La Influencer vs. El chef Explosivo

Capítulo 5: Un contrato firmado con sangre. ¿De verdad? ¡Nah!

​El reloj mental de Luna corre como un cronómetro de cocina a toda velocidad. Diez minutos para que George Díaz, el hombre que le ha gritado dos veces en menos de veinticuatro horas, tome la decisión que salvará o hundirá su legado. Diez minutos que ella utiliza para prepararse.

​Se cambia el conjunto púrpura por un par de jeans de marca y una camisa blanca impecable. El look de "emprendedora que va al mercado orgánico". Se rocía con un poco menos de perfume. Coge un bolso de diseño que guarda su kit de emergencia digital: batería extra, micrófono, y palo estabilizador modelo pocket.

​El teléfono suena a los nueve minutos y cincuenta segundos. Es George.

​—¿Qué decidiste? —pregunta Luna, con voz plana y profesional.

​—Escucha bien, Sabor Lunar. Esto no es un juego. Y si voy a permitir que la payasada de internet entre en mi restaurante, vamos a tener reglas.

​—Soy toda oídos, George Díaz.

​El silencio al otro lado es un gruñido no emitido.

​Luna se dirige al lobby del edificio Prisma, donde Benito, el portero, la mira con la curiosidad de quien acaba de presenciar un drama inesperado.

​—Benito. Pide un auto. Vamos a firmar un contrato. Y por favor, pon un letrero de "No Macarrones Veganos" en la entrada.

​La cafetería es el punto medio geográfico entre Pueblo Libertario y Los Pinos. Es un lugar moderno, pero con toques retro, popular entre estudiantes de arte. El ambiente es ruidoso y huele a café y ansiedad de examen final.

​George está sentado en una esquina, cerca de la ventana, con los brazos cruzados sobre la mesa. Lleva puesta una chaqueta de mezclilla sobre su camiseta de trabajo, intentando parecer menos un fantasma y más un ciudadano normal. Ha estado bebiendo café negro y amargo. Mucho.

​Cuando Luna entra, él ni siquiera levanta la vista, solo señala el asiento de enfrente.

​—Llegas tarde, Sabor Lunar —dice.

​—Llegué exactamente a la hora.

​—¿Tienes papel a mano? —La voz de George es tensa, derrotada. Es el sonido de la dignidad cediendo ante la desesperación.

Luna mira el servilletero en la mesita, toma una servilleta y la agita. —Tengo una servilleta, ¿te sirve?

George rueda los ojos. ​—Me sirve.

Cuando George llamó para aceptar el trato, lo hizo con una condición: tener un contrato físico, escrito a mano.

​Luna despliega la servilleta y la acomoda sobre la mesita. Luego saca un bolígrafo de tinta misteriosa.

Si George pudiera describir a Luna Casas, ese bolígrafo lo haría a la perfección: vistoso, pretencioso e insufrible.

​—Vamos a ser claros. No confío en ti. Nada. Eres un desastre. Un payaso de internet ansioso por popularidad que cree que la vida real se arregla con una canción de fondo y un filtro bonito. Pero no tengo opción. Así que, estas son las condiciones —George levanta la mirada. Sus ojos oscuros son fríos, pero en ellos hay una chispa de inteligencia que Luna no había notado antes. Él no es tonto. Es un estratega.

​Luna asiente, preparada para anotar.

​—Adelante.

​—Regla Número Uno: Tienes veintinueve días exactos. Desde mañana, a las 4 AM, hasta el día treinta antes de que el banco abra a las 9 am. Ni un minuto más.

​Luna escribe: «29 días. Start: Mañana 4 AM.»

​—Regla Número Dos: Eres una empleada. Una aprendiz. No una jefa. Yo dirijo la cocina, yo dirijo las recetas. Me llamas Chef Díaz. Me tratas con respeto. Harás lo que te pida: fregar, cortar, limpiar la mierda del baño. Lo que sea. No hay excepción, ni privilegios de influencer.

​Luna escribe, con una sonrisa mordaz que no le muestra: «Regla 2: Empleada/Aprendiz. Obedecer. Llamar ‘Chef Díaz’. No privilegios de diva.»

​—Regla Número Tres: El contenido. Solo grabarás lo que yo autorice. Nada de explosiones. Nada de ridículo intencionado. Promocionamos comida de calidad. El legado. La historia. Tu trabajo es atraerlos. Mi trabajo es mantenerlos.

​—De acuerdo —dice Luna. Esto tiene sentido. Escribe: «Contenido solo aprobado. Foco: Calidad y Legado.»

​—Regla Número Cuatro: Tu vida personal se queda en el Distrito Los Pinos. No te quiero coqueteando con mis proveedores, ni con el repartidor. No te quiero revelando secretos de familia para tus stories de la mañana.

​Luna levanta una ceja. —¿Crees que voy a coquetear contigo, Chef Díaz?

​—Te lo aseguro, Sabor Lunar. Lo último que haré es darte un motivo para grabarme sin querer. Concentración. Esto es trabajo.

​Ella escribe: «Vida personal/Coqueteo: Prohibido.»

​George se inclina sobre la mesa. Su aliento huele a café.

​—Regla Número Cinco: El dinero. Si al final de los veintinueve días hemos recaudado el dinero suficiente, tu culpa se cancela y te vas. Si no lo hemos recaudado, tú pones la diferencia. El total de la deuda es de veinticinco mil dólares. Necesitamos al menos quince mil para el abono.

​Luna aprieta el bolígrafo. Veinticinco mil dólares no es una suma imposible para ella, pero es su colchón de ahorro. Es el dinero que guarda para comprar su propio apartamento, no para salvar el negocio de un extraño gruñón.

​—Veinticinco mil dólares —repite, en voz baja.

​—¿Tienes ese dinero, Luna Casas? Sé honesta.

​Luna traga saliva. Su cuenta bancaria es un desastre de ingresos irregulares y gastos impulsivos. Tiene patrocinios por cobrar. Sí, podría conseguirlos, pero no están ahora mismo en su cuenta.

​—Puedo conseguirlo —dice, intentando que su voz suene segura—. Te lo garantizo. Es mi responsabilidad.

​—Garantízalo en el contrato —ordena George.

​Luna escribe: «Diferencia Garantizada: Luna pone hasta $25,000 USD. Total de la deuda.»

​—Y ahora, mi regla —dice Luna con firmeza.

George se recuesta en el respaldo de la silla, escéptico. —¿Cuál es tu regla?

​—Mi Regla Única: Tú tienes que confiar en mí. Me has entregado el destino de tu negocio. Si bien yo te obedezco en la cocina; en la estrategia digital, tú tienes que hacer lo que yo diga. Si digo que debemos sacar un "Platillo Explosivo" (uno que no explote) para aprovechar la tendencia, lo sacamos. Si digo que tienes que hablar con la cámara, hablas. Si me saboteas una sola vez, si te niegas a seguir la estrategia para atraer tráfico, considero que el contrato se rompe. Y en ese caso, te doy el dinero inmediatamente, pero mi culpa se cancela.




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