La Maldicion De Ser Visto

Capitulo 16: una verdad incomoda

La sala del Comité Disciplinario era sorprendentemente silenciosa. Sus paredes estaban cubiertas por altos archivadores metálicos, todos perfectamente ordenados y etiquetados. En el centro, sobre una mesa larga de madera oscura, descansaban varios expedientes abiertos, informes de convivencia y reportes de conducta de distintos alumnos.

En medio de todo, Ryouji Takamura permanecía sentado con la espalda recta y la postura impecable. Sus ojos grises recorrían con calma el contenido de una carpeta en particular, una que había estado revisando con detenimiento durante días: la de Yuuto Kanzaki.

A su lado, Mizuki Saegusa deslizaba el dedo por la pantalla de una tableta electrónica, donde aparecían registros académicos, historiales de asistencia y notas de observación. El ambiente era tan tranquilo que solo se escuchaba el suave roce del papel al pasar y el leve zumbido del equipo electrónico.

Hasta que una voz clara y relajada rompió el silencio de golpe.

—Veo que siguen ocupados con el famoso caso del “raro”.

Ninguno de los dos levantó la vista de inmediato. Sakura Kirishima acababa de entrar en la sala sin llamar, con una carpeta bajo el brazo y una sonrisa tranquila en los labios, como si estuviera en su propia habitación.

—¿No aprendiste a tocar antes de cruzar la puerta? —preguntó Mizuki sin apartar la mirada de la pantalla, con un tono que dejaba claro que no le hacía ninguna gracia la interrupción.

—¿Y perderme sus caras de sorpresa? —respondió Sakura con una media sonrisa—. Sería demasiado aburrido.

Takamura cerró lentamente la carpeta que tenía entre las manos, apoyándola sobre la mesa con suavidad pero firmeza.

—¿Qué necesitas, Sakura?

Sakura se acercó y apoyó ambos brazos sobre el borde del escritorio, inclinándose ligeramente hacia ellos.

—El Club de Periodismo tiene curiosidad. Últimamente toda la escuela habla de Yuuto Kanzaki, y queremos saber qué piensa al respecto el Comité Disciplinario.

Hubo unos segundos de silencio, mientras Takamura medía sus palabras.

—Entonces tendrán que seguir esperando —respondió con total serenidad.

Sakura arqueó una ceja, sin darse por vencida.

—Vamos… seguro que ya te has formado una opinión al respecto.

Takamura cruzó las manos sobre el expediente.

—Sí. La tengo.

Sakura sonrió con satisfacción, creyendo que tenía terreno ganado.

—Ya me lo imaginaba. Entonces dímelo claramente: ¿es peligroso o no?

Takamura la miró fijamente a los ojos, sin titubear.

—No juzgo a las personas por rumores. Solo por hechos comprobados.

La sonrisa de Sakura perdió un poco de su fuerza, aunque no desapareció del todo.

—Siempre tan estricto y distante —se encogió de hombros con indiferencia—. Pero de tantas historias que se cuentan, alguna debe tener un poco de verdad, ¿no crees?

Mizuki levantó finalmente la vista de su tableta, apoyando un codo sobre la mesa.

—En eso tienes razón.

Sakura recuperó el ánimo y sonrió de nuevo.

—¿Lo ves? Alguien con sentido común…

Pero Mizuki continuó con la misma calma, cortándola antes de que siguiera hablando:

—El problema es que te equivocas al decidir cuáles de esas historias podrían ser ciertas.

La sonrisa se borró por completo del rostro de Sakura.

Mizuki tomó la carpeta que tenía Takamura delante y la abrió con cuidado.

—Aquí tienes los hechos tal cual los tenemos documentados. Desde que llegó a esta escuela, Yuuto Kanzaki pasó prácticamente aislado: no tenía amigos, comía solo, y la mayoría de sus compañeros prefería mantener distancia. Eso sí está registrado.

Pasó unas cuantas hojas y señaló un apartado en particular.

—También consta que nunca recibió una sanción disciplinaria. Nunca inició una pelea, nunca fue denunciado por usar la violencia, y nunca hubo una víctima formal que presentara una queja respaldada por pruebas.

Sakura frunció el ceño, buscando una respuesta.

—¿Y qué hay de su antigua escuela? Allí sí debieron tener razones para que cambiara de centro.

Takamura tomó entonces otro expediente más del estante lateral y lo colocó sobre la mesa.

—Solicité sus registros completos hace tres días. —Desplegó varias hojas—. El patrón fue exactamente el mismo: aislamiento, rumores sin fundamento y, finalmente, el cambio de escuela. Pero al igual que aquí, no aparece ni un solo antecedente disciplinario, ni una amonestación por mala conducta.

Sakura cruzó los brazos con impaciencia.

—Eso no significa nada. Hay varios testigos que afirman haberlo visto atacando a una estudiante en ese lugar.

Takamura asintió con calma, sin negarlo.

—Es correcto. Ese informe existe. —Sacó una hoja con el encabezado del centro anterior—. Ocurrió durante el segundo semestre, en la biblioteca de la escuela.

Sakura volvió a sonreír, pensando que tenía la razón.

—Entonces…

—Pero también existen otros testimonios —interrumpió Takamura, y su voz hizo que la sonrisa de ella se desvaneciera de nuevo.

—¿Qué testimonios?

Mizuki se inclinó un poco hacia adelante.

—Son pocos, es cierto, pero existen. Según lo que relataron en su momento, ese mismo día hubo un sismo leve, lo suficientemente fuerte para hacer temblar los estantes y derribar varios libros.

Sakura se quedó en silencio, escuchando con atención.

—Esos testigos afirman que Yuuto no atacó a la estudiante. Al contrario: la empujó con fuerza para apartarla justo en el momento en que un estante cargado de libros iba a caer sobre ella. Y como no tuvo tiempo de apartarse por completo, recibió el golpe en su propio cuerpo.

La sala quedó en un silencio pesado. Sakura tardó unos segundos en reaccionar, buscando una forma de desmentirlo.

—Eran muy pocos. Quizás se confundieron por el susto, o quizás él los convenció después para cambiar la versión de los hechos.

Mizuki soltó un pequeño suspiro, como si estuviera acostumbrada a esa forma de pensar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.