Kael estaba revisando informes en su despacho cuando percibió el aroma antes de escuchar los pasos.
Libeyka. Él no estaba de humor después de lo que había pasado con Lyra.
Libeyka se deslizó hasta quedar frente a su escritorio, envuelta en sedas claras, el rostro cuidadosamente sereno, aunque sus ojos ardían con una intención que Kael reconocía demasiado bien.
—¿Qué haces aquí? ¿Quién te dejó pasar sin anunciarte? —preguntó él sin alzar la vista.
Libeyka sonrió apenas.
—No es la primera vez que lo hago, ¿por qué te molesta que venga a verte?
—¿Qué quieres? Estoy ocupado.
—Quiero advertirte —respondió—. Porque, aunque ya no confíes en mí, sigo velando por tu seguridad… y por la de la manada.
Kael levantó lentamente la mirada, frío.
—Habla.
Libeyka dio un paso más, bajando la voz como si compartiera un secreto peligroso.
—Vi el dije que lleva la Vientre de Luna colgando en su cuello —dijo—. Esa piedra no es un adorno, es una esquirla —continuó ella—. Una piedra antigua. Poderosa. Solo se consigue en las tierras oscuras de la Manada Azul.
Hizo una pausa calculada.
—¿Sabes lo difícil que es conseguirla?
Kael se reclinó en su asiento, entrecerrando los ojos.
—No me interesa de dónde proviene una joya.
Libeyka negó despacio, con una sonrisa ladeada.
—Debería interesarte. Las hechiceras usan esa piedra para ocultar secretos… para sellar naturalezas… para engañar incluso a un Alfa… como tú.
El silencio se volvió espeso.
—Tal vez —añadió— esa humana no llegó aquí por casualidad, quizás fue enviada. Alguien la colocó en tu camino.
Kael se levantó de golpe.
—Basta, deja en paz a la Vientre de Luna, no me hagas castigarte de nuevo.
Libeyka dio un leve paso atrás, sorprendida por la dureza de su tono.
—Solo intento protegerte —insistió—. Esa piedra no pertenece a una humana común. Nadie la consigue sin pagar un precio… o sin un propósito oscuro.
Kael la miró como si acabara de perder toda paciencia.
—No vuelvas a mencionar a Lyra en ese tono —ordenó—. No es una hechicera. No es una enemiga. Y no es asunto tuyo.
Libeyka apretó los labios.
—Te equivocas si crees que una humana puede portar una esquirla sin consecuencias.
Kael dio un paso hacia ella, su presencia aplastante.
—Regresa al harén y no vuelvas a cruzar esta puerta sin ser llamada.
Los ojos de Libeyka destellaron. No de miedo, sino de rabia.
—No me crees —dijo, conteniendo la furia—. Pero lo averiguaré, le diré a la reina que investigue todo.
Se inclinó apenas, no en reverencia, sino en desafío contenido.
—Voy a descubrir qué se trae entre manos esa humana.
Se dio la vuelta y salió del despacho.
La puerta se cerró tras ella.
Kael permaneció inmóvil unos segundos. Luego cerró los ojos con fuerza.
Porque, aunque jamás lo admitiría frente a Libeyka, una verdad ya ardía en su pecho:
La esquirla no era el peligro.
El peligro era cuánto estaban dispuestos a hacer para llegar hasta Lyra.
***
El salón de seguridad estaba cerrado al resto del palacio.
Antorchas de fuego azul iluminaban la mesa circular donde se reunían los hombres que tenían posiciones de alto rango. Allí era donde se tomaban las decisiones más importantes de la manada.
Esta vez, el Alfa los había convocado a los sabios del oráculo, al mago real y al jefe de la fuerza armada de la manada.
Kael ocupaba la cabecera.
A su derecha, Raven.
A su izquierda, dos betas de alto rango de la Manada Azul que los demás aún no conocían.
Frente a él, el mago real, cubierto con túnicas antiguas bordadas con símbolos lunares.
El caso de Lyra se expuso ante ellos.
El mago al conocer todo comento:
—Con el parto el parto el hechizo se debilitará lo suficiente para que alguien como el Rey Oscuro la perciba —respondió el mago—. O para que su verdadera naturaleza despierte.
Uno de los betas de la Manada Azul habló entonces:
—Y si despierta, no habrá forma de ocultarla.
Raven cruzó los brazos.
—Libeyka vio la esquirla —añadió—. No lo ha dicho abiertamente, pero la reconoció. Es solo cuestión de tiempo antes de que ate cabos.
El nombre tensó la mandíbula de Kael.
—Libeyka no es una hechicera —gruñó—. No puede romper el escudo.
Editado: 31.01.2026