La Hacedora del Sol

Capitulo 18: Entre Sedas y Coronas

Habían pasado tres años desde aquella noche en el Festival de las Mil Luces y desde aquel día, Aryanne nunca volvió a ver a Corioneus Helionis, a veces todavía pensaba en él. Recordaba sus discusiones, sus burlas constantes y la manera en que ambos parecían incapaces de pasar más de cinco minutos sin molestarse mutuamente. Sin embargo, conforme pasaron los años, aquellos recuerdos comenzaron a sentirse cada vez más lejanos, tan lejanos que, en ocasiones, parecían pertenecer a un sueño en lugar de a su propia vida. Por suerte, jamás fueron descubiertas aquella noche o al menos oficialmente, Aryanne siempre sospechó que Coralie había descubierto la verdad sobre su escapada. Después de todo, era imposible ocultarle demasiadas cosas, din embargo, nunca las delató lo cual le agradeció, nunca mencionó el tema y tampoco hubo algún castigo. Pero eso no significaba que hubieran recuperado la libertad, desde entonces tenían estrictamente prohibido asistir al Festival de las Mil Luces, aunque aquello jamás había impedido que Aryanne y Belle continuaran observándolo en secreto desde las ventanas de la Mansión Arvenis cada verano.

Las cosas habían cambiado mucho desde entonces y no solamente para el imperio. Aryanne también había cambiado, su cuerpo comenzó a transformarse conforme el paso de los años; sus pechos crecieron, su figura empezó a adquirir las formas de una joven señorita e incluso comenzó a notar la aparición de vello en lugares donde antes no existía. Pero nada la había preparado para la verdadera tragedia: su primera menstruación, que para desgracia suya llegó apenas un día después del festival. Todavía recordaba aquel momento con absoluta claridad, había visto sangre, en su imaginación había sido mucha sangre. Y llegó a la conclusión más lógica que una niña de doce años podía imaginar: se estaba muriendo, terminó llorando desconsoladamente frente a su madre mientras insistía en que los dioses la estaban castigando por portarse mal, claro que no pensaba confesar su crimen, sabiendo que era mejor estar con los dioses en el cielo que su madre si se llegará a enterar. Aquello provocó que Coralie y su madre tuvieran una conversación extremadamente larga con ella acerca de los cambios que experimentaban las jóvenes al crecer.

Ahora, al recordarlo, Aryanne sentía unas inmensas ganas de esconderse bajo una manta por la vergüenza, aunque también le hacía reír. Habían ocurrido muchos cambios durante aquellos años, los gemelos ahora tenían trece años, habían madurado un poco, solo un poco, seguían causando problemas cada vez que tenían la oportunidad, aunque al menos ahora dirigían parte de su energía hacia la Academia Imperial, donde estudiaban junto a su hermano mayor Nate, quien también había crecido y dentro de pocos meses alcanzaría la mayoría de edad. Pero antes que él, otro joven estaba a punto de hacerlo: Byron Helionis, el príncipe heredero del Imperio de Wisteria. Hoy era 8 de Aurest del año 757, la víspera de su cumpleaños y toda la capital parecía haberse vuelto completamente loca. Las calles estaban abarrotadas de carruajes, los comerciantes trabajaban sin descanso, los nobles llegaban desde todos los rincones del imperio mientras los sirvientes corrían de un lado a otro preparando los últimos detalles para la gran celebración del día siguiente. Después de todo, no era un cumpleaños cualquiera, era la ceremonia de mayoría de edad del príncipe heredero, uno de los acontecimientos más importantes de toda la década. Porque significaba que el hombre más codiciado del Imperio finalmente tendría edad para comprometerse y, eventualmente, para casarse.

Las jóvenes nobles de Wisteria parecían haber entrado en estado de guerra, todas afilaban sus mejores armas: vestidos, joyas, peinados, perfumes y sonrisa, y Aryanne no tenía ninguna intención de quedarse atrás, ella también poseía sus propias armas y pensaba utilizarlas. Después de todo, seguramente muchas damas asistirían con la esperanza de captar la atención de Byron, algunas buscarían convertirse en favoritas, otras aspirarían a obtener una posición dentro de la corte y las más ambiciosas probablemente soñarían con alcanzar el rango de concubina imperial porque si una concubina daba a luz al heredero adecuado, podía convertirse en consorte. Aryanne sonrió mientras observaba su reflejo en el espejo, no, jamás permitiría que algo así ocurriera, no mientras ella estuviera allí, esta sería el evento ideal para mostrarles a todo el imperio que su posición como princesa heredera estaba más fuerte que nunca, derribaría a cada una de sus contrincantes, las aplastaría a ellas y a sus sueños sin piedad.

Daba gracias a que Byron es todo un caballero por lo cual no debía de preocuparse que tomará una concubina antes que una esposa, para la sociedad que un hombre respetable tomará primero una concubina que una esposa era algo despreciable y muy mal visto, solo había una razón por la que un hombre lo hiciera: un embarazo, el fruto de esa unión sería visto como un hijo ilegitimo, peor aún, sería considerado una desgracia ante toda la corte y la reputación del caballero se vería manchada. Por eso no se preocupaba Aryanne, pero le preocupaba las maniobras arriesgadas que podían usar las damas nobles para intentar pegarse como pulgas al príncipe heredero.

No dejaría que nadie le arruinara a Byron su día especial porque aquella celebración no consistía únicamente en festejar su cumpleaños. Detrás de los bailes, las sonrisas y los lujosos banquetes existían propósitos mucho más importantes. La ceremonia marcaría el primer paso para que Byron comenzara a asumir oficialmente su papel como futuro emperador del Imperio de Wisteria. A partir de ahora tendría que involucrarse cada vez más en los asuntos políticos, asumir nuevas responsabilidades y prepararse para el día en que heredara el trono. Toda la nobleza del imperio se encontraba preparándose para el acontecimiento, y claramente Aryanne no tenía ninguna intención de quedarse atrás. Precisamente por eso había citado a todas sus amigas en la Casa de Modas Soufiane. La familia Soufiane pertenece a una de las casas nobles mayores más prestigiosas de la capital por el hecho en que la actual emperatriz Iridian Helionis proviene de esa Casa lo cual hizo que aumentara aun más el valor que ya poseía. La Casa Soufiane siempre ha pertenecido a la alta nobleza, aunque anteriormente al ser una casa vasallas del ducado de Zervaine, gano más independencia al tener una emperatriz entre sus miembros más destacados, más cuando es la actual emperatriz, por lo que podría decirse que esta a la altura del Ducado de Zervaine, que es el de su madre, Fortienne Zervalis, ahora se encuentra como duquesa de Arvenis.




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