La Maldicion De Ser Visto

Capítulo 22: Un paso más ligero

Cuando por fin se levantaron de la mesa, la cafetería ya había recuperado por completo su ritmo habitual. Las conversaciones volvían a fluir entre las mesas, el sonido de tazas y cubiertos volvía a ser parte del ambiente, y aunque de vez en cuando todavía aparecían miradas curiosas, ya no había esa tensión pesada que había flotado en el aire antes.

Era solo una tarde más, como cualquier otra, en un lugar lleno de gente.

Minori los acompañó hasta la salida, sosteniendo aún su vaso de café mientras atravesaban el pequeño pasillo que conectaba el local con la puerta de vidrio que daba a la calle. Afuera, la luz de la tarde comenzaba a bajar suavemente, teñendo de tonos cálidos y dorados los edificios del centro comercial. El aire se sentía fresco al salir, mezclado con el ruido suave de coches y pasos de gente que caminaba por la avenida principal.

Antes de cruzar la puerta, se detuvieron un momento.

—Bueno —dijo Minori mientras se acomodaba la correa de su bolso sobre el hombro—. Creo que aquí es donde me separo de ustedes.

Ayaka levantó una mano con una sonrisaja tranquila.

—Gracias por todo hoy, Minori-sensei. De verdad nos ayudaste mucho.

Reika inclinó ligeramente la cabeza en señal de respeto y agradecimiento.

—Apreciamos mucho que nos haya escuchado y entendido.

Minori hizo un pequeño gesto con la mano como si quisiera restarle importancia al asunto.

—Ya hablamos de eso. Lo importante ahora es ver cómo manejamos las cosas dentro de la escuela con cuidado y cabeza fría.

En ese momento, justo a un lado de la salida, Yuuto se había detenido frente a una vitrina de una tienda pequeña que exhibía collares y accesorios de colores suaves. Sus ojos estaban fijos en los diseños que brillaban detrás del cristal, completamente absorto en mirar sin darse cuenta de lo que estaban hablando las otras dos.

Era la oportunidad que Minori estaba esperando.

Miró primero a Ayaka, luego a Reika, bajando un poco la voz para que solo ellas pudieran escucharla, con una expresión que cambiaba de su seriedad habitual a algo más juguetón y amable.

—Aunque tengo que admitirles algo en privado —dijo ella con una sonrisa traviesa—. Estoy un poquito celosa de ustedes.

Ayaka parpadeó sorprendida.

—¿De qué? —preguntó, frunciendo levemente el ceño.

Minori se apoyó ligeramente contra el marco de la puerta, cruzando los brazos y mirándolas con objetividad.

—Miren esto con calma. Ese chico que está mirando la vitrina… Kanzaki es mucho más lindo que la mitad de las chicas que conozco.

Hizo una pequeña pausa antes de continuar, señalando apenas con la cabeza hacia la figura de Yuuto, que seguía distraído.

—Tiene el cabello largo y plateado que brilla con la luz, rasgos tan delicados que parecen sacados de una ilustración, y una figura elegante que se ve bien con cualquier ropa. Cualquiera diría que es una chica muy hermosa.

Su sonrisa se volvió un poco más divertida mientras miraba a ambas.

—La verdad es que cualquiera estaría muy feliz de tenerlo como alguien cercano… o incluso como novio.

Las palabras cayeron con suavidad, pero hicieron efecto de inmediato.

Ayaka sintió que sus mejillas se calentaban de golpe, volviéndose de un tono rojizo que no podía ocultar. Reika, por su parte, también perdió un poco su compostura habitual, con las puntas de sus orejas y sus mejillas teñidas de un color rosado claro.

—¡Minori-sensei! —protestó Ayaka de inmediato, intentando ocultar su cara con la mano.

—Eso es completamente inapropiado y fuera de tema —añadió Reika, tratando de mantener su tono serio aunque su voz sonaba un poco más suave de lo normal.

Minori soltó una pequeña risa suave, ni burlona ni molesta, sino satisfecha. Había visto la reacción que esperaba, y eso le bastaba.

—¿Qué? Solo estoy diciendo lo que cualquiera puede ver si lo mira con atención —dijo ella con tranquilidad, levantando ambas manos en señal de inocencia—. No digo nada malo.

—Pero él está justo ahí —murmuró Ayaka, todavía tratando de recuperar el aire.

—Además, no estábamos habando de eso —completó Reika, intentando volver a la seriedad.

—Claro, claro —asintió Minori, riendo bajito—. No se preocupen, no le diré nada. Solo quería que supieran que entiendo perfectamente por qué se preocupan tanto por él.

Se enderezó y se acomodó su cabello con calma.

—Bueno, no los entretengo más. Mañana nos vemos en el instituto. Y recuerden: cuiden bien a Kanzaki.

Sin esperar más, dio media vuelta y cruzó las puertas automáticas hacia la calle, alejándose con paso tranquilo y una sonrisa que todavía no desaparecía de su rostro.

Detrás de ella, Ayaka seguía intentando bajar el color de sus mejillas, mientras Reika se aclaraba la garganta para recuperar su compostura habitual.

Yuuto, por su parte, seguía de espaldas a ellas, todavía mirando con interés los accesorios de la tienda, sin haber escuchado ni una sola palabra de lo que habían hablado a sus espaldas.

Pero a pesar de todo, algo había cambiado en el aire.

Por primera vez desde que había salido de casa aquella mañana, el día había terminado sin miedo, sin tensión ni silencio pesado. Había terminado con algo mucho más simple: una sensación de alivio, y una pequeña risa que flotaba entre las tres.

Cuando finalmente se dieron vuelta y se acercaron a él, la tarde parecía un poco más ligera, un poco más brillante que antes.

Porque ese día, sin darse cuenta, Yuuto había dado pasos que antes le habrían parecido imposibles. Y lo había hecho no solo, sino acompañado de personas que ya no eran extrañas, sino quienes estaban dispuestas a caminar a su lado.

La tarde continuó después de salir de la cafetería, cargada de una calma ligera que ninguno de los tres quiso romper a primera hora. El aire fuera se había vuelto más fresco, y el flujo constante de gente por las calles del centro comercial les daba esa sensación extraña de estar dentro de un mundo enorme, donde todos avanzaban rápido sin detenerse en nadie… aunque en el caso de Yuuto, eso no fuera del todo cierto.




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