La hija de la Madre Luna

Capítulo 34

Nuestro reencuentro superó todas mis expectativas. Stefan encendió la chimenea, pidió que nos llevaran la cena a la habitación, tendió una sábana sobre la alfombra, y ahí, a la luz del fuego, fuimos uno. Si bien es cierto que seguía siendo el mismo apasionado de siempre, había detalles que hicieron que disfrutara más nuestra intimidad sexual. Stefan aprendió a darle a cada situación su debido tiempo, así que no destrozó mi ropa, como algunas veces anteriores. Utilizó el tiempo para desnudarme como un juego previo que junto a los susurros provocadores al oído hicieron que estuviera lista para él.

En medio de la madrugada desperté, y ahí estaba, en su forma de lobo, echado a mi lado, contemplándome. Cuando abrí los ojos, comenzó a mover la cola, y eso me hizo reír. Acerqué mi mano para acariciarlo, bajó la cabeza y rasqué detrás de su oreja. Su hocico estaba cerca de mi rostro y aprovechó a lamerme. El fuego estaba agonizando y empezaba a sentir el frío clima de la sierra limeña. Stefan volvió a su forma humana para abrazarme y frenar el temblor de mi cuerpo. Con la tenue luz nos miramos fijamente. Sentía cómo de su corazón brotaba amor.

  • ¿Por qué te transformaste en lobo? Nunca lo habías hecho antes.
  • Antes no confiaba en controlar a mi lobo estando contigo, más si estábamos solos, intimando. Sucede que en la forma de lobo las emociones se intensifican. Eso es un beneficio en la batalla, pero en la intimidad sexual puede tornarse algo rudo, y, como eres humana, temía dañarte. Cuando me adelanté a tu llegada, quise ponerme a prueba, y pude estar cerca de ti controlando mis emociones. Ahora sé que puedo estar contigo en cualquiera de mis formas sin correr riesgo alguno -besó mis labios y pegó su frente a la mía-. Mañana te llevaré a recorrer la hacienda montada en mi lomo.

(…)

El amanecer serrano llegó con un intenso sol. El cielo despejado ofrecía un bello tono celeste que a lo lejos se mezclaba con el verde de los bosques. Salí al balcón y la vista era magnífica. Corría un aire frío, pero bajo los rayos del sol se podía andar sin abrigo. Con Stefan tomamos el desayuno en el balcón, ya que Sara llegó con las viandas antes de que saliéramos al comedor.

  • Piensen que están en su viaje de bodas, así que disfruten de un desayuno solo para dos –sugería Sara brindándome una sonrisa cuando le abrí la puerta de la habitación.
  • Gracias, Sara, lindo detalle -dije y le ayudé a poner la mesa.
  • ¿Van a ir a algún lugar más tarde?
  • Stefan quiere mostrarme la hacienda.
  • Podrían almorzar cerca al río o en la cascada. ¿Te gustaría que preparemos una canasta para un picnic? Así no tendrían que interrumpir su paseo regresando a la hacienda para almorzar.
  • Buena idea, Sara. Gracias por la recomendación y por ofrecer preparar la canasta.
  • ¿Quieres algún platillo en especial?
  • Pues, para Stefan carnes, papas y chucrut, le encantan. Para mí ensalada de verduras y frutas.
  • ¿No comes carne?
  • Sí, pero no muero por ellas. Además, creo que me va a llevar a los establos y corrales, así que no podré comer ningún tipo de carne después de ver a los animalitos que están ahí.
  • Si no fueras humana, creería que eres una bruja -sonrió dulcemente.
  • ¿Los brujos son vegetarianos, o algo así? -pregunté curiosa.
  • No necesariamente, pero mientras no consuman seres vivos son más poderosos y no corren riesgos de ser poseídos por los espíritus que invocan para los conjuros -mis ojos estaban abiertos de par en par, y entendió que todo lo dicho era nuevo para mí, así que empezó a explicar.

»Para los hechizos y conjuros, los brujos hacen uso de todo lo que existe en esta dimensión y en otras, por ello pueden invocar espíritus para lograr sus objetivos. A veces los espíritus son tranquilos, amables, como los de la naturaleza, pero en otras ocasiones se necesitan espíritus más fuertes, y esos suelen ser demonios. Un brujo puede dominar y someter a un demonio, pero a veces pueden caer en sus engaños y ser arrastrados hacia el mal. Para que eso no suceda, los brujos deben tener un poder muy elevado, siendo necesario que respeten todo tipo de vida, de ahí que no consuman animales».

  • Por ello Ravi no come carne -pensé en voz alta.
  • Sí, todos los brujos nos inclinamos a ello -levanté las cejas al escucharla-. Bueno, soy un híbrido. Mi padre licántropo y mi madre bruja. Heredé la estirpe de mi madre, pero también un rasgo de la de mi padre, pero evolucionado. Puedo comunicarme mentalmente, o sea, soy telépata, pero también puedo crear alucinaciones y producir introspección a partir de recuerdos. Puedo hacer que sientan la emoción que yo quiera o que revivan emociones pasadas.
  • Y por ello Sara es una de las entrenadoras de la manada -dijo Stefan llegando a mi lado-. Dime, Sara, ¿has podido entrar a la mente de mi Luna?
  • Si bien es cierto que mi poder afecta a todas las especies en cualquiera de sus formas, y eso incluye a los humanos, contigo, hija de la Madre Luna, no puedo conectarme -miré a Stefan, quien la escuchaba muy atento-. Durante la noche estuve investigando, y he llegado a la conclusión de que la Madre Luna ha bloqueado toda intromisión a tu mente, alma, espíritu, energía y cuerpo.
    • O sea, ¿solo con violencia física le podrían hacer daño? -preguntó Stefan atrayéndome hacia él para rodearme con sus brazos.
  • Sí. Un brujo, hada, elfo, mago oscuro o demonio no podrían dañarla por medio de la magia.




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