Una de las cosas que detestaba de este compromiso era su fecha, solamente porque esta ya se aproximaba, no me quedaba mucho tiempo de libertad y la información que he recolectado no es demasiada según el fiscal, ya que algunas no son contundentes, además se necesita saber quienes les ayudan a cambiar las evidencias. Lo que llevo viviendo con Bruno es un completo infierno, se notaba que su objetivo era hacerme daño y aunque deseara que no fuera de ese modo lo ha logrado.
Pero sigo.
No podía darme el lujo de perder, estaba encerrada en un bucle horrible de mi vida dónde cada día la salida se hacía más complicada, porque en el momento que fuera y pisara aquel altar me iba a condenar eternamente, donde solo perecer sería mi salvación. Salí de la casa con la frente en alto, debía ir a una cita para la prueba del vestido, la última antes de la boda, pero iba con tiempo para llegar.
Mientras caminaba por la calle observaba a las personas a mi alrededor, todos iban felices mientras yo me había levantado en medio de un sentimiento de derrota, pero aun así quería cambiarlo a victoria, solo que me resultaba difícil hacerlo luego de tanto tiempo luchando. Admitía que parte de mí quería irse lejos para no volver y tener un poco de tranquilidad.
Mi teléfono suena y veo que se trata de Antonio.
—Antonio, ¿cómo estás? —le digo apenas le respondo—. No esperaba tu llamada en estos momentos.
— ¿Cómo te encuentras? —me pregunta.
—No muy bien, voy a probarme el vestido, quedan pocos días y ya no sé donde más buscar para lograr evitar la boda—digo haciendo mala cara.
—Lo has intentado por años y aún nada, ya has aguantado demasiado—me dice—. Seguir con esto está acabando contigo.
Quiero acabar con ellos, destruirlos y que vayan a prisión.
—Yo acabaré con ellos primero, sé que lo haré—Justificó—. Me falta poco para hacerlo.
—Amalia, sé que quieres hacerlo, pero ¿Te das cuenta de que son 2 contra todos aquellos que tu padre tiene comprado?—me regaña.
Eso lo tengo claro, son muchas personas involucradas en todo esto, pero aun así no podía dejarlos seguir adelante con sus actos criminales, muchas personas inocentes ya han pagado las consecuencias y es momento de que los verdaderos culpables lo hagan.
—Lo sé, por eso no me quiero rendir, deseo hacerlo—mi voz salió como una súplica.
—Te estás lastimando, no solo físicamente, si no emocional y sé que no soy psicólogo, pero sería estúpido si no me doy cuenta hasta qué punto te afecta todo lo que ha sucedido en estos 5 años y nueve meses.
—Antonio por favor, sé que lo haré—le repito.
—Deberías escapar, esconderte y empezar de cero—me sugiere.
—Escapar es de cobardes—me molesto por su sugerencia.
—No. Es de valientes y quedarte donde te hacen daño es de cobardes—Me quedo callada—. Sí te casas con Bruno solo recibirás más daño del que ya tienes. No dudo que eres fuerte Amalia, pero agarra tus cosas, vete y escóndete, vive una nueva vida lejos de ellos, porque te termina destruyendo como a todo lo que han ido destruyendo.
—Hablamos luego—le colgué.
Sabía que tenía razón, pero aun así me negaba a irme, era demasiado testaruda como para hacerle caso ahora. Seguí mirando como se entretenían hasta que llegue por fin al lugar donde era la prueba del vestido, avise de mi llegada y pasamos directo a los vestidores. Aquel vestido no era feo, me quedaba bien, pero la miserable idea en mi cabeza de ir hasta el altar me disgustaba.
Náuseas me daban.
Por mi mente pasó lo que sería mi próxima vida si fracaso de nuevo y no estaba preparada para eso. Mis manos se cierran fuerte cuando el enojo se hace presente, salgo del sitio y procuro calmarme mientras le mandó un mensaje a Antonio.
Amalia
Escaparé.
Lo mandó y no espero respuesta, me dirijo a la casa de mi padre de manera rápida. Si iba a hacerlo sería de inmediato, si intentaba esperar terminaría por arrepentirme y cuando cayera en cuenta estaba en la boda que ahora deseo evitar. Todo iba a salir bien, sabía que mi padre no se encontraba en casa y eso me daba ventaja sobre mi escapada.
Yo podía.
La mejor forma que tengo ahora sería irme y desaparecer por un tiempo, esperar y luego volver para intentar atraparlos, por ahora solo deseaba irme, aunque no fuera por mucho tiempo, después informará respecto a mi partida. Cuando llegué a la casa fui directo a la oficina de mi padre en busca de su caja fuerte.
Iba a llevarme dinero.
Introduje la clave y sabe varios fajos de billetes y los metió en mi bolso. No pensaba irme con las manos vacías. No tenía tiempo para contar cuanto me llevaba, pero esperaba que fuera lo suficiente para el tiempo que me quedaría afuera, que claramente deseaba estar mucho tiempo afuera.
Debía apresurarme.
Cerré de nuevo la caja fuerte y salí corriendo de la oficina, dudé un instante si irme sin maleta, pero no tenía tiempo para eso, entre más rápido dejará la ciudad más fácil sería para mí. Mi teléfono volvió a sonar y vi que era una llamada de Antonio, pero preferí no responder, apenas terminó de sonar me llegó un mensaje suyo con un boleto de avión hacia New York.