La Hacedora del Sol

Capitulo 23: Despues de las Estrellas

Después de finalizar el baile con Byron, el ambiente dentro del salón de baile pareció volverse todavía más animado. La tensión y expectativa que habían dominado la presentación del príncipe heredero desaparecieron poco a poco, dando paso a una celebración mucho más relajada. La orquesta continuó interpretando elegantes melodías mientras nuevos grupos de nobles se incorporaban a la pista. Incluso el propio emperador invitó a bailar a la emperatriz, provocando una nueva ronda de aplausos entre los asistentes. Pronto otros nobles siguieron su ejemplo y la pista volvió a llenarse de parejas que giraban bajo las luces doradas de los enormes candelabros. Byron no tardó en ser rodeado por enviados extranjeros, embajadores y diplomáticos que deseaban felicitarlo por alcanzar la mayoría de edad. Aryanne, por su parte, tampoco tuvo oportunidad de descansar, apenas abandonó la pista fue interceptada por damas nobles de distintas regiones del imperio que deseaban felicitarla por su impecable actuación durante el vals.

—Lady Arvenis, estuvo maravillosa.

—Parecía una verdadera emperatriz.

—Su sincronía con Su Alteza Imperial fue perfecta.

—Nadie podría haber representado mejor a la futura familia imperial.

Aryanne respondió cada elogio con una sonrisa educada, aunque por dentro todavía intentaba recuperarse de la intensidad de los últimos minutos. Todo había salido demasiado bien, mucho mejor de lo que había imaginado cuando Byron descendió aquellas escaleras imperiales. No pasó mucho tiempo antes de que Heather apareciera junto a ella.

—Lady Arvenis —la saludo, haciéndole una reverencia—. Varias enviadas extranjeras desean conocerte.

Aquello consiguió sorprenderla, pero no podía decir que era inesperado, apenas unos minutos después se encontró conversando con hijas de virreyes, diplomáticas, nobles extranjeras y representantes de algunas de las regiones más lejanas bajo influencia de Wisteria. Las preguntas que le hacían ya no eran las que normalmente recibiría una joven noble de su edad. Querían conocer sus opiniones, sus intereses e incluso sus perspectivas sobre ciertos asuntos políticos. Fue entonces cuando Aryanne comenzó a comprender algo, ya no era vista únicamente como la hija del duque de Arvenis, ni siquiera como la bendecida de Aelira, ante los ojos del mundo comenzaba a convertirse en una futura figura imperial. Mientras intercambiaba palabras con una joven diplomática proveniente de una colonia costera del sur, su mirada se desvió por un instante hacia la pista de baile. Y allí los vio; Nate había invitado a Belle a bailar, ella había aceptado, Aryanne observó en silencio cómo ambos se movían entre las demás parejas. Había algo extraño en ellos, algo que no lograba ignorar, Belle parecía avergonzarse cada vez que sus manos se rozaban sonrojándose en sus mejillas durante los movimientos del baile, mientras Nate intentaba aparentar una naturalidad que resultaba demasiado forzada para alguien tan seguro de sí mismo. Era sospechoso, demasiado sospechoso, aunque antes de que pudiera seguir analizando aquella escena, una de las diplomáticas volvió a dirigirle una pregunta y Aryanne se vio obligada a regresar su atención a la conversación. Fue precisamente en medio de aquella charla cuando una nueva voz se unió al grupo.

—Lady Arvenis.

Aryanne reconoció inmediatamente a la persona que acababa de acercarse, se trata de la princesa Sherline, al notar su presencia rápidamente el resto de las invitadas le hicieron una reverencia.

—¿Podría robarle unos minutos a lady Arvenis? —preguntó elegante—. Espero damas que no nos extrañen demasiado.

La petición fue recibida con sonrisas comprensivas, después de todo, nadie se atrevería a negarle algo semejante a una princesa imperial. Aryanne observó la expresión de Sherline y comprendió de inmediato que deseaba hablar de algo importante. Aryanne y Sherline caminaron juntas alrededor de la pista de baile mientras observaban a los nobles girar al ritmo de la música. A su alrededor, la celebración continuaba con la misma elegancia y opulencia que había caracterizado toda la Noche de las Constelaciones. Sin embargo, Aryanne apenas prestaba atención a ello, desde que la princesa se había acercado para pedirle hablar a solas, había notado algo extraño en ella. Sherline siempre había sido reservada, pero aquella noche su semblante era particularmente serio, no era una joven que expresara fácilmente sus emociones ni alguien que buscara compañía con frecuencia. De hecho, apenas podía decirse que tuviera amigas dentro del palacio, por eso Aryanne sabía que, si había solicitado aquella conversación, debía existir una razón importante detrás. En lugar de presionarla, decidió esperar pacientemente a que encontrara las palabras adecuadas. Finalmente, Sherline rompió el silencio, su mirada se dirigió hacia el otro extremo del salón, donde Byron seguía rodeado de diplomáticos y enviados extranjeros.

—¿Crees que así será mi ceremonia? —preguntó con curiosidad.

Aryanne siguió la dirección de su mirada antes de sonreír.

—Seguramente será incluso mejor —le aseguro—. Estoy segura de que Su Majestad la emperatriz se encargará de convertirla en algo inolvidable.

Sherline asintió lentamente

—Solo que mi destino será muy diferente al de mi hermano —murmuro melancólica—.

Aryanne giró la cabeza hacia ella, la princesa mantuvo la mirada fija en el salón mientras continuaba hablando.

—Pronto conoceré a mi prometido —le confeso, tomando a Aryanne por sorpresa—. Varios enviados han traído con su llegado innumerables propuestas de matrimonio que su majestad prometió revisarlas personalmente.




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