La pregunta de la madre de Yuuto quedó suspendida en el aire.
—¿Siguen dispuestas a cargar con todo eso por él?
Nadie respondió de inmediato.
No porque dudaran.
Sino porque la pregunta era demasiado grande.
Porque ya no estaban hablando solo de ayudar a alguien tímido.
No estaban hablando solo de proteger a un chico que sufría bullying.
Ahora sabían la verdad.
Sabían cuánto dolor había dentro de Yuuto.
Sabían cuántas veces se había roto.
Sabían que detrás de cada sonrisa pequeña, de cada mirada escondida, de cada movimiento nervioso y de cada página escrita en su libreta, existía alguien que llevaba años intentando sobrevivir.
Ayaka bajó un poco la mirada.
Reika apretó los puños sobre sus piernas.
Shiori seguía mirando el suelo.
Airi tenía los ojos húmedos.
Minori respiró hondo.
Pero antes de que cualquiera pudiera responder…
La cortina de la camilla se movió.
Todas giraron la cabeza al mismo tiempo.
Y el mundo pareció detenerse.
Yuuto estaba ahí.
De pie.
Quieto.
Sus ojos seguían rojos por haber llorado tanto.
Su cabello plateado caía desordenado alrededor de su rostro y parte de él todavía estaba un poco húmedo por las lágrimas.
Pero lo que más llamó la atención de todas…
fue que ya no llevaba la sudadera.
Por primera vez desde que lo conocían, Yuuto estaba frente a ellas sin esa enorme capa de tela escondiéndolo.
Solo llevaba una camisa clara y holgada que ya no lograba ocultar del todo la forma de su cuerpo.
Sus brazos eran delgados.
Demasiado delgados.
Sus hombros estrechos.
Su cintura fina.
Y aunque intentara esconderse un poco por costumbre, la tela ya no podía borrar por completo aquello que durante tanto tiempo había intentado ocultar.
Su pecho tenía una ligera forma.
No demasiado marcada.
Pero sí lo suficiente para hacer todavía más evidente por qué tantas personas lo confundían con una chica.
Yuuto se veía pequeño.
Frágil.
Como si todavía le costara estar ahí.
La madre de Yuuto se levantó de golpe.
—Yuuto…
Había sorpresa en su voz.
Porque incluso para ella aquello era nuevo.
Yuuto nunca salía así delante de otras personas.
Nunca.
Ni siquiera delante de quienes comenzaban a acercarse a él.
Siempre mantenía al menos una parte de ese escudo.
La sudadera.
La mascarilla.
Los lentes.
Algo.
Pero ahora no.
Ahora estaba ahí.
Frente a todas.
Con la libreta en una mano.
Y por un momento, todas pensaron que iba a escribir.
Que volvería a esconderse detrás de esas páginas como siempre.
Pero Yuuto no abrió la libreta.
Solo bajó un poco la mirada.
Sus dedos temblaban.
Su respiración también.
Y aun así…
habló.
—Y-yo…
El aire pareció desaparecer de la enfermería.
Todas levantaron un poco más la vista.
Porque esa era la primera vez.
La primera vez que escuchaban su voz.
Era una voz suave.
Muy suave.
Fina.
Delicada.
Tenía un tono femenino que encajaba demasiado bien con su rostro, con su cuerpo y con todo aquello que siempre intentó esconder.
Pero también era una voz pequeña.
Como si no estuviera acostumbrada a salir.
Como si cada palabra le costara.
Como si hubiera pasado demasiado tiempo guardada dentro de él.
Ayaka abrió un poco los ojos.
Reika se quedó completamente quieta.
Airi incluso llevó una mano a su pecho.
Shiori sintió que algo se apretaba dentro de ella.
Y Minori simplemente lo miró.
Sin apartar los ojos de él ni un segundo.
Yuuto tragó saliva.
Claramente estaba nervioso.
Muchísimo.
Pero aun así siguió.
—L-lo siento…
Su voz tembló un poco.
—No… no quería asustarlas.
Ayaka sintió cómo se le llenaban los ojos de lágrimas otra vez.
Porque incluso ahora, después de todo lo que había pasado, Yuuto seguía pensando primero en las demás.
Yuuto bajó un poco más la mirada.
Sus dedos se cerraron alrededor de la libreta.
—Yo… no quería… que me vieran así.
Su voz salió apenas.
Como un susurro.
—No quería… romperme delante de ustedes.
Nadie dijo nada.
Porque nadie quería interrumpirlo.
Porque todas sabían que si hablaban demasiado pronto… quizás él volvería a esconderse.
Yuuto respiró hondo.
Y luego levantó apenas la vista.
No mucho.
Pero lo suficiente para mirarlas.
Primero a Ayaka.
Después a Reika.
Luego a Shiori.
Airi.
Minori.
Y finalmente a su madre.
—Pero…
Su voz volvió a temblar.
—Gracias.
El silencio volvió.
Yuuto apretó un poco más la libreta.
—Gracias por todo.
Esta vez fue Ayaka quien se cubrió la boca.
Porque la voz de Yuuto dolía.
No porque fuera fea.
No porque sonara rara.
Todo lo contrario.
Dolía porque se notaba que era una voz que llevaba demasiado tiempo encerrada.
Una voz que no estaba acostumbrada a hablar.
Yuuto volvió a bajar la mirada.
—Gracias… por quedarse conmigo.
Sus ojos se llenaron un poco de lágrimas otra vez.
—Gracias por… hacerme sentir que no todo estaba perdido.
Shiori sintió cómo se le rompía algo dentro del pecho.
Porque Yuuto no estaba diciendo aquello como alguien que simplemente aprecia a sus amigas.
Lo estaba diciendo como alguien que realmente había pensado que ya no quedaba nada para él.
Como alguien que ya se había resignado a vivir solo.
Yuuto respiró hondo otra vez.
Pero esta vez tardó más.
Porque la siguiente parte era más difícil.
Mucho más difícil.
—Pero…
Su voz salió todavía más pequeña.
—No quiero que sigan conmigo… por obligación.