La penumbra latente

Prólogo: El día en que el cielo sangró.

“Hubo un instante en que la vida y la muerte caminaron de la mano.
Y el universo no lo soportó.”

El firmamento ardía. Las estrellas caían como cenizas sobre los campos de Luminara, y los dioses descendían envueltos en furia. La ciudad de cristal, la cual estaba hecha para brillar eternamente protegiendo a todos sus habitantes, temblaba bajo un cielo desgarrado en dos: de un lado, la luz; del otro, la oscuridad.

En medio de aquel caos, Skye extendía sus alas negras, su sombra protegiendo a quienes ya no tenían voz, ni alma. Frente a él, Kyle irradiaba un fulgor imposible, tan intenso que los muertos creían sentir calor en sus huesos.

Juntos, espalda contra espalda, se enfrentaban al juicio de los cielos. No eran reyes ni guardianes, solo eran un error imposible: vida y muerte entrelazadas. Algo que para los dioses era antinatural, algo que debía ser eliminado cuanto antes.

—Si caemos, caemos juntos —dijo Kyle, su voz como un amanecer.
—Juntos —repitió Skye, y en su tono había un silencio más fuerte que cualquier trueno.

El choque de ambos poderes estremeció la creación. Donde Kyle alzaba la luz, Skye extendía la sombra; donde Skye detenía el tiempo, Kyle lo devolvía. Y por un instante —un único y eterno instante— el universo conoció la perfección.

Pero los dioses no lo llamaron perfección.
Lo llamaron herejía.

Entre ellos, Elandra, guardiana del Equilibrio, descendió con un brillo acerado en los ojos, dispuesta a dar por terminado todo aquello. Su voz cuando habló partió la batalla en dos.

—¡Basta! Ni la luz ni la sombra gobernarán jamás juntas. Lo que han unido será olvidado. Lo que han sentido será arrancado.

El resplandor de Kyle se quebró. Las alas de Skye se marchitaron en silencio y un vacío voraz los envolvió. Sin poder reaccionar, sin poder hacer nada, el castigo cayó ante ello.

  • Skye, condenada al inframundo, prisionera eterna entre los muertos, sin recuerdos de quién había sido.
  • Kyle, desterrado a la tierra de los mortales, inmortal sin causa, errante sin nombre.

Ambos separados.
Ambos olvidados.

Y Luminara… borrada del tiempo.

Solo la reverberación de una promesa sobrevivió:
“Juntos.”




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.