La Mentira que te trajo a mí

Capítulo 1: Cuando el orgullo puede mas que el miedo

Millie Holloway

Siempre he pensado que el universo tiene un sentido del humor bastante cuestionable.

Después de todo...

¿Qué probabilidad había de encontrarme a mi ex prometido y a la mujer con la que me engañó en un evento benéfico un sábado por la mañana?

Exacto.

Cero.

O eso creía.

—Mira quienes vienen allá ¡la pareja del año!

Juro que no soy curiosa, pero más que cuchichear, me sobresalto ante los susurros-gritos de las chicas a mi lado. En el instante en que levanté la vista, deseé que la tierra se abriera bajo mis pies, me absorbiera y jamás me devolviera.

De todas las personas que podían aparecer en ese evento, tenían que ser ellos.

Jostin y Vanessa.

Puede que no haya notado su presencia antes, pero ellos… jamás perderían la oportunidad de pavonearse.

Venían directamente hacia mí con esas sonrisas falsas que conocía demasiado bien.

Retrocedí un par de pasos por puro instinto y recorrí el lugar con la mirada, buscando una salida, un árbol detrás del cual esconderme o, mejor aún, un portal que me transportara a cualquier otro sitio.

¿Cómo demonios salgo de esta?

Demasiado tarde.

—¡Millie! —La voz aguda de Vanessa atravesó el jardín, demasiado molesta—. ¡Qué alegría verte! ¡No sabes cuánto te he extrañado!

Mentira.

Podía escuchar la falsedad incluso antes de que me envolviera en un abrazo que olía a perfume caro y superficialidad. Aguanté la respiración mientras dejaba un beso exagerado sobre mi mejilla.

Si existiera un premio a la mejor actriz del año, Vanessa Bradford ahora... se llevaría el primero.

Jostin sonrió detrás de ella.

La misma sonrisa arrogante.

La misma que una vez confundí con cariño.

Y la misma que había visto desaparecer el día que descubrí que mi prometido llevaba meses acostándose con mi mejor amiga.

Bonita manera de enterarme de que el amor no solo era ciego. También estúpido.

No es que siguiera enamorada de él.

Ni cerca.

Ni en mis peores pesadillas.

Después de incontables sesiones de terapia y demasiadas noches preguntándome qué había hecho mal, entendí que el problema nunca fui yo.

Ellos simplemente pertenecían al mismo mundo.

El de las familias millonarias, las sonrisas perfectas, las apariencias impecables y la absoluta certeza de que podían tener todo lo que quisieran.

Yo no.

Mi hermana Heily y yo crecimos en el oeste. Hija de granjeros, no hubo joyas, ni mansiones. No heredamos empresas ni fondos fiduciarios; heredamos cuentas por pagar y la costumbre de trabajar hasta el cansancio.

Así que no.

Nunca pertenecí a ese mundo.

Y, siendo sincera, tampoco quería hacerlo.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Jostin.

¿En serio?

Levanté una ceja y señalé el enorme cartel del evento.

—Déjame pensar... Una recaudación de fondos que creo que la empresa donde trabajo ¿No estamos todos aquí por la misma razón? —solté de forma sarcástica.

Irónico.

Vanessa soltó una risita irritante.

—Mis padres nos pidieron representarlos. Además, acabamos de comprar esta preciosidad.

Miré al diminuto perro blanco que sostenía en brazos. Ni siquiera lo había notado por el abrigo que la envolvía a ella, apenas y ese cachorro podía sacar la cabeza.

—¿Comprarla? Pensé que tu tía tenía un refugio lleno de perros.

—Sí, pero esta combina con mi abrigo.

Tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no reírme.

¿Quién demonios escogía una mascota para combinarla con un abrigo?

Vanessa hizo el intento de acariciarlo, paso sus dedos por el pelaje del canino. Su desagrado fue evidente cuando en respuesta, el perrito le lamio los dedos.

Pobre perrito, de entre toda la gente a que manos vino a caer…

Carraspeo para llamar su atención, y pongo la sonrisa más falsa que puedo. —Fue un gusto verlos, pero debo volver… Me necesitan allá dentro.

Mentira.

Nadie me necesita.

Solo necesitaba alejarme de ellos antes de que terminaran de arruinarme el día.

—Quédate un rato —dijo Vanessa mientras se aferraba al brazo de Jostin—. Cuéntanos... ¿cómo va tu vida?

Ahí estaba.

La verdadera razón por la que se habían acercado.

Sonreí.

—Muy bien.

—¿Y.… sales con alguien?

Claro.

Esa era la pregunta que llevaba esperando desde que me vio.

No quería saber cómo estaba.

Quería comprobar si seguía siendo la pobre idiota que habían dejado hecha pedazos meses atrás.

Lástima por ella.

No pensaba darle ese gusto.

Vanessa ladeó la cabeza con esa falsa expresión de preocupación que dominaba a la perfección.

—Me alegra que hayas salido adelante. Después de... bueno, ya sabes. Jostin y yo nos sentimos muy mal por cómo terminaron las cosas.

¿En serio?

Tuve que contener el impulso de soltar una carcajada.

Sentirse mal no les impidió anunciar su compromiso apenas unos meses después de haberme roto el corazón.

—Pero ya pasó mucho tiempo —continuó con una sonrisa impecable—. Espero que hayas encontrado a alguien que te haga feliz.

Qué detalle.

Primero destruyen mi vida.

Luego se ofrecen a reconstruirla con palabras bonitas.

Jostin intervino como si aquello fuera una conversación entre viejos amigos.

—Te lo mereces, Millie.

Por un instante olvidé cómo respirar.

¿De verdad acababa de decir eso?

El mismo hombre que me juró un futuro mientras compartía su cama con mi mejor amiga ahora me deseaba suerte en el amor. Sentí nauseas y un mal sabor en el fondo de mi garganta.

Definitivamente, la ironía tenía un sentido del humor bastante cuestionable.

Respiré hondo.

No iba a llorar.

No iba a discutir.

Y, sobre todo, no iba a regalarles la satisfacción de verme derrotada.

Fue entonces cuando lo vi.

Al principio solo distinguí un traje oscuro avanzando entre la multitud.




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