Capítulo ★1
—Joshua, sabes que te amo con toda mi vida... ¿verdad? —le pregunté, buscando en sus ojos una certeza que el viento de la tarde parecía querer llevarse.
Sentía una opresión extraña en el pecho, una de esas corazonadas que intentas ignorar pero que se instalan en tu garganta como un nudo amargo. Él me sonrió, y por un segundo, esa curva en sus labios fue el refugio de siempre, el lugar que lograba calmar todas mis tormentas.
—Pero por supuesto, mi Diosa. Me lo has demostrado en cada uno de estos cinco años que llevamos juntos. No tienes ni que preguntarlo.
Su respuesta fue rápida, casi automática. Me tomó de las manos y el calor de su piel me hizo creer, por un instante más, que todo estaba bien.
—Entonces... comprenderás que ya solo nos toca dar un paso más —susurré, dejando que la esperanza asomara en mi voz—. La universidad es el inicio de nuestra vida de adultos, Joshua.
—Lo sé —asintió él, apretando mis dedos con firmeza—. Este es el último tramo del camino para que algún día podamos casarnos. Voy a darlo todo en la cancha, voy a ser el mejor defensa del campus y te juro que las cosas van a mejorar para los dos. Muy pronto, el mundo sabrá quién soy.
Lo miré a los ojos con el amor más puro que ha nacido en mi pecho. En ese momento, no vi al jugador obsesionado, vi al chico que me había acompañado desde la adolescencia. Lo besé. Quise entregarle el beso más profundo que le haya dado jamás; uno que durara una eternidad, que sellara nuestras promesas y detuviera el reloj. No quería que ese instante mágico y trascendente se terminara nunca. Quería quedarme a vivir en sus labios, donde todo se sentía seguro y el futuro no daba miedo.
Sin embargo, el hechizo se rompió antes de que pudiera saborearlo por completo.
Un largo rato después, mientras caminábamos hacia la salida del parque, su voz cambió. Se volvió distante, práctica, casi fría.
—Amor, ahora que entremos a la universidad... estuve pensándolo mucho. Tendremos que fingir un poco, ¿sabes? —Soltó mi mano para acomodarse el cabello, un gesto que me hizo sentir un vacío repentino—. Tendremos que actuar como si solo fuéramos amigos, o incluso como hermanos. Al menos frente a los demás.
Me detuve en seco. El suelo pareció inclinarse bajo mis pies.
—¿Fingir? ¿Por qué deberíamos seguir con una mentira así, Joshua? —pregunté, sintiendo cómo la molestia empezaba a quemarme la garganta—. Llevamos cinco años construyendo esto.
—Es necesario —insistió él, sin mirarme a los ojos, concentrado en un punto invisible del horizonte—. Solo así podré estar enfocado al cien por ciento. Necesito que los cazatalentos vean a un jugador serio, alguien sin distracciones ni dramas románticos. No quiero calumnias que ensucien mi carrera antes de que empiece. Entiéndelo, es por nuestro futuro.
—¿Nuestro futuro? —repetí, sintiendo una punzada de ironía—. Joshua, me estás pidiendo que desaparezca.
—Shhh —me interrumpió, sellando mis labios con un dedo, obligándome a callar la verdad que tanto le incomodaba—. No digas eso, no lo hagas sonar tan dramático. Solo es un pequeño sacrificio temporal. Es lo que habíamos prometido, ¿recuerdas? Apoyarnos en todo, sin importar qué.
—Es lo que me obligaste a prometer —solté con una rabia que me sorprendió a mí misma, apartando su mano de un golpe—. No es un apoyo, es una anulación. Me estás pidiendo que sea un fantasma en los pasillos para que tú puedas brillar en la cancha.
—Es un sacrificio necesario, Diosa. Nada grande se logra sin renunciar a algo. Si la gente sabe lo nuestro, los rumores nos van a desconcentrar. Tú tienes tus libros de leyes y yo tengo mi meta. No podemos permitirnos errores.
—Como futura abogada te digo que la verdad no se puede ocultar bajo la alfombra para siempre, Joshua. La gente siempre va a hablar, da igual lo que inventemos. Al final, los rumores son algo que no podremos evitar... pero tu rechazo, ese sí que podrías evitarlo. Me duele que te avergüences de nosotros.
—No es vergüenza, es estrategia... —empezó a decir, pero su voz ya no me alcanzaba.
—¡No, Joshua! —lo corté, sintiendo que el aire me faltaba—. Me voy. Quiero estar sola. No puedo seguir escuchando cómo me borras de tu vida por una "estrategia".
—Sabes bien que es necesario hacerlo, ¿verdad? ¡No seas inmadura! —gritó él a mis espaldas, quedándose estático mientras yo me alejaba.
Me detuve un segundo, mordiéndome el labio inferior con tanta fuerza que sentí el sabor metálico en mi boca. Me giré lentamente, con la vista nublada por la impotencia.
—Joshua... desde que estamos juntos, siempre has puesto tu meta por encima de nuestra relación. Siempre.
—Eso no es verdad —balbuceó, pero sus ojos esquivaron los míos.
—Sí lo es. Y lo peor es que lo sabes. Tu sueño es ser profesional, y lo respeto, pero... ¿acaso has pensado en mí? ¿En lo que yo siento siendo siempre la segunda opción? Lo he soportado todo porque te amo, pero nunca imaginé que amarte iba a doler tanto. Me pediste que fuera tu novia para estar juntos contra el mundo, no para que me escondieras de él. ¿Dónde queda el "nosotros" en tus planes?
Él no respondió. Bajó la mirada hacia el césped del parque, ese mismo verde que parecía importarle más que mis sentimientos en ese momento.
—Estoy decepcionada, Joshua —susurré, y esta vez el hilo de mi voz se quebró de forma irreparable.
Me di la vuelta y empecé a caminar. No pude evitar que las lágrimas escaparan, calientes y amargas. Sentía un dolor indescriptible, como si me hubieran arrancado una parte del pecho. Mis ojos ya no eran ojos; eran una fuente de impotencia acumulada durante años de sombras.
Las nubes se tornaron de un gris plomizo y, poco después, el cielo se rompió. La lluvia empezó a caer, primero tímidamente y luego con una furia que agradecí, porque ocultaba mi llanto. Caminé sin rumbo, oyendo el ruido de la ciudad como un eco lejano. Estaba inmersa en mi propia agonía, con la mente en blanco, sintiendo cómo el agua empapaba mi ropa y enfriaba mi piel, aunque nada estaba tan frío como mi corazón.