La Misteriosa Chica Del Piso 14 - Finalizado

CAPITULO CATORCE – UNA CAMINATA POR EL BOSQUE PARTE 1

Natasha

Oh!, es un hermoso amanecer, el cielo es tan brillante y azul que mi alma suspira anonadada ante su belleza. Una dulce melodía puedo escuchar a lo lejos tras una pradera.

El viento sopla y hace que mi cabello se revuelva al ritmo de la música del silencio, estoy tan feliz y en calma que desearía estar por siempre en este bello lugar.

Camino entre las flores que hay en un sendero que va hasta una pequeña casita de madera en lo alto de la montaña. Han pasado muchos años desde que el dolor en mi corazón nació, y lo único que me mantiene viva es esta casita, llena de recuerdo, alegría y a la vez llantos por uno que otro cuento creado por mi papá, fue un gran hombre que se marchó de mi lado cuando más lo necesite.

Camino entre las habitaciones de la pequeña casita de madera y en cada habitación un recuerdo fugaz nace, un peluche, unas rosas, caramelos, cereales juguetes y muchos libros, pero algo falta allí, ¿un espacio en el librero?, mirase por donde mirase faltaba un libro y ¡oh! Sorpresa, el dibujo que tenía en un marco también ha desaparecido, sin embargo se dónde están. Están en las manos de aquel joven en el metro, aquel joven con una mirada tierna, pero quien es él; como deseo que sea Adrián.

Guao, al decir su nombre sentí miedo y temor, acaso mi amor por él es un peligro, porque veo su sonrisa distorsionada, porque siento tanto miedo, quien es él, que hace ese hombre junto a Adrián, porque ambos me miran y desnudan mi cuerpo, grito, lloro, golpeo. Pero nada hace que se alejen de mí, siento que perdí esta pelea, siento que jamás saldré de esto.

Mis muñecas duele y pido ayuda pero nadie me mira, todos huyen de mí, veo mis manos, ¿es sangre?

Ya veo decidí terminar con este dolor; trato de dormir, pero alguien me toma entre sus brazos, está temblando, siento su respiración en mis mejillas, abro mis ojos y veo su rostro, es hermoso, es mi ángel, pero su mirada está perdida, lagrimas recorren sus mejillas hasta sus labios, trato de decirle que estará todo bien pero mis palabras, mis palabras no fluyen, ¿no puedo hablar?, una vez más veo su rostro y me recuerda aquel chico en el metro, aquel joven sonrojado, aquel chico me sonrojo y trato de huir por mi timidez, oh! Rayos, mi libro, oh! Lo recordé mi libro y mi dibujo los olvide aquel día, aquel chico los tiene. Abro una vez más mis ojos y lo veo nuevamente ¡es él!, lo encontré.

(…)

Siento cálida mi mano y también un leve dolor en mis muñecas… seguiré aun soñando, quiero abrir mis ojos pero los siento tan pesados que me rindo en mis intentos, nuevamente intento abrirlos.

Parpadeo varias veces hasta que mi vista se aclare, mire a mí alrededor y él está allí, sostiene mi mano con delicadeza, mientras tiene un rostro tímido y cansado pero a la vez alegre.

— Buenos días

— Buenos días sonríe mientras lleva su mano a mi cabello — ¿duele?

— Solo un poco

— Es mejor que descanses

— Lo hare.

JOEL

Habían pasado tres días desde que Nath había ingresado al hospital su estado anímico ya había mejorado mucho y le darían de alta, lo más sorprendente de estos tres días es que sus padres o bueno su madre no vino a visitarla en ningún momento, quise comunicarme con ella pero Nath me detuvo y me pidió que no lo haga, entendí sus motivos evite preguntar porque tomo tal decisión. Pedí a mamá que Nath se quedara en nuestra casa hasta que pudiera usar sus manas y no lastimarse.

Nath parecía más callada desde entonces sin embargo sonreía más de lo habitual y asentía con su cabeza cuando le hablaba de algo cómico que veía en la televisión, la verdad me sentía como un niño junto a ella. Sabía muy en el fondo que tarde o temprano debía hablar de lo que sucedió y pedirle disculpas de lo sucedido y a la vez regañarla por actuar de esa forma.

(…)

Llevaba dos semanas viviendo Nath en casa de mis padres, ayudaba a mi madre en la mayoría de quehaceres aunque ella le pidiese que no lo hiciera, Nath insistía en ser “una chica de casa”, eso fue muy curioso pues mi madre le respondió de esta manera “claro que si señorita, mientras haga feliz a mi hijo, sé que será una buena esposa”, sentí ruborizarme y cuando vi a Nath tras aquel comentario, vi como sus mejillas se pusieron de un color rojo, y tartamudeo sin hallar una respuesta.

— Hola, emm… Nath ya que es nuestra última semana en casa, quisieras conocer un lugar

— Por su puesto, me gustaría conocerlo la note muy alegre, su sonrisa la delataba




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