La herencia de la hija del billonario

Capítuo VIII

En medio del mal momento que atraviesa Victoria, se siente un poco consolada al saber que Miguel Ángel vendrá mañana.

Al terminar de firmar varios cheques, el doctor Néstor, y su hija salen de la oficina para tomar un café a dos manzanas de la empresa.

Padre e hija están felices, solo falta que doña Guadalupe llegue a Ciudad de México para completar esta felicidad.

En la cafetería, el doctor Néstor contempla el rostro de su amada hija. Su mirada está llena de amor y dulzura.

—Mi amor, eres tan hermosa como tu madre; tus ojos y sonrisa me recuerdan las primeras veces que salí con ella para invitarla a tomar un café.

— ¿En serio, papá? —Le pregunta ella.

—Así es, tal y como ahora lo estamos haciendo, Guadalupe y yo pasábamos largas horas conversando sobre los dos y nuestros futuros planes. Néstor se llena de nostalgia al recordar a su amada Guadalupe.

—Eres tan tierno, papá. Espero conocer a un hombre como tú cuando me case. Sara le sonríe.

—Yo sé que sí, mi amor. Espero que tu futuro esposo sea digno de mi confianza y mi aprecio.

—Papá, sigue hablando de ti y de mamá. Ella insiste.

—Luego de salir del café, dejaba a tu madre en casa de sus padres. No me atrevía a saludarlos, ya que su padre era muy estricto. —Él suspira, expresando lamentación en su semblante.

—Yo conocí a mi abuelo cuando era pequeña; de las pocas veces que vino a visitarnos, fue muy amable y cariñoso conmigo. Tengo buenos recuerdos de mi niñez con él. —Le comenta Sara.

—Sigue manteniendo esos buenos recuerdos de tu abuelo. Si cometió un error por sus creencias religiosas, no importa, todos cometemos errores en nuestras vidas. —Él le responde.

—Bueno, papá, después de esta agradable conversación es hora de ir a casa, tengo sueño.

Al llegar a la mansión, Sara entra por la puerta principal mientras su padre charla un rato con uno de sus guardias de seguridad. Para sorpresa de Sara, su prima Victoria se le cruza en el camino y le da un fuerte empujón.

—Prima, ¿qué te pasa? ¿Por qué me has empujado? —Le pregunta Sara sorprendida al ser empujada por Victoria.

— ¡Recogida!, antes de que venga mi tío quiero aclararte una cosa. —El rostro de Victoria muestra indignación y rabia.

— ¿Qué cosa? —El semblante de Sara se torna serio y molesto.

—Sé cuáles son tus intenciones, ¡maldita recogida! Quieres quedarte con toda la fortuna de mi tío y largarte a España con tu amargada madre. —Le clava una mirada llena de rabia al decir estas hirientes palabras.

—No es lo que tú piensas, yo de verdad amo a mi padre y no te atrevas a mencionar a mi madre o te arrepentirás. Sara levanta ambas manos para darte un par de bofetadas.

—Piensas que te tengo miedo. —Dame un solo golpe y verás lo que te pasa. —Le responde enérgicamente y con firmeza.

Por suerte, el doctor Néstor se acercó a ellas sin percatarse de lo que estaba sucediendo y las llevó de los brazos.

Aquella noche ninguna de las dos pudo descansar en paz en su habitación. Ambas albergaban pensamientos poco saludables hacia la otra.

A la mañana siguiente, Sara y Victoria no desayunan juntas como de costumbre con el doctor Néstor.

Al notar su ausencia, él se sorprende y le pregunta a una de las empleadas, pero no recibe respuesta alguna.

Al seguir confundido por el extraño comportamiento de su hija y sobrina, se dirige a sus respectivos dormitorios, pero no las encuentra a ninguna de las dos.

«Seguramente mis niñas madrugaron para ir a la empresa; me preocupo por cosas sin sentido». Piensa el doctor Néstor.

Sara va al gimnasio antes de ir al trabajo, quiere despejar la mente haciendo ejercicio. Ella tiene la certeza de que su prima le va a amargar la vida porque piensa que le va a quitar toda su herencia.

Pero no tiene ni idea de que a Sara lo único que le preocupa es el bienestar de su padre, que padece cáncer de colon en estado crónico.

Mientras tanto, en la empresa petrolera, Victoria espera con ansias la llegada de Miguel Ángel. Ella está sentada con un cigarrillo en la boca, revisando al nuevo personal que reemplazará a los anteriores, a quienes despidió sin razón alguna.

Miguel llega con algo de retraso en uno de sus imponentes coches; esta vez conduce un Chevrolet Camaro negro del año.

Vestido con un traje negro y con un maletín en la mano, entra por la puerta principal y atrae la mirada de varias chicas. La recepcionista le da la bienvenida con una coqueta sonrisa, y ella ni siquiera puede disimular sus más profundos deseos mordiéndose lentamente los labios.

No cabe duda de que Miguel Ángel ha venido a esta empresa a conquistar. Al subir por el ascensor se cruza por accidente con Diego Brindissi, que se saludan respetuosamente sin saber que pronto van a entrar en disputa por el amor de Sara.

Finalmente llega a la oficina de Victoria con aires de grandeza y actitud arrogante; entra con total confianza, ya que la vez anterior estuvo a punto de tener intimidad con ella encima del escritorio.




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