comenzó a escribir su deseo, uno que, curiosamente, tenía mucho más que ver con Corio de lo que estaba dispuesta a admitir. A su lado, Belle también se concentró en escribir el suyo mientras las luces de miles de faroles continuaban iluminando la noche del Festival de las Mil Luces. Cuando finalmente terminaron de escribir sus deseos en sus respectivos faroles, la mayoría de las personas comenzó a dirigirse hacia la zona principal del lanzamiento. Decenas de familias, parejas y grupos de amigos avanzaban en una misma dirección cargando cuidadosamente sus faroles mientras esperaban el momento en que las luces fueran liberadas hacia el cielo. Pero Corio tomó el camino contrario, Aryanne lo notó de inmediato, Belle también, ambas intercambiaron una mirada antes de comenzar a seguirlo.