La niñera del Alfa

Capítulo 1: Humana en territorio de Alfas

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El llanto de la bebé no era normal.

No era un quejido suave, ni un llanto cansado por hambre o sueño. Era un grito agudo y desgarrador que le hizo doler los oídos, Vanya se detuvo apenas cruzó el umbral, el llanto venía desde la mansión del alfa.

Uno de los guardias la llevó dentro y jadeo asombrada al ver tanto lujo, pero al mismo tiempo las lámparas se movían, la madera crujía, el cristal de las ventanas se estremecía.

¿Acaso era por el llanto?

Sus tímpanos se aturdieron mientras más se acercaba. —Aquí es señorita. —Dijo el hombre apartándose.

Divisó a cinco mujeres rodeando la cuna, ninguna se acercaba ni hacía nada. Solo miraban, tensas, como si estuvieran esperando que algo terminara o empeorará.

—No la toques —dijo una, sin girarse.

El llanto subió de intensidad, al punto que sintió algo tibio salir de sus tímpanos y nariz. Al deslizar sus dedos, era sangre.

El llanto de la bebé lo había provocado.

Se acercó con cautela y la pequeña se arqueó dentro de la cuna, su cuerpo diminuto temblando, los puños cerrados con fuerza, el rostro rojo, los ojos apretados como si el dolor fuera demasiado.

No era normal, claro que no.

—¿Qué le pasa? —preguntó Vanya, frunciendo el ceño.

—A nadie le pasa nada —respondió otra mujer, con voz baja. —Ella es el problema.

El comentario le revolvió el estómago.

—¿Cómo que…?

—Rechaza a todos.

El silencio que siguió fue incómodo.

—¿A todos? —insistió Vanya.

—A todos.

El llanto volvió a cortar el aire, más fuerte, más desesperado.

—¿Cuántas han intentado? —Su pregunta fue casual, pero la respuesta esa no lo fue. Hubo una pausa.

—Ciento catorce.

El número la golpeó.

—No son tantas... —Intento sonar optimista.

—En un mes... —Respondio otra. Vanya parpadeó.

—¿¡Qué!? —Sintió un extraño ardor en las manos.

—Eres la ciento quince. Asumo que vienes por el puesto de niñera ¿Crees que la paga exorbitante era de bondad? Nadie lo ha logrado.

Trago grueso, le había dicho que no era un trabajo difícil, solo cuidar a una niña de ocho meses. Era un error estar allí, Vanya desvió la mirada hacia la puerta por un segundo, podía irse. Realmente todavía estaba a tiempo, ese lugar no era seguro para una humana, era territorio de alfas.

Respiro profundamente, llenando sus pulmones de aire, salir sin el empleo tampoco era una opción, no cuando detrás de ella solo había un hombre que nunca aceptaba un “no”. El recuerdo de su padre le atravesó la mente sin aviso.

Su voz, sus órdenes y el anillo que ya había decidido por ella. Vanya apretó la mandíbula.

No.

No iba a volver, el llanto se quebró otra vez, más fuerte, al punto de aturdir su audición, pero algo dentro de ella no lo soportó.

Dio un paso.

—No te atrevas a tocarla… —advirtió una de las mujeres. —Va a empeorar y terminaremos desmayadas o sin vida. Sangras...

Ignoro las palabras de esa mujer, debía intentarlo. Ejerció otro paso, estaba más cerca, el sonido cambió, ella no se detuvo y el llanto se volvió irregular e inestable. La bebé giró la cabeza, inquieta, como si buscara algo, como si la sintiera.

El corazón de Vanya empezó a latir más rápido, no por miedo, sino por algo más.

Algo extraño.

Algo que no entendía, al quedar frente a ella, el aire se volvió más denso y cálido.

—Te va a rechazar —susurró alguien.

Vanya no respondió, ni desvió la mirada de su objetivo y por un segundo todo se detuvo. La niña abrió los ojos, brillantes, húmedos y perdidos, pero no vacíos. Había algo en esa mirada, algo que se aferró directamente a ella.

Vanya extendió las manos, aunque dudó un poco, no sabía cómo sostener a un bebé, en realidad, no sabía qué hacer.

Pero, aun así, tomó a la pequeña regordeta y de inmediato el llanto se rompió, aunque no desapareció de inmediato, se volvió débil. Hasta que solo hubo silencio.

Un silencio tan repentino que hizo que todas contuvieran el aliento. La bebé tembló una vez, dos y luego se aferró.

Sus pequeñas manos se cerraron con fuerza sobre la ropa de Vanya, pegándose a su pecho como si hubiera estado esperando ese momento por días, como si la conociera.

Vanya se quedó inmóvil.

—No puede ser… —susurró una mujer. Otra dio un paso atrás, asombradas con lo que estaban presenciando.

—No es normal… ¿Acaso eres una hechicera?

Vanya tragó saliva.

—Claro que no, yo solo… la tomé. No soy una bruja. —Se defendió como pudo, aunque su corazón palpitaba de forma descontrolada.




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