La niñera del Alfa

Capítulo 4: ¡SE QUEMA! 

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Vanya gritó al ver a la pequeña en llamas, no fue un grito suave, sino descontrolado.

—¡SE QUEMA! ¡AGUA! ¡SE QUEMA!

Retrocedió un paso con el corazón golpeándole con fuerza y al mismo tiempo tenía el cuerpo paralizado entre el instinto de huir y el de no soltarla.

Aunque su instinto le pedía soltarla no pudo y de la garganta de Lior broto una risilla traviesa casi musical, mientras pequeñas llamas rojizas envolvían su diminuto cuerpo sin consumirla, sin dañarla como si el fuego fuera parte de ella.

—No… no… no… —Vanya negó, con la respiración rota. —Esto no está pasando, me voy a desmayar. —Expresaba cada palabra con labios temblorosos, la garganta se le volvió rasposa y su rostro ardía.

La pequeña balbuceo mientras movía sus manitas; feliz por la hora del baño.

—¡¿ERES UNA ANTORCHA?! —pregunto Vanya completamente en shock. La bebé la miró y sus carcajadas aumentaron, como si supiera que acababa de hacer la travesura más divertida del mundo.

Vanya reaccionó por puro instinto, abrió la llave de agua. —¡Apágate! ¡Apágate! ¡Apágate! —murmuraba nerviosa, como si estuviera negociando con el fuego de Lior.

Tomó a la bebé con cuidado y la sumergió lentamente en la bañera, el agua tocó las llamas y algo imposible ocurrió, el fuego no se extinguió, se onduló como si ambas cosas coexistieran sin destruirse.

Vanya abrió la boca.

—Esto no tiene ningún sentido. ¿Comó es posible? ¿Estoy delirando? —susurraba nerviosa, sin percatarse que el fuego de Lior no la quemaba en lo absoluto, Vanya estaba tan asustada y la pequeña Lior pataleó feliz dentro del agua, pequeñas chispas brillaron alrededor.

Era hermoso y completamente absurdo.

—No eres un problema… —susurró Vanya. —Solo te gusta quemarlas ¿Verdad? —Vanya entendió por qué no se le acercaban a la pequeña.

La bebé respondió salpicándola, directo al rostro, Vanya parpadeó al sentir otra salpicadura más fuerte.

—No te atrevas…

Al decirlo fue tarde, una pequeña explosión de burbujas tibias y chispas suaves le dio directo en la cara. La soltó con cuidado, el agua comenzó a burbujear y se asustó más.

Lior dejó de sonreír, frunció el ceño y extendió sus pequeñas manos hacia ella, Vanya apretó los dientes.

—Bien, no te enojes… —susurró, acercándose otra vez con cautela. —Si tú no tienes miedo… yo tampoco, bueno, sí tengo miedo, pero solo un poco. No es como que vea bebés en llamas todos los días y sobreviva emocionalmente.

Lior hizo un sonido suave, casi impaciente, sus manitas siguieron extendidas hacia ella, exigiendo que la sujetara.

Vanya tragó saliva.

—Ya voy… ya voy…

Metió las manos en el agua y cerró los ojos temiendo quemarse, segundos después, abrió un ojo al sentir el agua tibia más no hirviendo. Eso era peor, nada de eso tenía sentido.

—Bien… —Suspiró con resignación. —Intentaré ducharte con normalidad. No, corrijo, esa palabra no existe entre nosotras, no quiero ofenderte.

Lo que había buscado de como duchar a una pequeña de meses lo olvidó, así que lo haría como si estuviera bañándose ella, pero con más cuidado.

Las llamas rozaron su piel, Vanya se tensó por completo, esperó el dolor, pero no llegó. Descubrió que el fuego no la quemaba, era tibio y agradable.

—¿Qué clase de brujería es esta? —murmuró, completamente desconcertada.

Lior soltó una risa corta, satisfecha, y apoyó la cabeza contra su clavícula, Vanya dejó escapar el aire lentamente.

—Está bien… —susurró, más tranquila. —Está bien… ya entendí. Tú no te quemas, pero no vuelvas a hacer eso sin avisar, casi me da un infarto.

Lior respondió encendiendo un poco más las llamas.

—No, no, eso no es un “sí”.

Suspiró resignada.

Con mucho cuidado, volvió a colocarla en la bañera y esta vez la sostuvo con firmeza, sin apartarse, dejándola jugar mientras el agua y el fuego danzaban juntos como si fueran uno solo.

Vanya intentó enfocarse en lo práctico.

—Bien; baño, limpiar, secar y sobrevivir —murmuró, como si fuera una lista de tareas. Tomó una toalla suave y lo pasó por el brazo de Lior.

Las llamas se apartaron como si obedecieran.

—Ah, interesante...

Probó otra vez, el paño recorrió su piernita, el fuego se abrió de nuevo dócil, sin desaparecer.

—Me estás dejando ducharte ¡Que éxito!

Lior la miró y por un segundo, ese ámbar de sus preciosos ojos brilló, Vanya sintió un nudo en el pecho.

—Vale… —susurró. —Entonces sí podemos hacer esto.

Y lo hizo, la limpió con torpeza y lentitud, pero lo hizo con amor. Hasta que Lior pateó el agua y una ola pequeña, cargada de chispas, le dio directo en la cara, el agua escurrió por su rostro.

—Eres terrible pequeña. —Beso su frente, el baño era un caos de espuma, agua y fuego. Sin duda, esta primera ducha no la olvidaría jamás. —Perfecto, terminamos. —La envolvió en una toalla, giró la cabeza hacia el espejo, abrió los ojos en demasía, tenía la cara completamente manchada, como si hubiera peleado con una chimenea y claramente había perdido.




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