La lista de Sandra

IX

Domingo por la tarde y yo estudiando. Había desaprobado tres de tres. Me daba pena decirlo en el trabajo cuando mis compañeras me preguntaban. Erick por su parte siempre tan atento:

—Parece que tú vas a la escuela a putear porque a estudiar no es.

Y luego remataba ante mi silencio.

—Todo el mundo no puede ser universitario, alguien tiene que fregar el piso.

El texto que intentaba memorizar se me resistía, tenía que empezar la página una y otra vez porque me empeñaba en recordar cosas que no venían al tema.

Una ex de Erick había empezado a salir con un muchacho del barrio. Yo le huía cuando podía, pero ella se empeñaba en saludarnos y hablar de cualquiera guanajería, y hablar y hablar. Erick le seguía la corriente y luego me tocaba con el codo y me decía:

—Esta todavía está muerta conmigo.

—Parece que quiere que yo la arrastre —decía yo, sin la más mínima intención de hacer tal cosa. Mi grado de estupidez no llegaba a tanto. Él sonreía satisfecho. Le gustaba verme celosa, a la defensiva. Y yo había aprendido el camino más corto para evitar sus estúpidas conversaciones o discusiones. Fingir. Fingir que me importaba sus temas de conversación: si la paloma pinta o la empedrada había ganado no sé qué carrera o si iba a sacar un pichón con la no sé cuál y otra más. Fingir orgasmos para acabar pronto. Fingir que estaba celosa para que no me diera la lata con lo mucho que todavía le gustaba a sus ex o lo poco que me importaba a mí.

Él estaba en el portal cuando ella pasó. Lo saludó con una sonrisa desmesurada y continuó con un contoneo exagerado.

—Te lo he dicho, esa está loca porque le dé un pingoleteo.

—¡Que la gente no supera las cosas! —le dije y volví a empezar a leer.

Siempre hay otras moscas rondando tu mierda, pensé para mis adentros. Me pareció una frase ingeniosa así que la escribí detrás de la libreta. No estaba segura si la muchacha estaba interesada aún en él, o su putería era por joder o sólo por demostrarle que aún estaba buena, feliz y que él se lo perdía. Tampoco me importaba, de repente me descubrí soñando con que Erick me traicionaba con esa misma y yo me enteraba y lo dejaba, por supuesto. Había aguantado sus celos enfermizos, sus malos tratos, su constante menosprecio, su machismo recalcitrante y hasta el puñetazo en las costillas. Pero no iba a aguantar los tarros, eso no. Mejor aún, corregía mis ilusiones. Erick se enamoraba y se iba de la casa, de una vez y por todas. ¡Así de fácil! Me alegraba y luego dudaba de mi suerte. ¡Es muy fácil! Bueno, el cómo ya se vería. Tenía nuevos apuntes de la lista.

  1. Ser una buena ama de casa.
  2. Ser una buena coordinadora del CDR (ya que me habían elegido).
  3. Hacer ejercicios y ponerme dura, bien dura.
  4. Estar siempre peinada, maquillada, con las uñas y el pelo arreglado.
  5. No más discotecas, nada de bailar con nadie.
  6. Conocer más…
  7. Leer al menos un libro cada mes.
  8. Escribir un cuento de al menos cinco páginas.
  9. Quiero ser una locota en la cama.
  10. Evitarme este futuro.
  11. Aprobar en las primeras convocatorias
  12. Que Erick se enamore de otra.




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