La Hacedora del Sol

Capitulo 28: La Ciudad de las Mil Flores

Los enormes portones de madera comenzaron a abrirse lentamente al paso del carruaje de la Casa Arvenis. Apenas atravesaron la muralla, Aryanne comprendió por qué Parvelles era considerada una de las ciudades más hermosas de todo Wisteria. Hasta donde alcanzaba la vista, inmensos campos de flores cubrían el paisaje como si alguien hubiera derramado un arcoíris sobre la tierra. Filas perfectamente alineadas de tulipanes, jacintos, lirios, lavandas y decenas de especies más se extendían alrededor de la ciudad formando interminables mosaicos de colores. Entre ellos se alzaban gigantescos molinos de viento cuyas aspas giraban lentamente bajo la brisa otoñal, visibles incluso desde varios kilómetros de distancia. El aire era completamente distinto al de Solvaris, olía a flores frescas, a tierra húmeda, a lavanda, a jazmín y a rosas. Cada respiración parecía impregnarse del perfume natural de toda la región, ahora comprendía perfectamente por qué Parvelles era conocida como la Ciudad de las Mil Flores. No solo era una de las urbes más bellas del Imperio, sino también la principal productora de flores, perfumes, aceites aromáticos y esencias utilizadas por perfumistas, alquimistas y sanadores de toda Wisteria. Su cercanía con Eryndor la convertía además en una de las puertas comerciales más importantes entre el centro y el sur del imperio. Aryanne sacó del interior del carruaje el mapa de Parvelles que había encargado antes del viaje. Lo desplegó cuidadosamente sobre la pequeña mesa mientras Belle se inclinaba inmediatamente sobre él.

—¡Estamos aquí! —dijo señalando una de las entradas de la ciudad.

Aryanne observó el plano con curiosidad.

—Pensé que era una ciudad pequeña —confeso sorprendida—.

—Lo es... comparada con Solvaris —admitió Belle, sonrió orgullosa—. Pero está muy bien organizada —su dedo comenzó a recorrer el mapa—. Parvelles se divide en seis distritos —señaló el centro de la ciudad—. Este es el Distrito Central, es el corazón administrativo y comercial, allí están el Ayuntamiento, la Plaza Mayor, el Templo de Aelira y el Gran Mercado Floral, donde llegan comerciantes de prácticamente todo el Imperio para comprar nuestras flores.

La mayoría de todas las ciudades del imperio se dividen en varios distritos para dividir de manera más organizada a la ciudad, y dependiendo de esta era en cuantos distritos se podían dividir, así que Aryanne no se sorprendió como era Parvelles. Luego movió el dedo hacia una extensa red azul.

—Este es el Distrito de los Canales, el más famoso de toda la ciudad —prosiguió—. Fue por aquí por donde acabamos de entrar. ¿Vio todos esos puentes?

Aryanne asintió.

—Creí que Parvelles tenía salida al mar —comentó sorprendida—.

Belle negó divertida.

—No —le aclaro—. Todo eso es artificial.

Aryanne levantó una ceja.

—¿Artificial?

—Hace muchos años desviaron parte del río Beller para construir el Gran Canal Belloria —le explico, su dedo siguió la enorme línea azul que rodeaba la ciudad—. Los campos de flores necesitan muchísima agua durante todo el año, así que nuestros ingenieros construyeron uno de los sistemas de riego más sofisticados de todo el Imperio. El Gran Canal Belloria distribuye el agua del río Beller por toda Parvelles mediante canales secundarios, esclusas y pequeños puentes, gracias a él nunca falta agua para los cultivos.

Aryanne observó el plano con mayor atención, ahora comprendía por qué la ciudad parecía estar rodeada completamente por agua. Belle volvió a señalar el mapa.

—Todo esto es el Distrito Floral —le señalo, una enorme franja verde rodeaba prácticamente toda la ciudad—. Aquí están los grandes campos de flores, los huertos de frutas, los cultivos de verduras, los jardines botánicos y los invernaderos imperiales. Los puentes comunican directamente con la entrada principal para facilitar el transporte de las cosechas —luego desplazó el dedo hacia el oeste—. Este es el Distrito Artesanal, allí están las perfumerías, los talleres textiles, las destilerías de aceites esenciales y los artesanos que trabajan con flores secas.

Después señaló la parte más elevada del plano, una colina dominaba toda la ciudad.

—Sobre la Colina de Lisse se encuentra el Distrito Noble —continuo—. Allí vivimos nosotros junto con las demás familias adineradas de Parvelles, desde arriba puede verse prácticamente toda la ciudad —finalmente indicó el extremo opuesto—. Y aquí está el Distrito Rural.

Aryanne observó las pequeñas calles dibujadas alrededor de los cultivos.

—¿Allí viven los agricultores?

—Por supuesto —respondió sonriente—. Ahí me la pasaba la mayor parte de mi tiempo.

Por primera vez desde que llegaron, Aryanne dejó de observar el mapa para mirar nuevamente por la ventanilla. Ahora comprendía que Parvelles no era simplemente una ciudad llena de flores, era una ciudad construida alrededor de ellas. Aryanne continuó contemplando la ciudad a través de la ventanilla, cuanto más avanzaban, más se sorprendía. Siempre había tenido una idea completamente equivocada de Parvelles, imaginó que encontraría poco más que interminables campos verdes, demasiadas flores y humildes casas de paja habitadas por campesinos. Sin embargo, aquel prejuicio comenzó a desmoronarse desde el instante en que cruzó las murallas. La ciudad estaba mucho más desarrollada de lo que jamás hubiera imaginado. Al atravesar el Distrito Artesanal observó calles perfectamente adoquinadas, perfumerías elegantemente decoradas, talleres textiles con grandes escaparates y pequeños cafés donde la gente conversaba tranquilamente. Las jóvenes de familias acomodadas vestían siguiendo las últimas tendencias de la moda imperial, mientras los caballeros caminaban con la misma elegancia y educación que cualquiera de Solvaris. Nadie parecía el rudo campesino que ella había esperado encontrar.




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