La penumbra latente

Capítulo 16: El Desfiladero de las Sombras Huérfanas

Skye permaneció de rodillas sobre la arena fría de la orilla, con la respiración rota y el rastro de las lágrimas helándose en sus mejillas. Frente a ella, el anillo de ojos blancos de los Guardianes continuaba fijo en su figura, suspendido en una inmovilidad opresiva. Ya no avanzaban, pero su mera presencia hacía que el aire del Inframundo pesara como el plomo. Sabían que el Velo se había agrietado. Sabían que ella había visto Luminara.

A su lado, la madera de la vieja barca crujió sutilmente sobre el agua negra. El Barquero no se había movido, pero la advertencia en su silueta era más clara que nunca.

Súbitamente, antes de que Skye pudiera ponerse en pie, el Inframundo entero se estremeció.

No fue un rugido de la tierra, sino un latigazo de calor que le golpeó el centro del pecho con una fuerza violenta, casi física. Skye ahogó un gemido, llevándose las manos al corazón. Sus propios latidos, habitualmente lentos y acompasados al ritmo del letargo del lago, se desbocaron de golpe, invadidos por un pulso ajeno, ardiente y desesperado.

En ese mismo instante, la densa niebla que flotaba sobre la superficie del lago se apartó abruptamente, como si una ráfaga invisible la hubiera empujado. Las aguas negras comenzaron a agitarse en un oleaje inquieto, doblando las corrientes inferiores. El nombre que acababa de rescatar de la luz regresó a su mente, ya no como un eco desvaído, sino como una certeza de fuego.

—Está peleando —murmuró Skye, con la voz temblando por la intensidad de la conexión—. No sé dónde... pero está rodeado.

Miró al Barquero, esperando que el anciano le ofreciera otra de sus respuestas a medias, pero el guía se limitó a observar el agua agitada. El hilo invisible que la unía a Kyle tiraba de ella con tanta urgencia que sentía que, si se quedaba allí quieta un segundo más, terminaría por consumirse. El lago seguía siendo navegable, la barca estaba lista, pero la elección ya no dependía del fluir de las almas. Era suya.

Skye se puso en pie con dificultad, clavando la mirada en la inmensidad oscura que se extendía más allá de la playa.

—Llevo una eternidad esperando en esta orilla —dijo, y sus alas negras se agitaron una sola vez, levantando una brizna de ceniza—. No voy a quedarme a ver cómo se apaga la única luz que he visto en siglos. Voy a buscarlo.

—Tu deber está en el agua, hereda —pronunció el Barquero, y por primera vez su tono arrastró una nota de severidad—. Tu voz es el ancla de los que descansan; la tierra firme solo guarda a los que callan. Si dejas el lago, el castigo reclamará su precio.

—Que lo reclame —sentenció ella —He pasado siglos escuchando el silencio de los muertos. Ahora voy a buscar a los vivos.

El Barquero no respondió inmediatamente. Su remo permaneció inmóvil sobre el agua negra.

—Los vivos son más crueles que los muertos.

—Ya lo descubriré.

—Y las respuestas suelen doler más que las preguntas.

Skye sostuvo su mirada.

—Entonces llevo siglos preparándome.

Dando la espalda a la embarcación y al hombre, comenzó a caminar a donde nunca se había atrevido pensar ir, cruzar el bosque grisáceo, terreno prohibido. Skye dio el primer paso hacia el frente cuando lo tuvo delante y cruzó la línea invisible que separaba la orilla del lago y aquel lugar vetado para ella.

La reacción de la tierra firme fue inmediata. En cuanto sus botas abandonaron la arena gris y se hundieron en el suelo rocoso, una punzada de mareo absoluto le nubló la vista. Era una resistencia física brutal, un peso invisible que nacía de su propia naturaleza como guía del lago, intentando encadenarla a su puesto. Apretó los dientes, forzando a sus piernas a avanzar, obligándose a adentrarse en la brecha colosal que se abría entre dos cadenas de montañas de piedra negra: el Desfiladero de las Sombras Huérfanas.

Al principio, los Guardianes de la orilla parecieron quedarse atrás, difuminados por la distancia y la niebla. El sendero se volvió estrecho, flanqueado por paredes de roca escarpada que se cerraban sobre un cielo ceniciento. El silencio era total.

Sin embargo, a medida que la silueta del lago se perdía definitivamente a sus espaldas, el silencio comenzó a corromperse.

Un susurro tenue llegó a sus oídos. Una voz flotando entre las grietas de la piedra.

«¿Dónde estás...?»»

Skye se detuvo, conteniendo la respiración. Miró a su alrededor, pero solo vio las rocas desnudas. Continuó caminando, apresurando el paso, pero las voces no disminuyeron; se multiplicaron. Primero fueron dos, luego veinte, luego cientos. Un coro sordo, una marea de lamentos distantes que rebotaba en las paredes del desfiladero.

«Nos hemos quedado a oscuras...»

«La orilla está fría...»

«Guía... ¿por qué no vienes a ayudarnos?»

Eran las almas perdidas. Las almas que seguían llegando al lecho del lago y que ahora se agolpaban en la orilla, desamparadas, buscándola. Skye sintió un frío atroz que nada tenía que ver con el clima del desfiladero. Un nudo de culpa y angustia se le instaló en la garganta al comprender una realidad terrible en la que jamás había tenido que pensar: nunca antes había abandonado el lago. Aquel era su lugar de trabajo, el eje que mantenía el orden de los caídos. Su ausencia no era un simple acto de rebeldía; tenía consecuencias devastadoras para los inocentes que dependían de ella.

Se llevó las manos a la cabeza, intentando acallar los miles de ruegos que resonaban en su mente. El descubrimiento la destrozó por dentro, colocándola frente a una encrucijada insoportable. Podía dar la vuelta, regresar a la seguridad de la barca y cumplir con el propósito para el que había sido condenada... o podía seguir adelante, adentrarse en lo desconocido y descubrir quién era el dueño de la luz que la llamaba.

Miró hacia atrás, hacia el camino que conducía al lago donde sobre las aguas negras la corriente comenzaba a girar sobre sí misma, como si hubieran perdido su dirección. Luego miró hacia el frente, donde el desfiladero se abría paso hacia un paisaje aún más extraño: un bosque donde los árboles parecían hechos de ceniza petrificada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.