El evento se celebra en un edificio antiguo que ha sido restaurado para convertirse en un espacio cultural. En cuanto entro, me detengo unos segundos para observar el interior. Han conseguido conservar buena parte de la estructura original sin hacer que el lugar parezca antiguo. Hay elementos modernos, pero están integrados de una manera que permite que ambas épocas convivan.
Me gusta inmediatamente.
Recorro el espacio con calma mientras escucho a algunos de los responsables explicar el proyecto. Tomo algunas notas y hago fotografías de determinados detalles que podrían servirme de referencia para mi propio trabajo.
Después de unos minutos me acerco a una de las salas donde comienza una de las conferencias. Busco un lugar donde sentarme.
Entonces escucho una voz detrás de mí.
—No sabía que también te interesaba la arquitectura.
Me giro.
Durante un segundo no digo nada.
Es él.
Alessandro.
Está de pie a unos pasos de mí, con una expresión tranquila y una pequeña sonrisa.
—¿Tú?
Se ríe.
—Eso parece.
No puedo evitar sonreír.
—Empiezo a pensar que Tokio sí es demasiado pequeña.
—Yo estaba pensando exactamente lo contrario.
—¿En serio?
—Sí. Después de tantos millones de personas, todavía conseguimos encontrarnos.
Miro alrededor.
—Esto empieza a ser extraño.
—Un poco.
Durante unos segundos ninguno dice nada. Esta vez no hay un hospital alrededor. No hay dolor. No hay una librería donde mi amiga pueda aparecer en cualquier momento. Solo estamos los dos.
—¿Cómo estás? —pregunta.
La pregunta me resulta familiar.
—Bien. De verdad.
Él asiente.
—Me alegro.
—¿Y tu padre?
Su expresión cambia ligeramente.
—Mucho mejor. Gracias por preguntar.
Sonrío.
—Me alegro.
La conversación continúa con una facilidad que no esperaba. Descubro que ha estado trabajando durante los últimos días en un proyecto relacionado con la restauración de un edificio histórico. Cuando me lo cuenta, empiezo a prestar todavía más atención.
—¿Tú eres arquitecto?
—Sí.
—¿Qué tipo de arquitectura?
—Restauración y espacios culturales.
Lo miro sorprendida.
—Entonces entiendo por qué estás aquí.
—¿Y tú?
—Me interesa el arte. Y además trabajo con proyectos relacionados con espacios culturales.
—¿Eres arquitecta?
Niego con la cabeza.
—No. Soy empresaria y ejecutiva. Trabajo con proyectos de gestión y desarrollo, aunque también colaboro bastante con iniciativas culturales.
Él asiente.
—Eso explica por qué estabas tomando tantas notas.
—¿Me estabas observando?
—Solo un poco.
—Eso suena peligroso.
Se ríe.
—No era mi intención.
La conferencia comienza y ambos nos sentamos. Durante la siguiente hora intento concentrarme en la exposición, pero de vez en cuando intercambio alguna mirada con él. No hablamos demasiado. Tampoco hace falta.
Cuando termina la presentación, varias personas se acercan a Alessandro para hablar sobre el proyecto. Yo me aparto y continúo observando las obras. Una de las instalaciones llama especialmente mi atención y me acerco para verla mejor.
—¿Te gusta?
Reconozco su voz.
—Mucho.
Alessandro se coloca a mi lado.
—A mí también.
—¿Por qué?
Piensa unos segundos.
—Porque parece sencilla hasta que empiezas a observar los detalles.
Lo miro.
—Eso podría aplicarse a muchas cosas.
Él sonríe.
—Probablemente.
Nos quedamos unos segundos observando la obra. Y por primera vez tengo la sensación de que quizá estoy empezando a conocerlo.
No sé demasiado.
Pero ya sé algo.
Al terminar el evento, salimos juntos al exterior. La tarde está comenzando a caer y las luces de la ciudad empiezan a encenderse.
—¿Tienes algún plan? —pregunta.
—No.
—¿Te apetece tomar un café?