La historia de Emmy Kell

2, No fue mi culpa.

Desperté y todo a  mí alrededor daba vueltas, —algo estaba mal—, todo era de un blanco escalofriante, sábanas blancas, cortinas blancas, paredes blancas, y no había ventanas, mi brazo izquierdo estaba lleno de cables. El dolor en mi abdomen era insoportable. Y unas punzadas de dolor hacían eco en mi cabeza.

Intenté recordar cada detalle, pero el esfuerzo para recordar hizo que el dolor alojado en mi cabeza se volviera más intenso. Me la sujeté con fuerza, e intenté reprimir las lágrimas que comenzaban a salir, pero no pude, salieron sin detenerse.

—Emmy, despertaste. —dijo alguien en un tono de voz tan suave, que apenas escuché—. Emmy, debemos platicar.

Sólo cuando se acercó, pude notar que era mamá.

—Mamá… —Mis lágrimas salieron sin pedir permiso.

—Shhh, no te esfuerces, hablaremos calmadamente. —Posó su mano sobre mi hombro, y me acarició con cautela. En su rostro había miedo, no entendía por qué, pero mi madre estaba angustiada.

—¿Recuerdas lo que hiciste, y cómo llegaste aquí? —pronunció cada palabra con cuidado.

—Ella ha sido, lo juro. —Me acerqué a su rostro, y le sujeté las manos—. No quería hacerlo, ella lo hizo, mamá, no fue mi culpa.

—Te creo, está bien. Pero de igual manera hemos decidido mudarnos, nos iremos en un par de días, recupérate por favor. —dijo con firmeza. Se colocó de pie, acomodó su vestido, y caminó hacia la puerta.

—¡Mamá! grité antes de que se fuese ¿Anny vendrá con nosotros?

—Cariño, no es necesaria esa pregunta, Anny vendrá, jamás la dejaríamos.

Salió de la habitación. Una paz invadió cada parte de mi ser. Anny y yo seguiríamos juntas.

 

En ocasiones me preguntaba por qué mamá y papá sonreían más cuando estaban con Anny, y cuando yo llegaba, la sonrisa se esfumaba, se disipaba como el humo de los cigarrillos que consumía papá.

¿Qué tiene ella que yo no pueda tener? Somos hermanas.

—¿Señorita Kell? —Una chica joven, vestida de blanco, entró a mi habitación con una bandeja repleta de comida.

—Gracias. —sonreí tímidamente.

La enfermera salió cuando acabé con mi comida, y quedé nuevamente sola, sin nadie que me platicase, sin Anny para juguetear, sin mamá, sin papá, sin mis amigos.

Aunque realmente, luego de aquel incidente no tenía muchos amigos.

Cerré mis ojos, y dejé que aquel recuerdo perforara mi mente.

 

—¡Maestra, maestra, Emmy se volvió loca! —chilló la niña más pequeña de todas.

—¿Lo hizo de nuevo? —bufó la maestra. Se dirigió con rápidez hacia el grupo de niños alarmados.

—¡Suéltala! —gritaron todos mis compañeros de aula. Pero ignoré aquellos gritos, seguía clavando el lápiz en la pierna de Lissie, la niña cabello amarillo ondulado que estudiaba conmigo.

—¡Emmy Kell! ¡Por Dios! —La maestra corrió a socorrer a Lissie, su pierna sangraba, y su rostro estaba cubierto de mocos y lágrimas. Pensé que no le estaba doliendo, pero creo que me equivoqué.

—Lo siento. —susurré avergonzada al ver el estado en el que se encontraba la pierna de Lissie.

—Dirígete a la oficina del director. Inmediatamente. —gritó mi maestra.

Los minutos transcurrían y yo esperaba en la dirección que la profesora llegase. No había pronunciado ninguna palabra. No tenía explicación para lo sucedido.

—Bien, me alegra que estés aquí. —La maestra tomó asiento, sin esperar la orden del director.

—Explica lo sucedido Emmy. —La maestra me miró de pies a cabeza. Intentando encontrarme alguna segunda cabeza. O un tercer ojo.

—No puedo. —Mordí mis labios, que comenzaban a temblar frenéticamente, y cerré mis puños con fuerza.

—Bien, al parecer la niña tiene valentía para agredir a su compañera, pero no tiene esa valentía para contar lo sucedido. —Su tonó burlón me abofeteó. Jamás me había sentido de ésta forma. El remordimiento quemaba mi interior. Pero ella tenía la culpa. Tocó lo único sagrado en mi vida. Tocó lo más sublime y perfecto.

—¿Agrediste a una compañera, Emmy? De alguna manera mi nombre en labios del director sonó diferente.

—Sí. —Asentí sintiendo como las lágrimas descendían por mis mejillas.

—Puedes defenderte, Emmy. —dijo la maestra tragándose su mal carácter, y hablando con cariño por primera vez en el año escolar.



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En el texto hay: paranoia, dolor, no me dejes

Editado: 29.11.2018

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