La hija de la Madre Luna

Capítulo 41

Saber qué era la guerrera que me rescató del ataque de Laura me dio un poco de miedo, pero si no terminé siendo su cena cuando estaba desmayada y sangrando es porque ella aprendió a dominar su apego a la sangre humana. Catalin había cruzado medio planeta para llegar a Lima justo a tiempo para salvarme. Quería saber qué la motivó a hacer ese viaje, el cual no fue en un vuelo en primera clase.

Como debía moverme lo menos posible, Stefan prefirió que Catalin sea trasladada a nuestra habitación. Él me acompañaría, ya que desconfiaba del control de la vampira. Cuando ella cruzó la puerta de nuestra alcoba, me impactó ver que una gruesa cadena rodeaba su cuello, aseguraba sus brazos y limitaba su paso. Para mayor seguridad habían colocado una máscara de hierro que solo dejaba descubierto sus ojos. Aunque el rojo de su mirada podía producir terror, solo encontré tristeza.

Catalin era una de las mejores guerreras que ha existido entre los vampiros. Desde que se unió a Thomas Häus, ella entrenaba a la manada en defensa personal y para la guerra. Más de una vez aconsejó a los Alfas Karl, Hugo y Maximiliam para repeler y contraatacar con éxito los ataques de los vampiros, su especie, pero ahora era tratada como un monstruo. Cuando se sentó en una de las poltronas, su lenguaje corporal no reflejaba lo valiente, orgullosa y fuerte que era. Tenía una imagen derrotada y dolida. Algo en mi interior se identificó con ella, y no podía dejar que la sigan tratando así.

  • Quítale esa máscara y suelta la cadena -Stefan iba a negarse, pero lo interrumpí al proseguir-. Si ella hubiera querido matarme, lo hubiera hecho cuando estaba inconsciente y sola.

Entendió mi punto. Se acercó a ella, pero antes de liberarla le dijo usando su voz de alfa que, si pretendía hacer algo en mi contra, la mataría sin tener contemplación por Thomas. Ya sin sus ataduras se arrodilló ante mí sin acercárseme, sabía que Stefan no lo iba a permitir. Quería agradecerme por liberarla de ese yugo encantado que drenaba su energía.

  • No tienes nada que agradecer, Catalin. Has sido la instructora de tres Alfas, tres séquitos y miles de guerreros de la Manada Höller, nosotros deberíamos agradecerte por tan buen trabajo -levantó su mirada y noté que quería llorar, aunque no había señales de lágrimas.
  • Gracias, Luna Amelia. Sus palabras me reconfortan y son un tesoro para mí -le pedí que tome asiento, no quería ver a mi salvadora arrodillada como si pidiera clemencia.
  • Por favor, Catalin, solo Amelia. Creo que llegaremos a ser buenas amigas, por lo que podemos comenzar tuteándonos y llamándonos solo por nuestros nombres -sonrió tímidamente, ya que Stefan tenía una mirada de pocos amigos que contrastaba con mi discurso.  -Quisiera que me comentes por qué tomaste la decisión de venir a Lima.
  • Porque la Madre Luna me confió una misión -Stefan y yo nos miramos. Él estaba sentado a mi lado-. El último lunes hacía con Thomas nuestro tradicional recorrido nocturno; nos gusta ver la luna reflejada en el lago cerca a la propiedad en donde se resguardan las piedras de luna. Miraba la luna, y por unos segundos quedé atrapada en su belleza. Cuando miro a mi alrededor, me di cuenta que estaba en otro lugar, lejos de Thomas. Empezaba a desesperarme cuando la voz de la Madre Luna me habló. Me dijo que su hija estaba en peligro y que era la única que podía salvarla. Indicó que debía partir hacia Lima lo más pronto posible, ya que debía llegar por mis propios medios. Cuando regresé al lado de Thomas, él estaba preocupado porque por casi una hora me había abstraído y no respondí a su llamado. Como la Madre Luna no indicó que mi misión fuera un secreto, le conté lo que me había encargado. Al principio, no quería que me aleje de él, ya que solo a su lado recibo un buen trato por parte de la manada -miré a Stefan desaprobando cómo la habían mantenido estos últimos días en la mansión-, pero insistí porque era la Madre Luna quien disponía mi misión. Al final, Thomas me dejó ir, y aquí estoy.
  • ¿Y qué hiciste para llegar a Lima? -asumía que no fue al aeropuerto y tomó un avión.
  • Crucé Francia corriendo para salir al Océano Atlántico por el Golfo de Vizcaya. Luego crucé a nado el Atlántico hasta llegar a Panamá, de ahí corrí nuevamente hasta llegar a Lima -la miraba con la boca abierta porque estaba sorprendida por todo el recorrido que hizo y aún tuvo fuerzas para defenderme de Laura Barone.
  • Entonces, ¿vas a cumplir una semana sin alimento? -preguntó Stefan mirándola detenidamente.
  • Llegando al Mar Caribe me alimenté de unos delfines. Siento mucho haber tomado esas vidas, pero necesitaba llegar fuerte a Lima -Catalin agachó la cabeza como señal de arrepentimiento.
  • No te preocupes, Catalin. Era necesario y tu acto no será criticado -le dije tratando de hacerla sentir mejor-. Tengo una duda. ¿Cómo pudiste avanzar durante el día? ¿Acaso la luz del sol no te hace daño?
  • Cuando el Consejo de Alfas comprobó que no sería un peligro para las manadas, la Bruja Suprema de esos tiempos me entregó un hechizo para que pueda andar bajo la luz del sol, así podría hacer mejor mi trabajo y tener una vida plena con Thomas -al pronunciar su nombre suspiró y sonrió.
  • ¿Lo amas mucho? –pregunté sonriendo por la tierna respuesta que tuvo al pronunciar el nombre de su predestinado, y sus ojos rojos se iluminaron con un mágico brillo.
  • Él es lo más maravilloso que existe en este mundo -miré a Stefan con lágrimas en los ojos. Catalin era capaz de amar de una manera tan pura que me era imposible pensar que en ella podía caber la maldad. Mi Alfa se acercó y comenzó a secar mis lágrimas con sus dedos mientras me decía que era una linda sentimental.
  • Lo siento, Amelia, no fue mi intención hacerte llorar, mucho menos ahora que estás recuperándote -notaba su sincera preocupación.
  • Es que lo que acabas de decir es lo más lindo que he escuchado -Stefan me miró reprendiéndome-. No me veas así -le refuté aún entre lágrimas-, que nunca me has dicho que soy lo más maravilloso en este mundo.
  • Lo siento, Alfa -la vampira agachó la cabeza al pensar que su comentario pudo meter en problemas a Stefan.
  • No te preocupes, Catalin -soltó un suspiro mi amado Alfa-. Thomas se merece un amor como el tuyo, y puedo aprender de él -tomó mi mano y dejó un húmedo beso que estremeció todos los rincones de mi cuerpo.
  • Imagino que él te debe estar esperando. ¿Cuándo vas a regresar a Bonn? -pregunté con la intención de gestionar lo más pronto posible su regreso al lado de Thomas en el avión privado de Los Höller.
  • Aún no lo sé. La Madre Luna me dijo que me indicaría cuándo volver, ya que su hija seguiría en peligro, y solo yo la puedo salvar.




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