Millie Holloway
Esto va a salir terriblemente mal.
—Debes de estar confundido. Nunca les había hablado de ti. No pensé que fuera importante... hasta ahora.
El hombre giró lentamente la cabeza hacia mí. Sus ojos recorrieron mi rostro como si intentara averiguar si estaba bromeando.
No lo culpaba.
Yo también empezaba a preguntármelo.
—¿Perdón? —preguntó.
Bien.
Todavía estaba a tiempo de salir corriendo.
Podía fingir un desmayo.
Lanzarme a la fuente.
O adoptar un perro e irme a vivir al bosque.
Ninguna opción sonaba peor que enfrentar otra sonrisa de Vanessa.
Apreté un poco más su brazo.
—Por favor... —susurré apenas moviendo los labios—. Solo cinco minutos.
Él bajó la vista hacia mi mano. Después volvió a mirarme, no había molestia, solo una inquietante curiosidad, y eso era incluso más peligroso. Respiré profundamente, no había vuelta atrás. Al girarme de nuevo hacia Vanessa y Jostin, anuncie:
—Él es mi prometido.
Silencio.
Dios.
Qué silencio tan incómodo.
Tragué saliva. —¿Verdad, amor?
Le lancé la sonrisa más convincente que encontré en mi repertorio.
Por dentro estaba negociando con todos los santos. Ayúdame y prometo dejar de tomar decisiones impulsivas.
Mentira.
Ni yo me creía eso.
El desconocido carraspeó.
Durante un segundo pensé que iba a apartarse, o peor, que diría "No conozco a esta mujer."
Entonces sonrió.
Despacio.
Con esa clase de sonrisa que no inspira confianza, la clase de sonrisa que dice: "Esto puede ser divertido."
—Claro, cariño.
Mi corazón volvió a latir.
—Me sorprende que nunca me hablaras de ellos. —se acercó un poco—Estoy seguro de que los recordaría.
Su voz era baja. Tranquila. Peligrosamente tranquila.
—Recuerdo todo lo relacionado contigo.
¿Perdón?
Giré apenas la cabeza para mirarlo.
Eso no estaba en el guion.
Ni siquiera existe un guion.
Y antes de que pudiera preguntarme qué demonios hacía, acorto la distancia entre nosotros, y de pronto sus labios se acomodaron sobre los míos.
¿Qué?
Fue un roce.
Breve.
Mantuve los ojos abiertos, el tiempo suficiente para ver a Vanessa abrir ligeramente la boca, y para que mi cerebro olvidara cómo funcionaban las neuronas. Cuando se apartó seguía mirándome divertido, como si acabara de descubrir que yo era el entretenimiento de la noche.
Perfecto.
Acababa de besar a un hombre cuyo nombre ni siquiera conocía.
Perdón mama.
—Austin Sterling.
Su voz volvió a sonar.
Le estaba estrechando la mano a Jostin.
Ah.
Austin.
Bonito nombre, conveniente recordarlo, sería incómodo olvidar el nombre de mi propio prometido.
—Es un placer conocerlos.
Jostin respondió al saludo, aunque la sonrisa que llevaba puesta no alcanzó sus ojos. Vanessa se recompuso, quizá en trance por la sorpresa, pero si en algo era buena era en improvisar, especialmente cuando la mentira la beneficiaba.
—Me alegra mucho que Millie haya encontrado a alguien.
No.
Lo que querías decir era: "¿Cómo consiguió un hombre como este?"
Sonreí con toda la dulzura que fui capaz de fingir.
—Austin es...
Demonios.
¿Qué era Austin?
No podía decir "el amor de mi vida", eso era demasiado. No podía decir "mi novio". Ya lo había ascendido a prometido.
Austin me salvó otra vez.
—Llevamos demasiado tiempo juntos para andar contando los años.
Sentí su mano deslizarse hasta mi cintura.
No hizo fuerza, ni me acercó demasiado, pero bastó ese simple contacto para que olvidara la mitad del discurso que llevaba preparado.
¿Todos los hombres olían tan bien?
¿O este era un problema exclusivamente suyo?
Mal momento para descubrirlo.
Muy mal momento.
Vanessa nos observaba como un halcón, no podía bajar la guardia.
—Es lo mejor que me ha pasado.
Esta vez sí miré a Jostin.
Directamente.
—No cambiaría mi presente por absolutamente nada.
Vi cómo su mandíbula se tensaba apenas un instante, una pequeña victoria, quise darme palmaditas en la espalda.
Austin sonrió.
—Eso espero, cariño.
Bajó apenas la cabeza.
—Sería una tragedia descubrir que tienes mal gusto.
Tuve que morderme el interior de la mejilla para no reír.
Este hombre era un peligro.
Improvisaba mejor que yo.
Y, lo que era peor, parecía disfrutarlo demasiado.
—Pero debemos irnos —dijo Austin con absoluta tranquilidad, sin apartar la mano de mi cintura—. Tenemos planes para esta noche.
¿Planes?
Lo miré de reojo.
¿Desde cuándo teníamos planes?
No recordaba haber organizado nada con el hombre que acababa de conocer hacía menos de cinco minutos.
—Antes de que se vayan... —intervino Vanessa con una sonrisa que no inspiraba absolutamente nada de confianza—. Me encantaría que asistieran a nuestra fiesta de compromiso. Y, por supuesto, a la boda.
No.
Mi sonrisa permaneció intacta, pero por dentro entré en pánico.
No.
No.
No.
Aquello no formaba parte del plan.
Bueno... tampoco existía un plan.
Solo una mentira desesperada que, hasta hacía unos segundos, había parecido brillante.
—Será dentro de veintidós días —continuó Vanessa—. Espero que puedan acompañarnos.
Veintidós días.
Mi cerebro empezó a hacer cálculos absurdos.
Podía cambiar de ciudad.
Cambiar de trabajo.
Cambiar de identidad.
Incluso fingir mi propia muerte sonaba más sencillo que sostener aquella mentira durante tres semanas.
Abrí la boca para inventar cualquier excusa.
—Nos encantará asistir.
Giré el cabeza tan rápido hacia Austin que estuve a punto de lesionarme el cuello.
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Editado: 18.07.2026