La Hacedora del Sol

Capitulo 21: La Noche de la Estrella

Al cruzar las enormes puertas doradas del salón principal, Aryanne sintió que ingresaba a un mundo completamente distinto al que existía fuera de aquellas paredes. Durante unos segundos fue incapaz de apartar la mirada de la inmensa sala que se extendía frente a ella. Todo el lugar había sido transformado para representar la Noche de las Constelaciones, y la magnificencia de la decoración superaba cualquier cosa que hubiera imaginado. El techo abovedado había desaparecido bajo interminables telas azul medianoche y negro profundo que imitaban el firmamento nocturno. Miles de diminutas luces doradas colgaban suspendidas entre los pliegues de las telas como estrellas reales, formando constelaciones reconocibles que brillaban sobre las cabezas de los invitados. Entre ellas flotaban lunas crecientes, soles ornamentales y enormes astrolabios dorados que giraban lentamente gracias a complejos mecanismos arcanos. Desde el centro del salón descendían gigantescos candelabros de cristal, cuyos cientos de velas proyectaban destellos cálidos que hacían relucir cada superficie dorada del recinto. Las paredes estaban cubiertas por enormes ventanales arqueados que se elevaban hasta casi tocar el techo. Entre cada ventana colgaban estandartes azul oscuro bordados con hilos de oro que representaban diferentes constelaciones veneradas por el Imperio de Wisteria. Columnas de mármol blanco y oro sostenían las galerías superiores, decoradas con guirnaldas de flores blancas, azules y doradas cuidadosamente entrelazadas.

En el extremo más alejado del salón se alzaba una monumental escalinata doble que conducía hacia el balcón imperial. Detrás de ella brillaba una inmensa representación de una esfera celeste elaborada en cristal y oro, cuyas líneas reproducían los movimientos de las estrellas sobre el firmamento. Todo parecía diseñado para recordar a los asistentes que aquella noche estaba dedicada a la estrella más importante del imperio: el príncipe heredero Byron Helionis. El suelo de mármol pulido reflejaba cada una de las luces del salón como si se tratara de un lago de cristal. Sobre la superficie oscura se habían incrustado delicados diseños dorados que imitaban mapas astronómicos, creando la ilusión de que los invitados caminaban sobre el propio cielo nocturno. A medida que avanzaban, Aryanne observó cómo las luces se reflejaban bajo los vestidos y capas de los nobles, haciendo parecer que las estrellas danzaban junto a ellos. Incluso las mesas distribuidas alrededor del salón seguían la temática de la celebración. Manteles azul profundo, decorados con bordados dorados cubrían las superficies, mientras que elegantes centros de mesa representaban pequeños observatorios, esferas armilares y constelaciones elaboradas con cristales brillantes.

La nobleza de todo Wisteria parecía haberse reunido aquella noche. Duques, marqueses, condes y barones llenaban la inmensa sala con una mezcla de colores, joyas y títulos. Los enviados extranjeros tampoco pasaban desapercibidos. Sus vestimentas exóticas añadían aún más variedad al espectáculo visual. Las damas lucían vestidos cubiertos de pedrería que brillaban bajo las luces como fragmentos del firmamento, mientras que los caballeros vestían uniformes ceremoniales bordados con hilos de oro y plata. El constante murmullo de conversaciones, saludos diplomáticos y risas elegantes se mezclaba en una armonía refinada que daba vida al lugar. La música provenía de una orquesta situada en una plataforma elevada junto a una de las galerías. Más de treinta músicos interpretaban delicadas melodías utilizando violines, violonchelos, arpas, flautas y cornos imperiales. Las notas se extendían suavemente por todo el salón, creando una atmósfera solemne y majestuosa que parecía acompañar el movimiento de los invitados. No era una música destinada a llamar la atención, sino a envolver la velada con una sensación de elegancia constante, como si las propias estrellas estuvieran cantando desde el cielo.

Los sirvientes se desplazaban con una precisión impecable entre la multitud. Vestían uniformes azul oscuro-adornados con bordados dorados que imitaban pequeñas estrellas, permitiéndoles integrarse perfectamente en la temática de la celebración. Algunos transportaban bandejas de plata repletas de bocadillos cuidadosamente preparados. Pequeños canapés de salmón ahumado, tartaletas de queso y hierbas aromáticas, finas rebanadas de carne especiada y delicados postres decorados con azúcar brillante circulaban constantemente entre los invitados. Otros sirvientes ofrecían copas de cristal llenas de vino imperial, champaña espumosa, licor de frutas doradas y jugos elaborados con ingredientes traídos de distintas provincias del imperio. Cada bandeja parecía una obra de arte diseñada para impresionar tanto como alimentar. Aryanne comprendió entonces por qué la Noche de las Constelaciones era considerada uno de los eventos más importantes de todo Wisteria. No se trataba simplemente de una celebración de mayoría de edad. Era una demostración de riqueza, poder, influencia y prestigio capaz de eclipsar cualquier otro acontecimiento del año. Aquella noche, el Palacio del Sol no solo mostraba la grandeza de la familia imperial, mostraba la grandeza del propio Imperio de Wisteria ante todo el mundo como si dijeran: Nosotros somos los más grandes entre todos.

Aryanne apenas había terminado de responder a Belle cuando una figura familiar apareció entre la multitud avanzando directamente hacia ellas. No necesitó más que un vistazo para reconocerla. Winifred, como siempre, atraía las miradas de quienes la rodeaban sin siquiera intentarlo. Su piel morena poseía un brillo cálido bajo la luz dorada de los candelabros, mientras que sus ojos almendrados de color ámbar parecían reflejar las estrellas suspendidas sobre el salón. Sus facciones delicadas y elegantes le otorgaban una belleza exótica que contrastaba con los rasgos más comunes de la nobleza wisteriana. Su figura esbelta y refinada avanzaba con una gracia natural que recordaba a una bailarina entrenada desde la infancia para moverse entre la alta sociedad. Su cabello negro azulado había sido recogido en un elaborado moño alto adornado con finas cadenas de oro y pequeños cristales que imitaban estrellas. Algunos mechones cuidadosamente ondulados escapaban del recogido y enmarcaban suavemente su rostro, aportando un aire más delicado a una apariencia que de por sí ya resultaba impresionante. Entre las hebras oscuras podían verse pequeñas horquillas ornamentales con forma de constelaciones, cuyos diminutos diamantes brillaban cada vez que giraba la cabeza. Sin embargo, lo que verdaderamente capturaba la atención era su vestido.




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