La hija de la Madre Luna

Capítulo 39

Cuando desperté después de la cirugía, Solís estaba a mi lado en la habitación de la clínica. Al no ver a Stefan me llené de miedo, ya que vagamente recordaba haber escuchado su voz cuando una mujer me ayudó a levantarme esa noche que no debí caminar sola por la ciudad. Ella notó mi angustia y me tranquilizó al contarme lo que Ravi y Sara hicieron para cubrir el ataque como un accidente automovilístico, logrando que me trasladen a una clínica. Stefan dormía en la habitación de al lado. Ravi había recitado un hechizo para que descanse y se recupere por completo de los efectos de las heridas que tuvieron que hacerle con una navaja de plata.

  • Además, son las 4 am, ya es muy tarde para que te visiten –la voz llena de ternura de Solís me hizo entender que había estado muy preocupada por mí porque mi situación era grave.
  • Lo siento mucho, Solís. No debí ir a caminar sola. Desobedecí y mira lo que pasó -le dije con lágrimas en los ojos. Ella acariciaba mis cabellos con ternura, como cuando era una niña.
  • No hables, Amelia. Descansa, recupera tus fuerzas. Todos estamos aquí por ti. No te preocupes por nada, Paul va a solucionar todo lo del accidente. Más tarde Stefan vendrá a verte –eso me alegró, pero al intentar acomodarme, sentí un fuerte dolor.
  • Solís, ¿sabes por qué me duele el vientre? ¿Acaso Laura Barone me golpeó ahí también? -ella no quería decirme la verdad aún.
  • Por la fuerte caída, cuando esa zorra te golpeó, una piedra se incrustó en tu vientre. Tuvieron que operarte ahí para removerla. Ahora quiero que duermas para que sanes pronto. La boda está muy cerca, así que debes reponerte rápido.

Después de dormir bajo la atenta mirada de Solís, desperté y me topé con esos ojos azules que tanto quería ver. Stefan sujetaba mi mano y la llenaba de besos, ya que no podía besar mis labios al tener la cara hinchada por la cirugía de tabique nasal y la completa extracción de los molares rotos. Empecé a llorar porque me sentía muy mal, todo lo que pasó era culpa mía, ya que no debí ir a caminar sin escolta. Acariciaba mi cabello, y me decía que no me sintiera culpable, que solo fue un error.

Recordé el dolor en el vientre cuando intenté cambiar de posición en la cama. Le pregunté qué tan grande era la piedra que se incrustó en mi cuerpo por la caída, ya que parecía que hubieran cortado mis entrañas. Ahí me dijo lo más triste que pude escuchar en mi vida.

  • Amor, no hubo ninguna piedra. El golpe, más tu condición, hicieron que tu útero se desgarrara y sangraras mucho.
  • ¿Mi condición? -Stefan no me miraba a los ojos y se dedicaba a acariciar y besar mi mano-. ¿De qué condición hablas?
  • Mi Luna Amelia -la voz se le quebró, sus ojos se nublaron por las lágrimas y sentía que sufría, había tristeza y culpa-, estabas embarazada. Perdimos a nuestro bebé.

Al escuchar esas cuatro últimas palabras, sentí como si un gran peso cayera sobre mí. El pecho me apretaba. La pena hizo que quisiera quejarme, pero por más que abría la boca, no salía sonido alguno. En eso las lágrimas comenzaron a caer y sentí que me ahogaba. El dolor en mi vientre se intensificó, y fue ahí cuando puede soltar un fuerte grito, un «POR QUÉ». Stefan me pedía perdón, sentí su dolor y eso me ahogaba más. Comencé a hiperventilar, mi pulso se aceleró y mi presión arterial aumentó. El médico de turno y una enfermera llegaron alertados por la alarma que lanzó a la Estación de Enfermería la máquina a la que estaba conectada. Suministraron un calmante al concluir que mi reacción era por un shock nervioso. Mientras perdía la consciencia, escuché la voz de Stefan diciéndome que no dude de su amor, que sanaríamos juntos.

(…)

Cinco días después de recibir la noticia de la pérdida de nuestro bebé, el médico firmó el alta. Aunque Stefan no dejó la clínica en esos días, yo no quise verlo ni tenerlo cerca. Me sentía culpable y no podía verlo a la cara, además que su tristeza me agobiaba, me recordaba que fue mi imprudencia la causante de que perdiera a mi hijo. Durante los días hospitalizada, me repetía constantemente, para castigarme, que no supe proteger a mi bebé; que no seguí su pedido de estar siempre acompañada, aunque sea por un guerrero de la manada; que no me fijé en la cuenta del calendario, y todos esos errores hicieron que una parte de mí muriera cuando recibí la noticia de sus labios.

Solís estuvo conmigo en todo momento durante mi estancia en la clínica. Ella me dio el soporte que necesitaba para mejorar físicamente y paso a paso dejar atrás la profunda tristeza que sentía, aunque la pena de Stefan aún la percibía y me dañaba. Al llegar a la mansión, ella me dijo algo que no me lo esperaba, ya que en un inicio me demostró estar molesta con Stefan por no haberme cuidado lo suficiente para evitar que quedara embarazada cuando iniciamos nuestra vida de pareja. Ella abogó por Stefan, y me hizo ver lo equivocada que estaba al alejarlo de mí por la culpa que sentía.

  • Amelia, ni tú ni Stefan son los culpables de que su bebé no siga con nosotros. Entiendo que te mortifica el no haberte dado cuenta de que estabas embarazada, pero no eres la primera mujer a la que le sucede. Yo misma pasé por eso. Tenía diez semanas de gestación cuando caí en la cuenta de que estaba embarazada de Elías, y eso que él es mi segundo hijo. Debes aceptar la voluntad de Dios. Sabes muy bien que todo pasa por algo, y que Él no se equivoca.

»Por favor, no alejes a Stefan de tu lado. Estos días estuvo parado afuera de la habitación de la clínica esperando que lo llamaras para verte, para abrazarte, consolarte, y que tú hicieras lo mismo con él porque no solo tú has perdido un hijo, también él lo perdió. No te imaginas todo lo que ha llorado. Una noche Paul logró llevarlo a tomar algo a la cafetería y pudo sacarle a Stefan su sentir, y él se culpa por todo lo que pasó. Está viviendo un infierno que a él le daña más que a ti porque según su naturaleza, no existe el aferrarse a una emoción, y si lo hace es porque lo percibe de ti. Ese licántropo cada día es más humano solo porque su amor lo lleva a mezclarse con tus sentimientos y emociones, aunque estos le hagan mucho daño.




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