La mujer milenaria

Capítulo 3 - Campos de arroz

Han pasado siete días desde que llegué a esta época,

he visitado algunos rincones de Kioto, pero

no he visto a ninguno de mis hermanos o a Naxiel o su tío.

Espero que no hayan llegado aquí. Esto es un infierno.

Karmine se desperezó en la cama.

Se colocó su vestido blanco de seda y dejó durmiendo a Yuri, llegó hasta el pequeño palco, no era la mejor vista que podía tener, pero al menos ya no dormía tan mal como en aquellas camas hechas de heno en las habitaciones sin ver la luz del sol.

Se volvió y sentó frente a un escritorio similar al que tenía Yuri en su oficina. Todavía le sorprendía lo claro que lograba leer kanjis como si siempre hubiese vivido allí. Poco sabía sobre aquella lejana cultura y País, pero al menos sabía que estaba en el pasado y lo más importante, se podía comunicar con las personas de allí.

Yuri le había entregado un mapa de la capital, no era algo exacto. Pero era mejor que ir buscando puerta por puerta a sus hermanos. Tachó una cruz en un pequeño barrio al sur y ya casi había revisado el diez por ciento del mapa.

Por favor, Creador, necesito encontrarlos con vida. Si están aquí, que no se lo lleven a otro País me tomaría décadas volver a saber de ellos. Espero que Sabira y Deina no corran el mismo destino que el mío y que logren proteger a Guntiel.

Terminó su pequeña plegaria y escuchó que Yuri se acercaba por detrás, besé su cuello. Luego sus manos, Karmine esbozó una débil sonrisa, tenía algo de suerte al haber encontrado algunas comodidades del su antiguo futuro, pero algo faltaba. Lo único que había hecho en aquellos días había sido acostarse con el comandante. Buscar a sus hermanos, y nada más. Eso estaba volviéndola loca, poco a poco.

—Quiero hacer otras cosas —dijo Karmine—, aunque estaría más a gusto en el planeta Atoom con mi familia y preocupada por la ropa que comprar a miles de créditos. —susurró muy por lo bajo.

—Ni siquiera me has dicho que buscar —respondió Yuri, mirando el mapa detalladamente—, si me lo dijeras podría poner a unos guardias a registrar la ciudad. —Karmine negó con su cabeza.

—Mientras menos sepas, mejor —dijo la mujer de cejas y cabello blanquecino.

—Pero no me puedo casar con alguien que no sé de dónde viene —dijo Yuri—, escondes muchas cosas Arbina.

—Prometo que te contaré todo lo que pueda, pero necesito tiempo —Karmine tomó las manos de Yuri y lo miró, este asintió.

—Si sales de vuelta a buscar algo deja que Chin te acompañe —expresó Yuri—, hay algunos rincones peligrosos y una Arbina como tú podría ser secuestrada con facilidad —Karmine tocó su cabeza dónde todavía tenía un poco hinchado a pesar de que había pasado una semana desde el golpe de la mujer china. Ella asintió y se volvió detrás de un shoji para poder cambiarse y salir al patio principal del palacio.

Una hora después se encontraba en el patio admirando como entrenaban los futuros samurái con espadas de madera al compás de las órdenes del instructor. Escuchó como aclaraban la garganta detrás de ella, se trataba de Chin, con su rostro serio y brazos cruzados.

—Créeme —dijo Karmine girándose para caminar fuera del palacio, pero la mujer china o japonesa que había arrastrado a Karmine por toda la ciudad hacía unos días se interpuso.

Para su sorpresa la mujer se arrodillo y agachó su cabeza, Karmine miró a su espalda y Chin estaba apretando levemente su quijada.

—Me presento Arbina —exclamó la mujer de maquillaje blanco—, mi nombre es Onna Bugeisha, lamento de corazón como la trate y me han asignado a que la acompañe.

—¿Sí? —preguntó Karmine entrecerrando sus ojos y alzando una ceja blanquecina. — ¿Y quién ha dado la indicación?

—Mi primo —expresó Onna—, el comandante Minamoto Yuriyoshi.

—¿Eres pariente de Yuri? —Onna contestó asintiendo con su cabeza, soltó un suspiro. — Créeme yo tampoco quiero estar con ustedes, pero Yuriyoshi insistió.

—¿Cómo hiciste para escuchar?

—Tengo un buen oído —exclamó Onna mientras salían de las murallas del pequeño palacio.

Recorrieron calles enteras, al menos ahora no era arrastrada como esclava y pronto sería pariente de aquella mujer. Pronto llegaron hasta una gran casa donde albergaban a mujeres, sin oportunidad de prosperar en ninguna labor. Era un poco extremista buscar a sus hermanos allí pero no quedaba de otra. Los recibió una anciana que fumaba una pipa más larga que su propio brazo caló un par de veces antes de reverenciarlos, los hizo pasar en el acto.

—Recibí la noticia de que llegaría el día de hoy. —dijo la mujer de la pipa—, si buscan alguna sirvienta, tengo mujeres en el último piso.

—¿Puedo hablar apartada de ustedes? —preguntó Karmine al lado de Onna, ella se encogió de hombros.

—¿Para qué preguntas? —cuestionó Onna—. Estamos aquí por órdenes mayores. Puedes hacer lo que quieras.

La mujer conocida como Arbina llamó con señal de sus manos.

—Estoy buscando a dos mujeres. Una de unos veinte y otra de unos dieciséis. Son parecidas a mí...



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En el texto hay: familia, romance, guerra

Editado: 03.10.2026

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