La Hacedora del Sol

Capitulo 24: Bajo las Estrellas

Belle observó la celebración desde uno de los extremos del salón, parcialmente oculta tras una enorme columna de mármol blanco. Desde allí tenía una vista perfecta de todo lo que ocurría sin llamar demasiado la atención. Su mirada se posó inmediatamente sobre Aryanne, quien continuaba conversando con nobles, diplomáticos y enviados extranjeros con una naturalidad que hacía parecer que había nacido para ocupar aquel lugar. A su alrededor, Belle podía escuchar los constantes elogios que los invitados dedicaban a la hija de los Arvenis. Los nobles alababan su elegancia, su porte y la impecable actuación que había demostrado durante toda la velada. Muchos comentaban que poseía todo lo necesario para convertirse en una gran emperatriz, mientras otros destacaban que era una digna heredera del prestigio de Sylas Arvenis. Escuchar aquellos comentarios hizo que una sonrisa orgullosa apareciera en sus labios porque conocía mejor que nadie el esfuerzo que Aryanne había realizado para llegar hasta allí. Nadie veía las horas de estudio, los interminables entrenamientos ni las veces que había practicado hasta el agotamiento para aprender todo aquello que una futura emperatriz debía saber. Los invitados solo contemplaban el resultado final y el resultado era espectacular.

Su mirada recorrió brevemente el salón. Los enormes candelabros brillaban sobre las cabezas de los invitados, las joyas reflejaban destellos dorados y la música de la orquesta llenaba cada rincón del Palacio del Sol. Todo parecía sacado de un cuento, a veces todavía le costaba creer que realmente estuviera allí, si hubiera permanecido en su ciudad natal jamás habría presenciado algo semejante. Nunca habría conocido aquellos lujos, nunca habría aprendido los modales que tanto trabajo le había costado dominar y jamás habría vestido aquellas prendas ni compartido mesa con nobles de todo el imperio. Su vida habría sido completamente distinta y todo se lo debía a una sola persona: Aryanne, la joven que había cambiado su vida desde el momento en que entró en ella.

—¿Y por qué la observas desde tan lejos?

Belle dio un pequeño salto del susto, giró la cabeza rápidamente, Nathaniel sonreía apoyado despreocupadamente contra la columna.

—Lord Arvenis —le saluda, haciéndole una reverencia—.

—Solo Nate cuando estamos solos.

Belle sintió cómo sus mejillas se calentaban ligeramente.

—Me ha asustado.

Nate observó en dirección a Aryanne.

—¿Por qué estás escondida aquí en lugar de acompañar a mi hermana? —preguntó curiosa—.

Belle volvió a mirar hacia el centro del salón.

—Porque ella está mucho mejor sin mí a su lado.

—Lo dudo.

—Es verdad —insistió ella—. Solo terminaría estorbándole.

Nate soltó una pequeña risa.

—Aryanne nunca he pensado eso —la tranquilizo—. Y dudo bastante que alguien lo piense así, solamente eres tú.

Belle bajó ligeramente la mirada.

—Prefiero cuidarla desde lejos —murmuro apenada—.

Durante unos segundos permanecieron en silencio, entonces Nate extendió una mano hacia ella.

—Baila conmigo —la invito—. Lady Pavielle deme el honor de bailar la siguiente pieza.

Belle abrió los ojos de inmediato.

—¿Qué? —murmuro incrédula—.

—Ha escuchado perfectamente.

—Oh no puedo, mi lord —se negó—. Solamente haré el ridículo.

—Te he visto durante las lecciones de Goldie.

Aquello consiguió sorprenderla.

—¿Me has visto? —preguntó sorprendida—.

—Varias veces —le confeso—. Debo de confesar que es tierno cuando se tropieza.

Belle sintió unas ganas inmensas de desaparecer.

—Entonces usted más que nadie debería de saber que es una mala idea invitarme a bailar —le insistió—.

—Lo que vi fue a alguien que baila tan bien como Aryanne.

—Eso no es cierto —replico evidente—. No intente consolarme.

—No lo hago —le aclaro—. Solo menciono lo que he visto.

Belle negó con fuerza.

—Solo conseguiré quedar en ridículo —dijo evidente—. Y provocaré que usted también termine haciéndolo.

—Eso tampoco ocurrirá —le aseguro—.

Belle cruzó los brazos.

—Definitivamente ocurrirá —le afirmo—.

Nathaniel sonrió.

—Deberías tener un poco más de confianza en ti misma —la animo—.

—Y usted debería tener un poco menos —le aclaro—.

Antes de que pudiera seguir protestando, Nate tomó suavemente su muñeca, la estaba arrastrando directamente hacia la pista de baile. Belle sintió que el corazón se le detenía al observar la enorme cantidad de personas reunidas en el salón, decenas, no, cientos de invitados ocupaban cada rincón del Palacio del Sol y, en aquel momento, sentía que todos podían verla. Cuando finalmente llegaron al borde de la pista, Nate se detuvo, se giró hacia ella y le tendió la mano con absoluta naturalidad. Belle sintió unas terribles ganas de desaparecer, podía percibir demasiadas miradas sobre ellos, negarse ahora sería mucho más vergonzoso que aceptar. Dudó durante unos segundos, pero finalmente soltó un pequeño suspiro derrotado y depositó su mano sobre la de él, aceptando el baile sintiendo como sus mejillas se sonrojaban al sentir su tacto.




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