La Marca que no Elegí.

Capítulo 03

Nessa bajó la voz.

—¿Quieres que te acompañe a la clínica?

—No.

—Podríamos llamar a la doctora Sen.

—No.

—No tienes que hacerte la valiente conmigo.

Liria bajó la mirada. En el suelo, una gota de café se extendía lentamente junto a la pata de la mesa.

—No me estoy haciendo la valiente. Solo quiero terminar mi turno.

Nessa se acercó y le tocó el brazo. Liria aceptó el contacto, aunque le costó quedarse quieta. El calor de la mano de su amiga la devolvió al presente.

—Vale —dijo Nessa—. Termina tu turno. Pero si vuelves a sentirte así, me lo dices. No lo negocies.

—No lo negociaré.

—Y nada de irte a casa sola.

—Puedo defenderme.

—No he dicho que no puedas. He dicho que no vas a ir sola.

—Eso suena a una orden.

—Es una petición con muy mal carácter.

Liria soltó una risa pequeña. Esta vez fue real, aunque breve.

El resto de la mañana transcurrió sin incidentes. Atendió pedidos, limpió mesas y ayudó a la señora Bell a cargar una caja de leche. El efecto del aroma se desvaneció poco a poco, hasta que Liria pudo convencerse de que todo había sido una reacción al estrés. Una combinación de la pintada, la falta de sueño y aquel hombre extraño.

Sin embargo, cuando llegó la hora de su descanso, la doctora Sen no respondió a su llamada.

Liria dejó un mensaje. Luego otro.

No llamó una tercera vez. La clínica conocía su historial. Si fuera una urgencia, pensó, le devolverían la llamada.

A las cuatro de la tarde, la lluvia finalmente empezó.

Las gotas golpeaban las ventanas con la insistencia de dedos impacientes. Liria miró el reloj de la pared. Su turno acababa en diez minutos. Nessa ya se había puesto el abrigo y esperaba junto a la puerta.

—¿Te acompaño a casa?

—No hace falta.

—Liria.

—De acuerdo. Pero solo hasta la estación.

—Hasta tu edificio.

—Hasta la estación.

Nessa abrió la boca, probablemente para discutir. Entonces la señora Bell apareció desde la cocina con un sobre en la mano.

—Esto es para ti —dijo.

Liria frunció el ceño.

—¿De quién?

—El mensajero no dio un nombre. Lo dejó hace un rato.

El sobre era blanco, de papel grueso, sin dirección. Solo tenía su nombre escrito a mano: Liria.

No era la letra de alguien conocido. Las líneas eran rectas y cuidadas, con una inclinación leve hacia la derecha.—¿Lo has abierto? —preguntó Liria.

—No. Pero pesa bastante. Tal vez sea una carta.

Liria no lo tocó de inmediato.

—¿Cuándo llegó?

—Hace unos veinte minutos.

Nessa se colocó a su lado.

—No tienes que abrirlo aquí.

—Lo sé.

Pero su mano ya se había extendido hacia el sobre. No tenía sentido dejarlo sobre una mesa como si fuera a convertirse en algo menos inquietante por esperar.

Lo abrió con cuidado.

Dentro encontró una tarjeta de invitación y una fotografía.

La invitación estaba impresa en papel negro con letras plateadas.

CEREMONIA DE APERTURA DEL ARCHIVO VOSS

Esta noche, a las 20:00Residencia VossDebajo, escrito a mano, había una frase: Es hora de dejar de esconderse.

La fotografía mostraba a Liria saliendo de su edificio.

La imagen estaba tomada desde la acera de enfrente, quizá una semana antes. Llevaba el abrigo gris de siempre y el cabello suelto. No miraba a la cámara.

La sangre se le retiró del rostro.

Nessa tomó la fotografía y la observó. Su expresión cambió.

—Esto no es una invitación —dijo—. Es una amenaza.

—No lo sabemos.

—¿De verdad vas a decir eso?

—No quiero reaccionar sin saber quién la envió.

—Alguien te está fotografiando y deja una frase como esa. ¿Qué parte te parece que no sabemos?

Liria sostuvo la tarjeta. El papel le raspó los dedos.

La residencia Voss era conocida por todos en la ciudad. Una mansión antigua en la colina norte, rodeada de jardines y muros altos. La familia Voss llevaba generaciones controlando una de las manadas más influyentes de la región. Su apellido aparecía en las noticias cada vez que algún acuerdo se cerraba, alguna empresa cambiaba de manos o un político necesitaba una donación para su campaña.

Liria no conocía a ninguno de ellos.

No personalmente.

—¿Crees que debería llamar a la guardia? —preguntó Nessa.

—Sí.

—Bien. Eso ya es algo.

—Y después iremos a la policía.

—¿A la guardia o a la policía?

—A las dos.

La señora Bell miró la fotografía por encima del hombro de Nessa.

—Voy a acompañarlas.

—No hace falta, señora Bell —dijo Liria.

—No te he preguntado si hace falta. Te he dicho lo que voy a hacer.

—No quiero arrastrarla a esto.

—No me arrastras a ninguna parte. Trabajo aquí y vivo a tres calles. Si alguien te está vigilando, esto también es asunto mío.

Liria quiso responder. No encontró palabras que no sonaran como una protesta vacía.

El teléfono de la señora Bell vibró. Miró la pantalla.

—La guardia llegará en quince minutos.

Nessa guardó la fotografía en el sobre.

—Nos quedamos aquí hasta que lleguen.

Liria asintió, aunque una parte de ella ya estaba en la calle, corriendo bajo la lluvia. No sabía hacia dónde. Solo quería alejarse de la fotografía, de la frase, de la certeza de que alguien la había observado sin que ella se diera cuenta.

Es hora de dejar de esconderse.

—¿Tienes alguna idea de quién puede haberlo enviado? —preguntó Nessa.

—No.

—¿Alguien del trabajo? ¿De la universidad?

—No.

—¿Alguien relacionado con tu madre?

Liria la miró.

—Mi madre llevaba seis años muerta.

—Lo sé. Solo preguntaba.

—Nadie relacionado con ella podría saber dónde vivo.

—¿Estás segura?

—Sí.

La palabra salió demasiado rápido. Liria apartó la mirada.

No estaba segura. Hacía años que no estaba segura de nada relacionado con su familia.



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En el texto hay: omegaverse, +18, darkromace

Editado: 04.11.2026

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