La Musa del Ceo

Capítulo 2

Alguien hablaba a su lado que no se dio de cuenta, estaba tan absorta pensando en la conversación que había tenido con su amiga, esa misma mañana. Antes de ir a la cita con su amigo, que no se percató que el había llegado.

 

— Vaya... vaya... duendecita estás distraída, cuéntame qué ha pasado con tu amiga, ¿Por qué es tu amiga, verdad?. —Stuart siempre llamaba a Amy, duendecita por su estatura.

— ¡Oh Stuart!. Me invitó al campo con un amigo, pero no acepte, tenía que venir a verte. —le dijo ella mirándolo a los ojos.

— A caray mi duendecita, que te puedo decir. —tomándola de la mano.

— ¿Por supuesto que tienes algo que decirme?. —le pregunto ella dejando que tomara su mano. — Tienes razón, sin embargo, vamos a comer algo, ¡tengo un habré!. —exclamando las últimas palabras.

— Está bien vamos a esa esquina de allí hay, podemos comer algo.

 

El restaurante se encontraba casi vacío. Era un día tranquilo, y con excepción de una persona con mirada enfadada que se sentaba solo en una mesa del rincón, el local estaba desierto. Bárbara, la dueña, anotó los pedidos de ellos con una sonrisa.

 

— Un local agradable para tener una compañía agradable y comer rico Stuart. —expresó ella, mientras miraba así el rincón, con el ceño fruncido al observar a la persona sola y preocupada, la dueña le expresa.

— Él trajo una pequeña nube negra con él, y está creciendo. —le dijo con cara de tristeza.

— ¿Quién es?. —Amy se acercó más a la dueña y ella le expresa o que había pasado con el hombre.

— Se llama Fran trabajo hasta hoy como vigilante, en la residencia dónde vive el famoso violinista Cristian Nilssen. —Stuart miró a Bárbara luego al hombre del rincón.

— Parece que está enfadado. —dijo Stuart, Bárbara le responde. — La esposa del violinista lo despidió, esta mañana eso no es vida. — Bárbara le dio una rápida mirada a Stuart. Y se fue a la cocina por el pedido.

— Bueno vamos a hablar del trabajo, deja al hombre a un lado. —le dijo el a Amy.

— Vaya Stuart, que vida la de ese hombre ahora sin trabajo. —Amy no dejaba de pensar en el hombre.

— Bueno puedes hacer nada, y a lo que venimos. —le dijo el para que prestara atención. — Quieres o no que hablemos del trabajo. —tocándole la nariz para que le prestara más atención.

— Eso si está mejor hablemos de trabajo. —en un momento ella se olvidó del hombre del rincón y presto atención a Stuart. — Cuéntame en dónde voy a comenzar a trabajar.

— Vas a trabajar, en una casa de familia. Y por casualidad ese hombre que está frente de ti en ese rincón, es una persona que no merecía que lo despidieran. Pero bueno al caso es que vas a trabajar en la casa de Christian Nilssen. —ella dio un respigo de sorpresa por la noticia que el dio su amigo.

— ¡Qué!. —exclamo ella, que el hombre del rincón se le quedo mirando.

— Bueno veo que es una sorpresa para ti, porque vas a trabajar con esa familia mañana mismo duendecita.

— ¡Cómo!. —lo dijo sorprendida de nuevo.

— Sí, Ami vas a trabajar con la señora Nilssen limpiando su apartamento. Quiere decir que vas a trabajar directamente con la esposa del famoso pianista.

 

Había una mirada raramente en ella, algo que la hacía dudar sobre esa mujer que había despedido al el hombre, y que iba a trabajar con ella. Stuart a darse cuenta de ello la dispersó deprisa con lo que traían Bárbara, ofreciéndole la comida que habían pedido. Después de aquella conversación con Stuart esa noche, tenía que tratar de dejar todo arreglado, para su nuevo trabajo.

Ella estaba preocupada por aquel hombre que fue despedido, por la dueña dónde ella iba a trabajar y sintió que tenía que andarse con cuidado. Ella había estado en la misma posición, cuando la despedían de algún trabajo y sabía que era aquello.

 

Cuando estaba en la parada de autobús para irse a su casa. De pronto de sorpresa se consigue un amigo que tenía tiempo que no lo veía, desde su último trabajo.

 

— Hola duendecita, como está todo. —le dijo Marcos con gran alegría de volverla a ver.

— Vaya tiempo sin verte, Marcos. Cuando dos semanas. —dijo ella señalándole con el dedo

. — He estado muy ocupado. —lo dijo con tristeza al mirarla. — Que te puedo decir.

— Nada, cosas de la vida, Marcos. —mirando que ya venía el autobús.

 

Ella aún estaba pensando en las palabras de Stuart, como también por su propio comportamiento de ser sobre protectora, con sus más allegados. Ahora lo sabía, había deseado ese trabajo para no recordar el pasado. En eso Marcos le dice.

 

— Esta lejana duendecita, que te ocurre. —dijo el sacándola de sus pensamientos.

— Estoy pensando mucho en este trabajo nuevo que me ha encontrado mi amigo Stuart. Y en un hecho ocurrido cuando conversaba con el. —dijo ella frunciendo el ceño.




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