La Hacedora del Sol

Capitulo 22: La Noche de la Luna

El anuncio fue seguido por el poderoso sonido de las trompetas imperiales, cuyas notas resonaron por cada rincón del salón. Las enormes puertas doradas del balcón se abrieron lentamente, revelando la figura del hombre que gobernaba el Imperio de Wisteria. Y apareció el emperador. Como si todos los presentes compartieran una misma voluntad, el salón entero realizó una profunda reverencia al mismo tiempo. Nobles, diplomáticos, enviados extranjeros, caballeros y damas inclinaron la cabeza ante el soberano, mientras una única proclamación recorrió la estancia como un eco solemne:

—Saludamos al Sol del Imperio —dijeron al unísono—. Larga vida a Su Majestad Imperial.

Las voces de cientos de personas se unieron en una única proclamación que resonó bajo los altos techos del salón, mezclándose con el eco de las trompetas imperiales y el tintinear de los enormes candelabros de cristal. Aryanne inclinó la cabeza junto al resto de los presentes, cumpliendo con la etiqueta que exigía la presencia del soberano. Sin embargo, incluso mientras realizaba la reverencia, podía sentir el peso de la figura que acababa de entrar en el salón. Era imposible ignorarlo. Marek Helionis poseía una presencia tan dominante que parecía llenar cada rincón de la estancia con solo dar un paso. Cuando el emperador entraba en una habitación, las conversaciones morían, las miradas se desviaban hacia él y toda la atención del mundo parecía gravitar inevitablemente a su alrededor, solo había otro hombre en esa sala en la cual su poder era equiparable: su padre el duque de Arvenis.

Cuando el emperador les dio permiso para levantarse, el salón entero obedeció al unísono. Aryanne alzó la mirada y, por primera vez aquella noche, pudo observar con claridad al hombre que gobernaba el Imperio de Wisteria. Marek Helionis era un hombre que había superado la cuarentena teniendo 45 años, pero el paso de los años parecía haberle otorgado una presencia aún más imponente. Su cabello blanco como la plata estaba cuidadosamente peinado hacia atrás, dejando al descubierto un rostro de rasgos fuertes y perfectamente definidos. Su mandíbula era firme, su nariz recta y elegante, y sus pómulos marcados le conferían un aire aristocrático imposible de ignorar. Sin embargo, lo que más llamaba la atención eran sus ojos dorados que brillaban con la intensidad de metal fundido bajo la luz de los candelabros, transmitiendo una mezcla inquietante de inteligencia, autoridad y una confianza absoluta en sí mismo. Era el tipo de mirada capaz de hacer sentir observada a una persona incluso en medio de una multitud. Su porte era impecable. Alto, de espalda recta y hombros anchos, se movía con la seguridad de alguien que había nacido para gobernar. Cada gesto parecía calculado para transmitir poder. Incluso inmóvil, sentado en la cúspide de las escalinatas imperiales junto a la emperatriz, daba la sensación de ser el centro alrededor del cual giraba todo el salón.

La vestimenta imperial reforzaba todavía más aquella impresión. Vestía una túnica ceremonial de un profundo azul medianoche, color reservado exclusivamente para la familia imperial, confeccionada con los tejidos más finos del imperio. Sobre ella destacaban intrincados bordados de hilo de oro que recorrían el pecho, las mangas y el cuello alto en forma de soles radiantes, estrellas y antiguos símbolos de la Casa Helionis. Debajo llevaba una casaca blanca bordada con filigranas doradas tan delicadas que parecían haber sido trazadas por artesanos divinos. Sobre sus hombros descansaba una majestuosa capa imperial ribeteada con piel blanca, sostenida por broches de oro macizo adornados con zafiros oscuros. Varias cadenas ceremoniales cruzaban su pecho, uniendo condecoraciones, insignias militares y la gran estrella imperial, símbolo de su autoridad absoluta sobre Wisteria. Gemas azules y doradas brillaban incrustadas entre los ornamentos, reflejando la luz de los candelabros como pequeños fragmentos de cielo nocturno. Aryanne comprendió entonces por qué tantos lo llamaban el Sol del Imperio. No era únicamente un título. Era una presencia. Una fuerza tan dominante que, por unos instantes, hacía parecer insignificante todo lo que existía a su alrededor.

Su majestad el emperador Marek había subido al trono hace veinte años cuando el antiguo emperador falleció a la edad de sesenta años debido a una extraña enfermedad repentina que lo mato, siendo su príncipe heredero no tardo en asumir el trono a la edad de veinticinco años. El antiguo emperador Florencius II de Helionis fue conocido con el título el emperador de las peonias, debido a su fascinación por las mujeres, llegando a tener más de veinte hijos con concubinas de diferentes origines. Debido a que existían muchos herederos ilegítimos durante su ascensión en el Dia del Eclipse, asi es conocido el día en que el emperador muere, un sol muere, para que otro sol renazca, que quiere decir que un emperador sea nombrado. Es legal practicar el fratricidio, aunque ha habido pocos casos en los cuales llegan a perdonar a sus hermanos, no es obligatorio, pero se conoce que los pocos emperador que no lo han hecho sus periodos de gobernación han sido demasiado inestables, por eso es una práctica bien vista a pesar de que puede ser considera cruel, es su derecho divino que pueden escoger libremente si ejercer o no, el emperador decidió ejercerlo asesinando a todos sus hermanos varones y a sus hermanas ilegitimas les dio matrimonios beneficiosos. Se conoce que al único hermano que dejo con vida fue a su hermano biológico, hijo de su misma madre, la difunta emperatriz viuda Luciane III de Helionis, quien se encontraba en el vientre de su madre que lo protegió de aquella matanza. Debido a que la difunta emperatriz falleció al dar a luz, el emperador en conmemoración por la muerte de su madre, dejo con vida a su único y pequeño hermano dándole el título de Archiduque Blayke Helionis desterrándolo a la región recóndita de Khaelor como su gobernante.




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