La Maldicion De Ser Visto

Capítulo 26: Donde la verdad es mas profunda

La cafetería seguía completamente en silencio.

Takemura ya no tenía esa expresión segura de hacía unos minutos.

La seguridad en sus ojos había desaparecido poco a poco desde que Minori comenzó a enfrentarlo delante de todos.

Y terminó de romperse cuando ella volvió a hablar.

—Antes de llegar aquí llamé a la policía.

Toda la cafetería reaccionó de inmediato.

Takemura abrió los ojos.

—¿Qué…?

Minori no apartó la mirada de él.

—Abuso de poder contra un estudiante.

Su voz seguía siendo firme.

—Y considerando que acaba de intentar exponerlo físicamente delante de toda la escuela, creo que será interesante escuchar cómo piensa justificarlo.

Takemura palideció un poco.

Por primera vez desde que todo comenzó, parecía realmente nervioso.

—E-espera un momento…

Minori no retrocedió.

—Hay cámaras.

—Hay testigos.

—Y hay grabaciones.

Miró alrededor una vez más.

—Así que no intente negar nada.

Takemura apretó la mandíbula.

Por un segundo pareció buscar alguna forma de escapar.

Alguna manera de culpar a alguien más.

Pero antes de que pudiera decir algo, una voz nueva resonó desde la entrada de la cafetería.

—¿Qué está pasando aquí?

Todos giraron la cabeza.

El director acababa de llegar.

Detrás de él venían dos guardias del campus y algunos profesores que claramente habían sido alertados por el caos.

Takemura soltó el aire de inmediato.

Como si hubiera visto una salida.

—Director, menos mal que llegó.

Se apresuró a acercarse a él.

—Este estudiante estaba—

—¿Qué cree que está haciendo?

La voz del director fue seca.

Cortante.

Takemura se quedó quieto.

—¿Qué…?

El director lo miró con el ceño fruncido.

—¿Desde cuándo usa su cargo para acosar estudiantes?

Silencio.

Takemura abrió los ojos.

Completamente confundido.

—D-director… usted fue quien—

—Lo que yo veo —lo interrumpió de inmediato— es a un rector agrediendo físicamente a un alumno frente a toda la escuela.

Takemura se quedó helado.

Porque entendió.

Entendió demasiado tarde.

El director acababa de soltarle la mano.

Y lo estaba haciendo delante de todos.

—N-no… espere…

Takemura dio un paso hacia él.

—Usted me dijo que—

—Ya es suficiente.

La voz del director subió un poco.

Lo suficiente para imponerse sobre toda la cafetería.

—Sus acciones son inaceptables.

Los guardias del campus dieron un paso al frente.

Takemura los miró.

Luego volvió a mirar al director.

Y por primera vez se vio realmente desesperado.

—¡No puede hacer esto! ¡Usted fue quien me pidió que me encargara de él!

El silencio que siguió fue pesado.

Muy pesado.

Pero el director no cambió de expresión.

Solo mantuvo esa mirada decepcionada y perfectamente calculada.

—Llévenselo.

Los guardias sujetaron a Takemura de los brazos.

El rector comenzó a resistirse.

—¡Me tendieron una trampa!

—¡Director!

—¡No puede dejarme solo en esto!

—¡Fue idea suya!

Pero nadie respondió.

Los guardias comenzaron a arrastrarlo fuera de la cafetería mientras él seguía gritando.

Y poco a poco su voz desapareció por el pasillo.

El silencio volvió.

Entonces el director acomodó un poco su corbata y suspiró.

Luego volvió a ponerse esa sonrisa amable.

Falsa.

Demasiado falsa.

—Lamento mucho que hayan tenido que presenciar algo así.

Nadie respondió.

Ni Minori.

Ni Ayaka.

Ni Reika.

Ni Shiori.

Ni siquiera Airi.

Porque ninguna le creyó.

El director observó brevemente a Yuuto.

Seguía escondido contra Shiori.

Temblando.

Sin levantar la cabeza.

Y aun así, la expresión del director no cambió.

—Desde aquí yo me encargaré personalmente de resolver este problema.

Minori lo miró directamente.

—Nosotras también.

La sonrisa del director apenas se tensó un poco.

Ayaka dio un paso al frente.

Todavía furiosa.

—Esto no termina aquí.

Reika se colocó a su lado.

Su voz fue mucho más calmada.

Pero también mucho más peligrosa.

—Vamos a asegurarnos de que nadie vuelva a acercarse a Yuuto de esta forma.

El director sostuvo sus miradas unos segundos.

Luego sonrió otra vez.

Como si todo estuviera bajo control.

Como si siguiera siendo el hombre más importante de la sala.

Pero ninguna de ellas se movió.

Ninguna bajó la mirada.

Porque todas entendían algo.

Takemura solo había sido una pieza.

Nada más.

Y el verdadero problema seguía ahí.

De pie frente a ellas.

Entonces Minori giró el rostro hacia Shiori.

—Llévalo a la biblioteca.

Shiori asintió de inmediato.

Airi dio un paso adelante también.

Claramente nerviosa.

Pero decidida.

—Yo… puedo ir con ustedes.

Shiori la miró un momento.

Luego asintió.

Y con mucho cuidado ayudó a Yuuto a ponerse de pie.

Yuuto seguía sin hablar.

Seguía escondido.

Seguía temblando.

Pero aun así…

cuando Shiori comenzó a caminar…

él la siguió.

La escuela entera explotó.

No había otra forma de describirlo.

Antes de que terminara la última hora de clases, los videos ya estaban en todos lados.

Los grupos internos de estudiantes.

Las redes sociales.

Las páginas anónimas de confesiones.

Incluso chats de exalumnos y apoderados.

Todo el mundo estaba viendo lo mismo.

Takemura sujetando a Yuuto.

Takemura intentando arrancarle la capucha.

Takemura acusándolo de manipulador delante de todos.

Y luego Minori golpeándole la mano, enfrentándolo delante de toda la cafetería y obligándolo a retroceder.




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