La Noche de las Constelaciones finalmente había llegado al Imperio de Wisteria, aquel era el nombre con el que se conocía popularmente la ceremonia de mayoría de edad del príncipe heredero. El título provenía de la temática elegida para la celebración: las constelaciones, las estrellas que iluminaban el cielo nocturno y guiaban a los viajeros en la oscuridad. Sin embargo, Aryanne sabía que el significado detrás de aquella elección iba mucho más allá de una simple decoración. Después de todo, Byron Helionis era conocido como la Estrella del Imperio, no le costaba imaginar quién había sido la mente detrás de aquella idea. Sin duda, la emperatriz había organizado cada detalle de la celebración para enviar un mensaje claro a todos los presentes. Nobles, ministros, enviados extranjeros y diplomáticos contemplarían aquella noche cómo el heredero era colocado en el centro del firmamento imperial. Era una forma elegante, sutil y a la vez poderosa de recordar que solo existía un heredero legítimo al Trono de Wisteria. Byron era la estrella alrededor de la cual giraba el imperio, y aquella noche nadie podría olvidarlo. Sentada dentro del carruaje de la Casa Arvenis, Aryanne observó por la ventanilla la larga fila de carruajes que avanzaban lentamente hacia las puertas del Palacio del Sol. Delante de ellos se extendía una interminable procesión de nobles procedentes de todos los rincones del imperio, cada uno esperando pacientemente su turno para ingresar.
La ceremonia se celebraría dentro del propio palacio imperial, el hogar del emperador y el lugar más importante de todo Wisteria. Precisamente por ello, la Guardia Imperial se mostraba más estricta que nunca, cada carruaje era inspeccionado minuciosamente antes de recibir autorización para continuar. Los guardias revisaban documentos, verificaban identidades y examinaban equipajes con una atención casi obsesiva. Con más de un centenar de invitados de alto rango llegando al mismo tiempo, el proceso avanzaba con desesperante lentitud. Aryanne comprendía perfectamente la necesidad de aquellas medidas. Aun así, no pudo evitar suspirar, puesto que llevaban demasiado tiempo esperando. El calor acumulado dentro del carruaje comenzaba a resultarle incómodo que ni siquiera su abanico podía disimular, y la paciencia nunca había sido una de sus mayores virtudes. Sin embargo, aquella demora también era una muestra de la importancia del evento. El Palacio del Sol no era un lugar al que los nobles pudieran acceder libremente, incluso las familias más poderosas del imperio necesitaban una autorización especial para cruzar sus puertas.
Solo la familia imperial y un reducido grupo de personas gozaban del privilegio de entrar y salir sin restricciones. Por esa razón, la Noche de las Constelaciones era mucho más que un baile, era una de las escasas ocasiones en las que la nobleza de todo Wisteria podía contemplar el corazón mismo del poder imperial, y esa exclusividad convertía la celebración en uno de los eventos más importantes del año. Parte del tráfico también se debía a que muchas familias nobles habían llegado con más de un carruaje. En el caso de la Casa Arvenis, el carruaje principal era ocupado por el duque y la duquesa, mientras que en el segundo viajaban los representantes más jóvenes de la familia. Aryanne se encontraba sentada junto a Belle, mientras que frente a ellas estaba Nate, los tres serían presentados aquella noche como representantes de la Casa Arvenis. Al menos podía agradecer a Aelira que Fred y Franz aún no tuvieran la edad suficiente para asistir a eventos de semejante importancia. De lo contrario, probablemente habrían necesitado un tercer carruaje solo para acomodar a toda la familia. Aunque, pensándolo mejor, sus hermanos pequeños parecían ser los verdaderos afortunados. Los gemelos ni siquiera se habían mostrado decepcionados por quedarse en casa. Después de todo, tendrían la mansión entera para ellos solos, junto con todos los sirvientes a su disposición, era una de las pocas ocasiones en las que Aryanne realmente podía envidiarlos.
—¿Por qué hay tantos carruajes? —se quejó Nathaniel por enésima vez mientras observaba por la ventanilla—. Si pretenden recibir de esta manera a todo el imperio, me temo que el baile comenzará cerca de la medianoche.
Aryanne ni siquiera levantó la vista.
—Es lo normal para un evento de esta magnitud, la mayoría de las familias nobles importantes del imperio están aquí esta noche —le explico—. Sin contar a los enviados extranjeros, diplomáticos y representantes de otros reinos.
Nathaniel soltó un largo suspiro.
—Espero que mi ceremonia de mayoría de edad nunca llegue.
—Lamento informarte que llegará dentro de exactamente dos meses —respondió Aryanne con total tranquilidad—. Madre lleva más de un año organizándola, de hecho, las invitaciones ya fueron enviadas y la mayoría de los invitados ya confirmaron su asistencia.
Nathaniel parpadeó.
—¿Por qué soy el único que no sabía eso? —inquirió ofendido—.
—Porque no es necesario que lo sepas —respondió Belle con dulzura—. Con tu sola presencia es suficiente.
Nathaniel la miró incrédulo.
—¿Eso se supone que debía tranquilizarme?
—Tiene razón —intervino Aryanne—. Aunque te hubieran consultado, nada habría cambiado, al final terminarás haciendo exactamente lo que madre decida.
—Eso es una falta de respeto hacia el futuro duque —se quejó—.
—Eso es una observación —replico calmada—.
—Eres insoportable.