La niñera del Alfa

Capítulo 2: ¿Acaso está loco?

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El alfa rodeó a Vanya y sintió cómo sus piernas se debilitaban. Su respiración se agitó y su corazón comenzó a golpear contra su pecho como un tambor descontrolado.

Su vida había dejado de ser sencilla desde que huyó de las obligaciones impuestas por su padre. Apenas tenía veinticuatro años: graduada en ingeniería electrónica y, hasta hace poco, convencida de que su futuro estaba bajo control.

Dos meses atrás, todo se vino abajo. Su padre vendió la empresa familiar y su hogar, dejándolas a ella y a su madre en la ruina, pero el descaro de su padre no termino ahí, sino que arreglo un mtrimonio con un anciano repugnante a cambio de dinero.

Vanya solo quería un trabajo en una gran compañía: Eso le generaría independencia y por fin una vida propia sin las ataduras del controlador de su padre.

Y ahora estaba allí, en un territorio que una humana no debería pisar por su propia cuenta, el territorio de un alfa, rogando ser aceptada en un empleo que no tenía la menor idea de cómo desempeñar.

Nunca le interesó ser una mujer convencional, no sabe cuidar niños y aun así sostenía en brazos a la única bebé que no aceptaba a nadie, pero que la eligió a ella.

El silencio dentro de la habitación era peor que el llanto anterior, se sentía atrapada y siendo examinada de pies a cabeza con descaro exhaustivo, no abusivo.

Vanya tragó saliva, sintió cada latido en la garganta.

—¿Nombre? —preguntó después que ya había tenido un intercambio de palabras.

—Vanya.

Su voz salió más baja de lo que esperaba, realmente ese hombre le daba miedo. Eryx no reaccionó, solo la observó un segundo más.

—Vanya ¿De dónde vienes?

Vanya dudó un segundo, aun así, respondió.

—Del sur de la ciudad.

Eryx ladeó la cabeza como si pudiera oler su duda o adivinar eso que aún no decía.

—No te pregunté dirección —dijo con calma. —Te pregunté el origen.

La bebé era bastante pesada y sus brazos se estaban cansando.

—¿Puedo sentarme? —preguntó y Eryx asintió.

—Responde…

Vanya parpadeo al sentarse en el sofá, sin duda ese hombre lobo era alto, más de lo que había detallado.

—Señor… Le envié mi hoja de vida ¿No le llego? Allí se encuentran todos mis datos importantes.

Fue un golpe bajo, pero dentro del miedo ya se estaba enojando.

—¿Acaso me cree un inútil? —La pregunta del alfa cayó con frialdad, comenzó a temblar y la niña reaccionó abriendo sus ojitos y realizó un sonido inentendible, para ella.

—No señor, me disculpo. Soy Vanya Altieri, ingeniera electrónica, no tengo pareja, prometido o lo que se asemeje, mi madre y los abuelos son los únicos que me esperan en casa. Necesito este empleo, me enteré de casualidad, estaba entregando unos pedidos a los alrededores y vi el anuncio.

Eryx dio un paso hacia donde estaba sentada y tomó asiento a su lado, Vanya sintió el impulso de retroceder o de salir corriendo. No lo hizo, realmente no podía, la bebé se movió en sus brazos.

Se aferró más y eso lo detuvo, no a él, pero sí al momento. Eryx bajó la mirada hacia su hija, la observó unos segundos en silencio, Vanya no se movió más estaba tan cerca que sintió el aroma cítrico, especiada y amaderada, flotar del traje de ese hombre y algo en su expresión se tensó.

—No llora —murmuró sorprendido, dejó su chaqueta a un lado, arremangó sus mangas e intentó tomar a su pequeña en brazos, pero eso no ocurrió. La bebé soltó un sonido parecido a un gruñido lleno de enojo y sus párpados se abrieron.

Vanya no daba crédito a lo que veía, esa pequeña miraba con advertencia a su padre. —Lior, no me mire así. Ya te lo he dicho, que malhumorada eres mi llamita roja. —El alfa habló con sutileza, pero seguía siendo aterrador ante sus ojos, el alfa intentó soltar las manos de la bebé sin éxito, ella se aferró más a Vanya.

Sus pequeños dedos se tensaron en la tela de su blusa, Eryx no insistió, pero tampoco se apartó, sus ojos demasiado atentos pasaron de la niña al rostro de Vanya.

—Bien llamita, te dejo en paz por el momento... —Volvío la antención a ella podia sentir sus timpanos palpitar, además que luego de sangrar quedo sensible. —¿Has trabajado antes con niños?

¡Estaba perdida! Aun así, decidió mentir.

—Sí, con muchos, desde que tengo cinco años, cuide a cuatro de mis sobrinos, ahora viven fuera del país, a mis primitos, todos me pagaban por cuidarlos, tenía casi que una casa hogar para cuidados de niños. —Mintió de la peor forma, pero era eso o casarse con ese vejestorio, como ella lo llamaba.

—Bien, tienes el empleo. Desde este momento hay reglas que seguirás sin excusas.

Eryx se levantó y su voz se volvió dura nuevamente.

—Primera regla: no sales de esta área sin mi permiso.

Vanya giró de golpe.

—Segunda: nadie toca a la niña excepto tú o yo.

El corazón de Vanya latió más fuerte.




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