La Hacedora del Sol

Capitulo 34: Entre dos soles

En ese momento, Belle apareció por uno de los senderos del jardín.

—¿Nosotras también deberíamos empezar con nuestros preparativos? —preguntó con curiosidad.

Aryanne asintió sin apartar la vista de la dirección por donde Byron acababa de marcharse.

—Por supuesto —le confirmo.

Después volvió su atención hacia su amiga.

—¿Dónde se encuentra mi padre? —preguntó interesada.

—En su estudio, como todas las mañanas —respondió extrañada.

Aryanne dejó la taza de té sobre el platillo.

—Entonces iré a darle mis saludos matutinos —le anunció.

Belle parpadeó confundida.

—¿Saludos matutinos? —preguntó incrédula—. Hace cinco años que no haces eso.

Aryanne no respondió. Se incorporó con la elegancia que la caracterizaba y alisó con ambas manos las suaves arrugas que se habían formado sobre su vestido. A diferencia de los pomposos atuendos de ceremonia que acostumbraba a vestir en las grandes recepciones, aquella mañana llevaba un vestido pensado para la comodidad. El corpiño, confeccionado en un satén blanco de delicado brillo, se ajustaba perfectamente a su cintura, resaltando su esbelta figura. El escote, de líneas rectas y discretas, dejaba al descubierto la base del cuello y las clavículas con refinada sencillez, mientras las mangas cortas, abullonadas y rematadas con pequeños pliegues en los puños, aportaban un aire juvenil a su porte. Desde la cintura nacía una amplia falda de un suave tono azul celeste confeccionada en un pesado brocado de seda. Sobre toda la tela se extendía un intrincado patrón floral tejido en hilos de un azul más profundo, donde enredaderas, hojas y delicadas flores parecían crecer de manera natural a lo largo de la falda. Bajo el amplio vuelo apenas se asomaban unos discretos zapatos blancos de tacón bajo, apropiados para recorrer con comodidad los extensos jardines de la mansión. Sin decir una sola palabra más, comenzó a caminar por los largos corredores de la residencia. Belle permaneció inmóvil unos segundos observándola alejarse.

—Definitivamente... algo quiere conseguir —concluyo para sí misma.

Como de costumbre, Sylas Arvenis se encontraba trabajando en su estudio. La habitación permanecía inundada por la luz de la mañana que entraba a través de los altos ventanales, iluminando los innumerables documentos, mapas y cartas diplomáticas que cubrían su amplio escritorio de nogal. Tres suaves golpes resonaron sobre la puerta.

—Adelante.

La puerta se abrió lentamente, Aryanne entró con paso sereno y realizó una impecable reverencia.

—Muy buenos días, padre.

Sylas levantó la vista de los documentos. Durante un instante permaneció completamente inmóvil, luego una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Vaya... qué sorpresa —anunció asombrado—. Buenos días, querida Aryanne.

—Espero no interrumpir su trabajo —expresó con cortesía.

Sylas dejó la pluma sobre el escritorio.

—¿Qué ocurre? —preguntó interesado.

Aryanne fue directamente al punto.

—¿Cómo se encuentra la corte con el regreso del segundo príncipe? —pregunto preocupada.

—A veces desearía que te comportaras como el resto de las jóvenes nobles —respondió Sylas cansado, soltando un largo suspiro.

Aryanne inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Y preocuparme únicamente por vestidos y bailes? —ironizo.

—Sería mucho más sencillo para mí —admitió resignado.

Una leve sonrisa cruzó el rostro de Aryanne.

—Lamento decepcionarlo —dijo con fingida inocencia.

La sonrisa desapareció casi de inmediato.

—La posición del segundo príncipe se está fortaleciendo demasiado rápido, he escuchado las conversaciones del pueblo durante estos días —evidenció angustiada—. El norte prácticamente lo idolatra, me preocupa que esa opinión termine extendiéndose al resto del Imperio.

Sylas asintió lentamente.

—Seguramente esa misma es la preocupación de Su Majestad —murmuro interesado, se levantó de su asiento y caminó lentamente hasta uno de los ventanales—. El emperador creyó que enviarlo al norte lo mantendría lejos del centro del poder. Lo alejó de la corte... pero jamás imaginó que allí construiría una base política todavía más sólida.

Guardó silencio unos segundos.

—Ahora cuenta con el respaldo de los nobles septentrionales especialmente del duque de Freyre —señalo pensativo—. Y no me sorprendería que ya estuvieran considerando consolidar esa alianza mediante un matrimonio.

Aryanne comprendió inmediatamente la gravedad de aquellas palabras.

—Si consiguen unir ambas casas...

—El segundo príncipe obtendrá estabilidad, legitimidad y un respaldo militar considerable —confirmo Sylas—. La lucha por el trono apenas comenzaría, con un apoyo fuerte como ese, sería posible empezar a soñar con la corona.

Aryanne permaneció pensativa apenas unos segundos antes de hablar nuevamente.




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