La penumbra latente

Capítulo 10: El barquero

[Hubo un fallo de publicación, se publicó un capitulo que no correspondia.... este es el que deberia ser desde un principio. Lo siento.]

El inframundo no conocía las estaciones, no existían primaveras que anunciaran nuevos comienzos, ni inviernos capaces de congelar la esperanza. Allí todo permanecía inmóvil, suspendido en una eternidad gris donde los días y las noches carecían de significado. El tiempo seguía existiendo, Skye estaba segura de ello, pero avanzaba de una forma distinta, como si estuviera herido, por eso no sabia cuanto había pasado desde que escuchó aquella voz. Podían haber sido días o años. En el inframundo ambas cosas significan prácticamente lo mismo, sin embargo, el recuerdo seguía allí, intacto y dolorosamente vivo.

“Skye” Una sola palabra, su nombre, pronunciado por alguien que no conocía, o quizá sí y ese era precisamente el problema de todo. Cada vez que intentaba recordar, una punzada recorría su cabeza y una sensación extraña, parecida a intentar abrir una puerta que había permanecido cerrada durante demasiado tiempo, pesada, polvorienta. Al otro lado de esa puerta había algo, lo sabía, pero no conseguía abrirla para alcanzarlo.

Aquella mañana —si es que podía llamarse mañana— caminaba junto a la orilla del lago oscuro.Las aguas estaban tan inmóviles como siempre, tan quietas que parecían una inmensa lámina de obsidiana extendida hasta el infinito. Los espectros vagaban cerca de ella, sombras grises, almas perdidas, fragmentos de personas que habían olvidado quienes fueron por diversos motivos. Algunas no aceptaron su final, otras tenían asuntos pendientes y otras solo permanecieron demasiado tiempo en ese lugar, haciendo que poco a poco se desvanecieran olvidando su nombre, su rostro, a quienes amaron y tan solo, queda un sombra de lo que fueron.

A veces Skye pensaba que se parecían demasiado a ella, la única diferencia era que los espectros podían llegar a saber que estaban muertos, ella no sabía que era. El silencio la acompañó durante largo rato, solo el sonido de sus propios pasos rompió aquella tranquilidad. Entonces algo ocurrió, uno de los espectros se detuvo, era extraño porque rara vez se detenían. Seguían corrientes invisibles que únicamente ellos parecían comprender, pero aquel permaneció inmovil mirando algo detrás de ella. Skye frunció el ceño.

—¿Qué ocurre?

Por supuesto no esperaba respuesta, los espectros no hablaban, como mucho hacen sonidos, sin embargo aquel abrió la boca y un sonido áspero escapó de su garganta, como si hubiera olvidado cómo utilizar la voz.

—Ha... vuelto… — Skye se quedó inmóvil, porque los espectros jamás hablaban. Jamás.

—¿Qué has dicho? — La figura continuó observando un punto situado a sus espaldas.

—Ha... vuelto… —Un escalofrío recorrió la espalda de Skye, lentamente giró sobre sí misma. No había nadie, solo oscuridad y niebla y como no, el eterno vacío del inframundo. Volvió a mirar al espectro, nada de aquello era normal y algo dentro de ella comenzó a despertar: miedo.

—¿Quién ha vuelto? —La figura tembló ligeramente, sus ojos vacíos parecieron enfocarse por un instante y entonces respondió.

—El... barquero...

Después continuó caminando, como si nada hubiera ocurrido, como si jamás hubiera pronunciado una sola palabra. Skye permaneció inmóvil, confundida e inquieta. Nunca había oído el nombre de El barquero y, sin embargo, por alguna razón le resultaba extrañamente familiar.

Las horas siguientes transcurrieron lentamente, o quizá fueron días, allí resultaba imposible saberlo. Había estado intentando ignorar lo que había ocurrido, continuó guiando almas, observó como los espectros desaparecen en la niebla. Escuchó los susurros que recorrían las profundidades, intentó concentrarse en sus tareas pero no funcionó. La idea regresaba una y otra vez. ¿qué y quién era el barquero? y sobre todo, ¿por qué aquel espectro había sido capaz de pronunciar su nombre?

Las preguntas comenzaron a acumularse, cada una más incómoda que la anterior, pero finalmente se rindió. Sus pasos la condujeron de regreso al lago, como siempre, porque cuando no sabia que hacer terminaba allí. Frente a aquellas aguas imposibles, frente a aquel espejo oscuro que nunca reflejaba nada, la superficie parecía completamente lisa. Parecía, porque al fijarse bien, vio como el agua se movía, muy poco, apenas una ondulación, sin embargo, era suficiente. Sintió su corazón acelerarse, las otras veces que sucedió aquello las cosas se pusieron muy intensas y pasaron cosas extrañas.

Una sensación de peligro llenó todo su ser, quizá era expectativa, no estaba segura. Entonces lo vio, a los lejos entre la niebla, había una sombra pequeña y oscura que se deslizaba lentamente sobre el agua. Se puso completamente rígida mientras lo observaba acercarse, avanzaba sin producir sonido alguno, sin generar olas, como si no perteneciera realmente a aquel mundo. La niebla se abrió lentamente y entonces apareció una embarcación negra, construida con una madera tan oscura que parecía absorber la luz. Era una barca

Skye la observó con incredulidad, nunca había visto una, ni siquiera sabía que algo semejante pudiera existir en el inframundo. Dentro de ella había alguien, una figura cubierta por una capa oscura que se encontraba inmovil, silenciosa, mientras remaba lentamente. La embarcación continuó avanzando, sin prisa, como si siempre hubiera estado destinada a llegar hasta allí. Skye esperó pacientemente, ahora curiosa por lo que veía, pero también con un poco de incertidumbre y preocupación.

La barca terminó deteniéndose a pocos metros de la orilla, la figura levantó la cabeza y pudo ver su rostro. Aquello la desconcertó porque no parecía un dios, ni un muerto, tampoco un espectro, era simplemente un hombre de una edad imposible. Sus ojos parecían más antiguos que el propio inframundo y, aún así, conservaban una extraña serenidad. Ninguno de los dos habló durante varios segundos, finalmente fue Skye quien rompió el silencio.




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