La Maldicion De Ser Visto

Capítulo 37: el final de un buen día

Mika se despidió de ambos unos minutos después, ajustándose la correa de su bolsa llena de materiales, asegurándose de que todo estuviera en su lugar.

—Nos vemos luego —dijo con suavidad, con esa sonrisa pequeña y tranquila que ya le era tan natural.

—Cuídate mucho —respondió Shiori, asintiendo con firmeza, como si le estuviera dando una instrucción importante—. Y recuerda lo que te dije: no olvides enseñarme absolutamente todos los dibujos. Ni uno solo se salva.

—Lo recuerdo, lo recuerdo —respondió él, negando con el cabeza divertido.

—Lo digo en serio.

—Lo sé, lo sé perfectamente.

Ambos se miraron un instante más y sonrieron. Era una de esas miradas que no necesitaban palabras, donde todo estaba dicho.

Luego, Mika giró ligeramente hacia Goro, enderezó la espalda e hizo una pequeña reverencia, educada y respetuosa, tal como había hecho antes.

—Fue un verdadero gusto conocerte, Goro-san.

—Igualmente, Mika-san —respondió el muchacho alto, devolviéndole el saludo con una amabilidad absoluta, sin sospechar ni por un instante quién tenía realmente enfrente.

Y con eso, Mika dio media vuelta y comenzó a alejarse, abriéndose paso entre la multitud que llenaba los pasillos del centro comercial.

Shiori se quedó quieta un momento, observándolo marcharse, siguiendo su figura con la mirada hasta que se fue mezclando entre la gente.

No lo hacía porque estuviera preocupada, ni porque temiera que le pasara algo. Lo hacía porque aquella simple imagen —la de él caminando solo, con la cabeza erguida, con paso firme y tranquilo— significaba mucho más de lo que cualquiera de las personas que pasaban por allí podría imaginar.

Verlo caminar solo.

Sin intentar esconderse detrás de nadie.

Sin huir ni apresurarse para llegar a un lugar seguro.

Sin mirar constantemente sobre su hombro ni revisar si alguien lo estaba mirando.

Simplemente caminando. Y avanzando.

Fue solo cuando su figura desapareció definitivamente entre el flujo de gente, perdiéndose a lo lejos, que Shiori volvió lentamente a la realidad, parpadeando como si despertara de un sueño.

Entonces Goro habló, rompiendo el silencio tranquilo que se había formado entre ellos.

—Es una persona muy agradable.

Shiori se giró hacia él, un poco despistada todavía.

—¿Eh?

—Mika-san —repitió él, mientras comenzaban a caminar nuevamente hacia la salida, con sus pasos largos y tranquilos—. Me cae muy bien. Es agradable, tranquila... muy dulce, de hecho.

—Sí —respondió ella, y una pequeña sonrisa, tierna y llena de cariño, apareció en sus labios—. Lo es. Más de lo que crees.

Caminaron en silencio unos segundos más. Goro cargaba la mayoría de las bolsas, acomodándolas con facilidad entre sus manos grandes y fuertes, mientras que ella solo llevaba las más pequeñas y ligeras, tal como él se había ofrecido a hacer desde el principio.

El ruido del centro comercial los rodeaba: conversaciones, música lejana, pasos, anuncios... pero entre ellos dos reinaba esa calma cómoda que se había creado poco a poco.

Hasta que Goro volvió a hablar, con su tono serio y reflexivo de siempre.

—También... es bastante cercana a ti. ¿Verdad?

Shiori sintió cómo un pequeño escalofrío de sorpresa le recorría la espalda, aunque trató de no demostrarlo. Giró la cabeza hacia él fingiendo naturalidad.

—¿Tan obvio es? —preguntó, tratando de sonar despreocupada.

—Un poco —respondió él sin dudar, mirándola de reojo—. Se nota mucho.

—Ya veo... —murmuró ella, bajando la mirada un instante.

—Y es curioso —añadió Goro, pensativo—. No suelo verte tan relajada con nadie. Ni tan... tú misma.

Shiori parpadeó, sorprendida de que él hubiera notado algo así.

—¿No? ¿Soy diferente con ella?

—Mucho —respondió él con total naturalidad, como si estuviera diciendo lo más evidente del mundo—. Cuando hablas con ella, te veo distinta. Más suelta, más alegre, más tranquila. Es como si todo lo demás dejara de importarte cuando estás con ella.

La joven apartó la mirada hacia los escaparates que iban pasando a su lado. No porque estuviera avergonzada exactamente... bueno, tal vez un poquito sí. Pero sobre todo porque era verdad: con él, con Mika, siempre se sentía así.

—Nos conocemos desde hace mucho tiempo —explicó despacio, eligiendo bien sus palabras—. Desde que éramos muy pequeños.

—Eso ya lo noté —dijo Goro de inmediato.

—Hemos pasado por muchas cosas juntos. Cosas difíciles, cosas bonitas... de todo un poco.

—También lo noté —repitió él, con esa capacidad suya de percibir cosas sin que nadie se las dijera.

Shiori sonrió suavemente para sí misma. Porque, técnicamente, no le estaba mintiendo en absoluto. Absolutamente todo lo que acababa de decir era verdad, al cien por cien. Solo que Goro no sabía que esa "vieja amiga" era en realidad el chico que conocía desde siempre.

—Es una persona muy importante para mí —terminó diciendo, con la voz baja pero clara—. De las más importantes.

—Lo imaginaba —respondió él simplemente, asintiendo con la cabeza.

Goro se quedó en silencio unos segundos más, caminando despacio, con la mirada fija al frente, como si estuviera dando vueltas a algo en su cabeza. De repente frunció ligeramente el ceño, confundido.

—Hay algo raro... —murmuró.

—¿Raro? —Shiori sintió cómo una pequeña alarma se encendía en su cabeza, poniéndose alerta al instante.

—Sí. Algo extraño.

—¿Qué cosa? —preguntó ella, tratando de mantener la voz estable.

—No sé explicarlo bien —admitió él, rascándose la mejilla con la mano libre—. Es una sensación nada más.

—Eso no ayuda mucho, la verdad —dijo ella, tratando de reírse para disimular su nerviosismo.

—Lo sé, lo sé... —Goro frunció aún más el ceño, concentrado—. Pero es que... siento que ya la había visto antes. En algún lado. Estoy seguro.

Shiori tuvo que morderse el interior de la mejilla con fuerza para no soltar una carcajada allí mismo. ¡Si supieras, pensó, si solo supieras cuántas veces la has visto y hablado con ella!




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