La cafetería no estaba llena.
Era una de esas horas intermedias donde el flujo de personas disminuía lo suficiente para que el ruido ambiente se volviera un murmullo suave: tazas chocando levemente, conversaciones dispersas, el sonido lejano de una máquina de café trabajando sin descanso.
Ayaka Kamizaki hablaba con las manos.
Siempre lo hacía cuando algo la emocionaba.
—¡Y entonces Aoyama-sensei va y dice que el reglamento no permite modificar horarios sin aprobación del consejo docente! —exclamó, indignada—. ¡Como si no supiera que él mismo cambia cosas cuando le conviene!
Reika Tsukishiro bebió un sorbo de su bebida fría antes de responder, con la serenidad elegante que la caracterizaba.
—El problema no es el reglamento.
—Es la percepción de autoridad.
Ayaka frunció el ceño.
—Traducción.
—Quiere sentir que tiene el control.
Ayaka suspiró con exageración.
—Qué hombre tan cansador.
Yuuto, sentado frente a ellas, observaba en silencio.
Su vaso estaba entre sus manos, y el cubrebocas permanecía en su rostro, ligeramente levantado solo lo suficiente para poder beber con una pajilla.
Desde fuera…
Parecían simplemente tres amigos pasando la tarde.
Pero alrededor…
Las cosas no eran tan simples.
En varias mesas cercanas, conversaciones se desarrollaban con una casualidad forzada.
Personas que fingían no mirar.
Personas que miraban igual.
Era inevitable.
Ayaka y Reika ya llamaban la atención por sí solas.
La presidenta del consejo estudiantil.
La vicepresidenta.
Dos figuras conocidas, admiradas, incluso temidas dentro de la academia.
Pero hoy…
La atención no estaba solo en ellas.
Estaba en la tercera persona del grupo.
Yuuto.
Jeans ajustados.
Camisa ligera.
Cabello plateado cayendo hasta la cintura como un reflejo de luna.
Una silueta elegante que cualquier observador habría interpretado como femenina sin dudarlo.
Y aun así…
Cubrebocas.
Lentes.
Sombrero.
Ocultando el rostro como si fuera algo que debía esconderse del mundo.
Eso era lo que nadie lograba comprender.
En una mesa cercana, dos chicas murmuraban.
—¿Es una chica…?
—No sé… pero ese cabello…
—¿Por qué se cubre tanto? Si tiene esa figura debería verse bien.
—Tal vez tiene cicatrices…
—¿O inseguridad?
Las teorías flotaban en el aire.
Yuuto no escuchaba las palabras exactas.
Pero sí percibía las miradas.
Siempre lo hacía.
Sus dedos se tensaron un poco alrededor del vaso.
Reika lo notó al instante.
No dijo nada.
Solo deslizó una frase en la conversación como si fuera parte del tema anterior.
—Ignorar observadores externos reduce la ansiedad.
Yuuto levantó ligeramente la mirada hacia ella.
Ayaka entendió al instante también.
—Sí —dijo con naturalidad—. Además, si te miran es porque algo les llama la atención.
Yuuto tomó el cuaderno.
Escribió.
“No me gusta.”
Ayaka apoyó la barbilla en la mano.
—Lo sabemos.
Reika añadió con calma:
—Pero tampoco es peligro.
Yuuto dudó unos segundos.
Luego escribió otra frase.
“Siento que se ve raro.”
Ayaka abrió los ojos con sorpresa genuina.
—¿Raro?
Reika negó con suavidad.
—No.
Hizo una pequeña pausa antes de continuar.
—Lo que ven es armonía visual poco común.
—Eso siempre genera atención.
Ayaka sonrió de lado.
—Traducción: eres bonito.
Yuuto se quedó inmóvil.
Procesando.
Confundido.
Ayaka se inclinó un poco hacia él.
—Escucha, Yuuto.
—Que tú no lo veas…
—no significa que no esté ahí.
El silencio que siguió fue suave.
No incómodo.
Solo lleno de algo que aún estaba aprendiendo a existir entre ellos.
Confianza.
Yuuto bajó la mirada hacia el vaso.
Sus dedos se relajaron apenas.
Y mientras Ayaka retomaba la conversación sobre profesores absurdos y Reika respondía con observaciones analíticas, Yuuto permaneció escuchando.
Observando.
Sintiendo algo nuevo.
Normalidad.
Alrededor, las miradas seguían existiendo.
Pero por primera vez…
No pesaban tanto.
Porque no estaba solo.
Y eso cambiaba todo.
La conversación continuaba con una naturalidad que casi hacía olvidar que estaban en un lugar público.
Ayaka hablaba sobre una disputa entre dos clubes escolares.
Reika analizaba la logística detrás del conflicto con precisión impecable.
Yuuto escuchaba.
Sostenía su vaso entre ambas manos, los dedos más relajados que antes.
Y entonces…
Una sombra cayó sobre la mesa.
—Disculpen.
La voz era masculina. Jovial en apariencia. Excesivamente confiada.
Los tres levantaron la mirada.
Un chico de unos veinte años, probablemente universitario. Bien vestido. Sonrisa entrenada.
Mirada calculadora.
Sus ojos recorrieron primero a Ayaka.
Luego a Reika.
Y finalmente…
Se detuvieron en Yuuto.
Un segundo más de lo necesario.
En su mente, la ecuación fue simple.
La más interesante es ella.
No sabía su nombre.
No sabía nada.
Pero veía:
Cabello largo plateado.
Figura esbelta.
Aire delicado.
Un “buen partido”.
—¿Están solas? —preguntó con una sonrisa que intentaba parecer amable.
Ayaka levantó una ceja.
Reika lo miró sin expresión.
Yuuto bajó ligeramente la mirada.
—Estamos bien —respondió Ayaka con cortesía firme.
El chico no se fue.
—Pensé que podría invitarlas a algo. Yo pago.
Reika respondió sin elevar el tono.
—No es necesario.
Pero él insistió.
—Vamos, no sean así. Solo quiero ser amable.
Sus ojos volvieron a Yuuto.