La penumbra latente

Capítulo 8: La dama de las alas oscuras

El silencio regresó al santuario una vez que la visión desapareció. Kyle permaneció arrodillado durante varios minutos sin moverse, con una mano apoyada sobre el suelo de piedra y la respiración todavía acelerada. Sentía el corazón golpeándole las costillas con una fuerza impropia de alguien que llevaba siglos viviendo sin sobresaltos. La imagen seguía allí, la muralla blanca, el viento, aquella sonrisa y sobre todo la sensación. Porque no era un recuerdo cualquiera. No se parecía a los sueños fragmentados que había tenido durante años ni a los extraños ecos que había escuchado al cruzar el río. Aquello había sido real; había sentido el calor del sol sobre la piedra, había escuchado aquella risa y había percibido una felicidad tan intensa que todavía le dolía haberla perdido.

Y sin embargo no podía recordar nada más. Ni un nombre, ni un rostro completo, ni un lugar. Solo aquella mujer, aquella figura sentada sobre una muralla bañada por la luz. Una desconocida que, de alguna manera imposible, no se sentía como una desconocida. Kyle cerró los ojos, intentó recuperar la visión, intentó aferrarse a ella. Pero cuanto más lo intentaba, más se deshacía entre sus dedos. Como el agua o el humo. Como un sueño que desaparece al despertar.

Finalmente se puso de pie, el santuario seguía exactamente igual: columnas quebradas, piedra erosionada y raíces atravesando las paredes. Siglos de abandono acumulados en cada rincón y, al fondo, la estatua. Las alas negras parecían observarlo. Inmóviles, pacientes, como si estuvieran esperando. Kyle se acercó lentamente; ahora la veía de otra manera, antes había visto una escultura, ahora veía una persona. Alguien que había existido, que había sido importante, demasiado importante.

Se detuvo frente al pedestal. El tiempo había destruido parte de la inscripción grabada en la base. La piedra estaba agrietada, cubriendo de musgo las palabras que eran ilegibles; aun así, algunas permanecían. Se arrodilló, apartó cuidadosamente la suciedad acumulada durante siglos y comenzó a leer.

"Aquella que guía..."

La siguiente línea estaba destruida; solo quedaban fragmentos.

"Guardiana..."

Más abajo.

"Las almas encontrarán..."

Y después.

"Su camino".

Kyle frunció el ceño; la inscripción estaba demasiado dañada y no podía comprender el significado completo. Continuó limpiando, la piedra cedió lentamente bajo sus dedos. Aparecieron nuevas palabras, nuevos fragmentos.

"Ni la vida..."

"Ni la muerte..."

"Ambas..."

"Equilibrio..."

Kyle se quedó inmóvil, aquella palabra la había escuchado antes, en la historia de Milo. En los relatos del reino perdido, en las leyendas que parecían haberlo perseguido desde que abandonó Aurelia. El equilibrio, la luz, la muerte, todo comenzaba a formar parte del mismo puzzle, aunque todavía faltaban demasiadas piezas. Se incorporó lentamente y volvió a observar la estatua.

—¿Quién eras?

Su voz resonó entre las ruinas; no esperaba respuesta y no la obtuvo. Pero por primera vez sentía que estaba haciendo la pregunta correcta.

La noche llegó poco después; decidió permanecer en el santuario, no por comodidad, sino porque sentía que debía hacerlo, como si abandonar aquel lugar tan pronto fuera un error. Encendió una pequeña hoguera utilizando ramas secas que encontró en los alrededores; rápidamente las llamas iluminaron las paredes derruidas. Las sombras comenzaron a danzar entre las columnas y, por un instante, imagino cómo habrá sido ese lugar siglos atrás. Lleno de vida, de voces y de personas. No, personas no. Algo dentro de él rechazaba aquella palabra; había algo diferente en todo aquello, muy antiguo, mucho más grande que simples humanos. Kyle observó las llamas y, antes de darse cuenta, comenzó a recordar las palabras de Milo.

"Hubo una vez un reino donde la luz y la muerte caminaban juntas".

En aquel momento había pensado que era una metáfora, ahora ya no estaba tan seguro de ello. Quizá nunca había sido una metáfora, quizá Milo había estado contando una historia real, una historia olvidada. La pregunta era el porqué. ¿Por qué alguien borraría un reino entero? ¿Por qué eliminaría hasta el último recuerdo? ¿Por qué escondería sus ruinas más allá de una frontera que nadie parecía dispuesto a cruzar? El fuego crepitó suavemente, apoyó la espalda contra una de las columnas y contempló las alas de la estatua. Oscuras, majestuosas, hermosas. Una extraña sensación de tristeza volvió a apoderarse de él. No sabía de dónde venía, pero era profunda, vieja, como si llevara siglos esperando una razón para despertar.

Aquella noche volvió a soñar y, por primera vez en mucho tiempo, recordó parte del sueño al despertar. No fue mucho, solo un instante, un jardín en lo alto de las montañas, muchas flores blancas por todos lados, risas y aquella misma mujer, caminando delante de él y girando para mirarlo con la misma sonrisa genuina. Después, oscuridad y nada más, como si todo se hubiera esfumado con un chasquido de dedos. Abrió los ojos antes del amanecer y, para su sorpresa, al llevarse la mano al rostro, descubrió que tenía lágrimas secas en las mejillas.

Pasó dos días más explorando el santuario; la estructura era más grande de lo que había parecido inicialmente. Parte de ella se encontraba enterrada bajo derrumbes; otras zonas permanecen ocultas tras raíces enormes. Kyle dedicó horas a retirar piedras, a despejar pasillos, a abrir antiguas cámaras selladas por el tiempo. La mayoría estaban vacías, pero no todas.

En una de ellas encontró algo inesperado. Sus ojos se abrieron de par en par al ver lo que tenía delante; había un mural, o al menos lo que quedaba de uno. La humedad había destruido gran parte de la pintura; sin embargo, algunas figuras seguían siendo visibles. La primera figura representaba una montaña gigantesca, coronada por una ciudad imposible. Grandes torres blancas, puentes suspendidos en los acantilados, jardines construidos casi sobre las nubes. Su respiración se detuvo, aquello tenía que ser Luminara, no podía ser otra cosa. Aquella ciudad parecía demasiado grandiosa para pertenecer al mundo mortal.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.