La lista de Sandra

XI

Un buen día, por no decir lo contrario, llegó el momento de hacer análisis de mi inmensa lista. Rendición de cuentas de mí a mí misma. Empezaremos de atrás para adelante:

14-Ser brillante en mi trabajo.

13-Aprender a defenderme.

No terminé limpiando pisos ni sancionada porque no tenía la culpa, es más, tenía yo la razón. Todas las turbinas habían sido dadas a los jefes de los municipios y todas autorizadas por mi queridísimo director. Era sabido que Carrillo no iba a disculparse o comentar algo al respecto. Me envió la documentación con Nuria, la secretaria y con ello ya dabas por entendido que conservabas tu cabeza. Y eso era bastante. Nunca pensé en irme, necesitaba el trabajo y allí no se ganaba mal en comparación con otros sitios. Y hasta se le pegaba algo a uno como se dice en Cuba.

Nunca aprendí a defenderme, aún hoy sigue siendo una asignatura pendiente. Aprendí que se llama “Síndrome o ingenio de la escalera”, además de comemierda y miedosa, claro está. El síndrome de la escalera es —por si no lo saben y tiene la fortuna de no sufrirlo—, cuando te han dicho algo a lo que no has sabido responder, pero tiempo después surge la respuesta perfecta. El sentimiento es peor cuando no sabes cómo responder a un ataque. Es incómodo no tener la respuesta ingeniosa a mano por una simple pregunta, pero cuando no se tiene una respuesta ante un ataque… Te quedas con la repetición de tu incomodidad en bucle, se hace más doloroso y frustrante cuando llega la respuesta el no haberla dicho a tiempo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.