La lista de Sandra

VI

Sin discoteca no quedaba mucho lugar a donde ir. En la heladería Coppelia las colas eran infernales, decía Erick, y el teatro, no era para él, por supuesto. Pero yo quería ir al teatro a ver una obra o danza, quería que mi mundo se abriera ante experiencias nuevas y que motivara mi espíritu. Quería ver algo más que los thrillers y pelis de acción alquiladas en el paquete de la semana.

Llamé por teléfono a María Carla y le pedí de favor que hiciera la inmensa cola que se hacía en el teatro cada vez que un buen grupo acudía a la provincia. Se presentaba Habana Compas Dance. Quería ver a esas impresionantes mujeres que bailaban y tocaban con banquetas, taburetes, chancletas y otra serie de instrumentos poco habituales. Mi amiga recortó su horario del almuerzo para cumplir mi pedido y así tuve las entradas.

Le pedí a Erick que no se entretuviera en casa de su madre, a la cual visitaba cada tarde, ya bastante me había costado convencerlo para ir al teatro. Aunque protestó muchísimo al fin accedió, no es que de lo contrario hubiese podido ir sola, ni tan siquiera con una amiga.

La hora de comenzar a vestirnos y prepararnos se acercaba peligrosamente, y Erick no regresaba. Un tanto desesperada fui a buscarlo y allí estaba, en la esquina hablando con sus amigos de palomas. Ya había sufrido otras veces el horror de encontrarnos en cualquier lugar con algún colombófilo amigo suyo. El resultado era siempre el mismo, horas y más horas de cháchara. Esta vez no fue la excepción. Cuando llegué a su lado se sorprendió de verme. Yo le dije:

—Van a cerrar el teatro y luego no podremos entrar.

Él no me hizo caso y continuó con su conversación. ¿Cuánto tiempo se puede hablar de palomas? Les sorprendería. Me quedé parada a su lado con la sangre hirviéndome, pero la boca cerrada. Mientras la hora prevista de vestirnos se fue, la hora prevista para el traslado también se fue. Y ojalá y con las horas se hubiera ido mi sumisión, mi inagotable paciencia para aguantar callada. Porque mientras ellos hablaban de palomas en el teatro esas grandiosas mujeres se entregaban y desparramaban su arte ante mi butacón vacío. Yo por mi parte parada en aquella esquina, presente sólo en cuerpo buscaba la forma de resumir mi punto en la lista. Tengo que ampliar mis horizontes, ante nuevas experiencias, aprender de pintura, fotografías tal vez mientras ignoraba todo lo demás:

  1. Ser una buena ama de casa.
  2. Ser una buena coordinadora del CDR (ya que me habían elegido).
  3. Hacer ejercicios y ponerme dura, bien dura.
  4. Estar siempre peinada, maquillada, con las uñas y el pelo arreglado.
  5. No más discotecas, nada de bailar con nadie.
  6. Conocer más…




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