La lista de Sandra

VIII

Mi madre organizó una cena familiar en su casa. Las fiestas en Cuba, sea de lo que sea, terminan celebrándola los hombres. El nacimiento de un niño: un mísero ramo de flores para la madre y borrachera para el padre. El cumpleaños de un hombre: él y todos sus amigotes tomando con sus novias, ella y alguna amiga sirviendo, fregando, cocinando. El cumpleaños de una mujer: pues lo mismo.

No sé ni para qué nos molestamos, ya que dos días después cuando ya todo vuelve a su sitio, es como si sufriéramos una lobotomía involuntaria y perdiéramos todos los recuerdos. Y si en ese momento una peli nos vende su modelo de felicidad, es el remate. Nos sentimos capaces de demostrar que podemos lograrlo. Todo en vano, no hace falta señalar.

Pues mi mamá sugirió festejar un día cualquiera con el único objetivo de juntarnos en familia y pasar una agradable tarde de sábado. No puedo decir que la tarde no fue agradable, de hecho, no tuviera nada que señalar sino me hubiera empeñado en ir contra el pequeño papel que me tenían reservado.

Mi padre y Erick se sentaron en la mesa a conversar y tomar ron, corría un fresquito de lo más agradable, la música bajita y el susurro de los árboles creaban una atmósfera perfecta. Un día sin trabajo, escuela o clases, era un regalo que quería disfrutar. Me acerqué un vaso de ron, incluso le di varios sorbos. No sé si voluntaria o involuntariamente el tema de conversación de ellos se me escapaba. No porque hablaran de pelota o mecánica, era un tema simple, opinable. Creo que, hasta cierto punto de forma inconsciente, mi presencia se les antojaba desagradable.

Luego de un rato por buscar algo que hacer me fui hasta la cocina, en el abrazo de mi madre pude interpretar: “bienvenida a nuestro mundo”. Terminé de picar unos cuadraditos imperfectos de queso fresco y se los acerqué a la mesa deseosa de incluirme esta vez.

Mi padre me acarició la cabeza despeinándome como a un perro que te alcanza un palo que has lanzado para él.

—¡Ves! Aún hay esperanza para ella.

Yo me apresuré a anotar enseguida, no fuera a ser que se me olvidara: Tengo que evitarme este futuro. Ya que no me atrevía a decirme a las claras con una sacudida y una bofetada a mí misma: ¡Huye mientras puedas!

  1. Ser una buena ama de casa.
  2. Ser una buena coordinadora del CDR (ya que me habían elegido).
  3. Hacer ejercicios y ponerme dura, bien dura.
  4. Estar siempre peinada, maquillada, con las uñas y el pelo arreglado.
  5. No más discotecas, nada de bailar con nadie.
  6. Conocer más…
  7. Leer al menos un libro cada mes.
  8. Escribir un cuento de cinco páginas.
  9. Quiero ser una locota en la cama.
  10. Evitarme este futuro.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.