Muchos de los compromisos dentro de la nobleza funcionaban de forma muy distinta a como la mayoría de los plebeyos imaginaba. Era bastante común que los acuerdos matrimoniales se realizaran incluso poco después del nacimiento de los hijos. Algunas damas nobles crecían sabiendo desde la cuna con quién se casarían algún día, mientras que otras eran prometidas durante la adolescencia cuando las familias encontraban una alianza conveniente. Sin embargo, aunque existiera un acuerdo previo entre ambas casas, la ceremonia oficial de compromiso no podía celebrarse inmediatamente. Según las leyes del Imperio de Wisteria, una dama era considerada apta para comprometerse oficialmente una vez que se confirmaba su fertilidad. En términos simples, cuando una joven experimentaba su primera menstruación podía ser reconocida legalmente como futura esposa. A partir de ese momento solo debía esperar a que el varón alcanzara la mayoría de edad para que el matrimonio pudiera celebrarse. Técnicamente, si la familia imperial así lo deseara, Byron y Aryanne podrían contraer matrimonio en ese mismo instante. Byron ya había alcanzado la edad adulta y la ley establecía que un hombre podía casarse una vez que fuera considerado capaz de responsabilizarse de su esposa y de la familia que formaran juntos.
No obstante, aquella práctica se había vuelto cada vez menos común entre la nobleza siendo la alta o baja. Aunque la ley seguía vigente, la mayoría de la aristocracia moderna consideraba inapropiado casar a una joven que todavía estaba completando su educación. Para ellos, la formación de una esposa noble no concluía con la llegada de la menstruación, sino con la ceremonia de mayoría de edad. Era entonces cuando una dama era considerada plenamente preparada para asumir las responsabilidades de un matrimonio, administrar una casa noble y representar adecuadamente a su familia. Por esa razón, muchas familias preferían esperar hasta que sus hijas cumplieran dieciocho años antes de celebrar una boda. Sin embargo, Aryanne sabía que aquella costumbre seguía siendo extremadamente frecuente entre los plebeyos. También persistía en ciertas familias nobles particularmente conservadoras, especialmente aquellas que valoraban más las antiguas tradiciones que las nuevas corrientes sociales de la capital.
El caso de Winifred era un ejemplo perfecto de ello, su compromiso existía únicamente de palabra entre ambas familias. Todavía no había ceremonia oficial ni documentos firmados, pero el acuerdo estaba hecho. Cuando su prometido alcanzara la edad adecuada podrían formalizar el compromiso, y una vez que Winifred cumpliera dieciocho años el matrimonio podría celebrarse sin ningún inconveniente. El problema era que Winifred no deseaba ese futuro, si lograba convertirse oficialmente en dama de compañía de Aryanne cuando esta ingresara a la familia imperial, su posición dentro de la nobleza aumentaría de manera extraordinaria. El prestigio de servir directamente a la futura emperatriz elevaba el valor matrimonial de una dama hasta niveles difíciles de imaginar. Un matrimonio con un marqués, que para muchas nobles sería considerado un excelente partido, comenzaba a parecer modesto en comparación con las oportunidades que podrían abrirse ante ella. Como dama de compañía de la futura emperatriz, Winifred podría aspirar a un duque, al heredero de una gran casa noble, a un embajador de alto rango o incluso a un príncipe extranjero. El estatus de las mujeres que servían cerca del trono se elevaba tanto que, en algunos aspectos, llegaba a compararse con el de una princesa imperial. Precisamente por eso, cada vez que alguien mencionaba aquel compromiso, Winifred parecía debatirse entre el deber que su familia esperaba de ella y todas las posibilidades que aún podían abrirse ante su futuro.
Aunque para ellas cuatro aquella situación parecía prácticamente decidida, la realidad era que Heather y Winifred todavía no podían ser consideradas oficialmente damas de compañía de Aryanne. Las estrictas tradiciones de la nobleza imperial establecían que una joven dama de alto rango únicamente podía tener una dama de compañía oficial, y esta debía pertenecer a una casa noble menor. En el caso de Aryanne, ese puesto ya estaba ocupado por Belle Pavielle, quien era reconocida públicamente por toda la aristocracia como su única acompañante oficial. Tomar más damas antes de tiempo sería considerado un acto de arrogancia, muchos nobles lo interpretarían como un intento prematuro de consolidar una posición dentro de la familia imperial cuando ni siquiera había sido presentada oficialmente como futura princesa heredera. En una corte donde las apariencias tenían tanto peso como la realidad, aquel detalle podía convertirse fácilmente en motivo de críticas y rumores. Después de todo, las únicas mujeres autorizadas a mantener múltiples damas de compañía eran la emperatriz y las princesas imperiales. Aquello era un privilegio reservado exclusivamente para las mujeres más importantes del imperio. Por esa razón Aryanne todavía no podía oficializar a Heather y Winifred como parte de su séquito, sin importar lo cercanas que fueran o cuánto tiempo pasaran juntas.
Sin embargo, todas sabían que aquella situación sería temporal, el día que Aryanne ingresara oficialmente a la familia imperial y recibiera el derecho de formar su propio séquito, Heather y Winifred serían las primeras candidatas para ocupar esos puestos. Y cuando eso sucediera, el valor de ambas dentro del mercado matrimonial aumentaría de forma extraordinaria. La razón era simple, las damas de compañía de una futura emperatriz no eran vistas únicamente como acompañantes. Eran mujeres cercanas al centro mismo del poder, tenían acceso a información privilegiada, a los círculos más exclusivos de la nobleza y a oportunidades que otras jóvenes apenas podían imaginar. Por ello, una dama que servía directamente a la futura emperatriz podía aspirar a matrimonios mucho más ventajosos que los que normalmente estarían a su alcance. Duques, herederos de grandes casas, embajadores prestigiosos e incluso miembros de familias reales extranjeras podían interesarse en una candidata con semejante posición. Y precisamente por eso Heather y Winifred esperaban, no porque desearan servir a Aryanne únicamente por conveniencia sino porque sabían que aquella oportunidad podía cambiar por completo el rumbo de sus vidas. Aryanne no podía culparlas, básicamente las cuatro en los últimos tres años se han convertido en algo más que amigas intimas son como hermanas, así que Aryanne desea que puedan tener un buen futuro.