La herencia de la hija del billonario

Capítulo XI

— ¿Qué te parece este sitio? —Pregunta le Victoria.

—Es agradable, seductor y juvenil. —Miguel le responde mientras observa el lugar.

—Mira la estatua de mármol de la diosa Venus mostrando sus pechos a su amado Adonis. Me identifico con ella —Dice ella, tocándose sus firmes pechos con un movimiento cautivador.

—En verdad, eres una mujer ardiente. Ninguna mujer me ha despertado deseos tan profundos como tú. —Él le responde, puesta la mirada en los encantadores pechos de Victoria.

—Pidamos una botella de whisky para amenizar la noche. Ella le dice.

—Lo que tú quieras, mi futura amante. Miguel se acerca a ella para besarla.

Mientras se dan varios besos, el camarero les sirve una botella de whisky y unos aperitivos suculentos. La noche sigue su curso, ellos lo están pasando muy bien. Se ríen, coquetean, brindan una y otra vez y se tocan sus partes íntimas.

Pequeños gemidos salen de los sensuales labios de Victoria, pero en ese momento ella le invita a la pista de baile para bailar muy pegados. Victoria no deja de besar a Miguel Ángel, él en cambio comienza a besarle el cuello, las orejas y cerca de los pechos.

Después de bailar, regresan a la mesa para tomar las últimas copas de whisky, ya que los dos están mareados.

—Salgamos de aquí. —Le susurra Victoria.

—Vamos donde tú quieras. —Él le responde.

—Al hotel, mi adonis, al hotel. Ella le sigue susurrando al oído.

—De acuerdo, mi bella diosa Venus. —Le dice.

Miguel Ángel está al volante, Victoria se agacha para sacarle el pantalón y empieza a estimularlo con sus delicadas manos. Ella lo lame por completo y él disfruta de aquel momento al sentir una sensación muy placentera.

— ¿Te gusta cómo lo hago, mi amor? —Victoria se lame seductoramente los labios.

—Me vuelven loco tus lamidos. —Migue está tan excitado que apenas puede articular unas pocas palabras.

—Esto solo es el comienzo de lo que soy capaz de hacer. Ella sigue lamiendo la zona íntima de Miguel.

Sin poder aguantar más, él termina en su cara expulsando el líquido vital. Victoria lo observa todo con una mirada llena de lujuria.

Tras disfrutar de esos momentos de placer en el coche, llegan al hotel. Ambos se dirigen a la suite, todo es lujoso, tal y como le gusta a Victoria y, por qué no, también a Miguel.

Ni bien acaban de entrar, él la tira a la cama y empieza a desnudarla. Poco a poco le saca el vestido, luego el ajustado sujetador; en cambio, ella le saca la corbata y luego la camisa.

Están semidesnudos: Miguel mira con deseo los enormes y firmes pechos de Victoria, y ella le pide que le pase la lengua por sus pezones. Sus gemidos se van intensificando hasta que finalmente se desnuda.

Él hace lo mismo, dejando al descubierto su enorme miembro. Victoria está encantada al ver su escultural figura, pero especialmente la parte íntima de Miguel, tan agraciada.

Lentamente, él la abraza y comienza a moverse encima de ella; varios gemidos salen de la boca de Victoria. Varios minutos pasan degustando el inmenso placer del sexo hasta que llegan al éxtasis: un gemido alto de ella da a entender que ha llegado al orgasmo, y lo mismo sucede con Miguel.

No hace falta describir lo que pasó toda la noche: pero se puede decir que se devoraron vivos hasta el amanecer.

Afortunadamente para los dos es sábado y ninguno va al trabajo.




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