La pobreza del millonario [ Rom Com]

Capítulo 17

CAPÍTULO 17: El arreglo estratégico

Día 178 – Sexto mes, oficinas De la Vega, 10:23 AM

La reunión familiar había sido exactamente tan brutal como Arturo imaginaba en sus peores noches. Tres horas encerrado en la sala de juntas de las oficinas De la Vega, con el aire acondicionado demasiado frío y el olor a café quemado impregnando el ambiente. Su tía Patricia había alternado entre súplicas cargadas de lágrimas contenidas —“piensa en tu madre, Arturo, en lo que ella querría”— y amenazas veladas sobre “el legado que estás destruyendo con esta locura”. Su primo Carlos, siempre el más práctico, había desplegado gráficos impasibles en la pantalla grande: cuánto costaba mantener la farsa en dinero, en reputación, en nervios de la junta directiva. Ricardo Morales había permanecido sentado en silencio, con esa expresión de abogado que ya lo había advertido todo desde el principio y ahora solo esperaba el inevitable desastre.

Al final, Arturo había negociado dos semanas más. Dos semanas para “resolver las cosas a su manera”, como lo expresó con voz que intentaba sonar firme. Fue lo máximo que consiguió, y solo porque amenazó con cortar lazos familiares si lo forzaban antes. Salió de allí con la garganta seca, el corazón latiéndole en los oídos y la sensación de que un reloj invisible había empezado a contar en serio, tic-tac implacable.

Pero esa pequeña victoria se evaporó por completo cuando llegó al Café Noir a las 2 PM para la reunión con Sebastián Mora.

El café era el tipo de lugar que frecuentaba la élite de la ciudad: reservas con semanas de antelación, precios que harían llorar a cualquiera con salario normal, discreción absoluta que garantizaba que ningún paparazzi o periodista entrometido molestara a los clientes. El interior era todo madera oscura pulida, luces tenues y mesas separadas lo suficiente para que las conversaciones quedaran en privado. Sebastián ya estaba en una mesa privada al fondo, espresso delante de él y esa sonrisa depredadora que Arturo había visto en la gala, la misma que usaba para cerrar tratos millonarios.

—Arturo. O debería decir… señor De la Vega —gesticuló hacia la silla opuesta con una elegancia fingida—. Siéntate. Tenemos mucho de qué hablar.

Arturo se sentó, cada músculo en su cuerpo tenso como cable a punto de romperse.

—¿Cómo lo descubriste?

—Por favor, dame algo de crédito —Sebastián sorbió el espresso con calma irritante—. Te vi en la gala. La forma en que mirabas a Adelina… no era la mirada de un asistente a su jefa. Era la de un hombre que desea lo que cree que no puede tener. Despertó mi curiosidad. Y yo soy un hombre curioso.

—Eso no explica—

—Déjame terminar —levantó una mano, anillo de oro brillando bajo la luz tenue—. Hice una investigación básica. Arturo Vega, supuestamente “arruinado” por una traición familiar. Los detalles no cuadraban del todo. Los registros públicos de la “quiebra” eran… llamémoslos sospechosamente convenientes. Así que contraté a un investigador privado. Costó bastante, pero valió cada peso.

Arturo sintió que la garganta se le cerraba, el aire del café de repente demasiado pesado.

—¿Qué quieres?

—Directo al grano. Me gusta eso —Sebastián se reclinó en la silla, cruzando las piernas con esa seguridad de quien nunca ha perdido una negociación—. Quiero que dejes de trabajar para Adelina Gómez. Inmediatamente.

—¿Eso es todo?

—Todo. Renuncia mañana. Sin explicaciones elaboradas. Di que surgió otra oportunidad y te vas. Yo guardo tu secreto, tú desapareces de la vida de Adelina. Todos ganan.

Arturo procesó las palabras, buscando trampas. Era casi… razonable. Exactamente lo que Ricardo había sugerido desde hacía semanas: desaparecer limpiamente.

—¿Y si me niego?

—Entonces le cuento la verdad a Adelina. Con evidencia documentada —Sebastián sonrió, dientes perfectos—. Imagina su cara cuando descubra que el hombre en quien ha estado confiando, al que ha compartido vulnerabilidades, tal vez incluso sentimientos… es realmente un heredero millonario jugando a juegos psicológicos elaborados. La devastación sería… completa.

—¿Por qué te importa si trabajo para ella o no?

—Porque me interesa Adelina. Genuinamente —Sebastián inclinó la cabeza—. Y mientras tú estés ahí, siendo su confidente especial, tengo competencia. Una vez que te vayas, tendré el camino libre.

La arrogancia era asombrosa, pero Arturo ya la había visto en hombres como él: la certeza absoluta de que el mundo eventualmente se alineaba a su voluntad.

—Ella te ha rechazado múltiples veces.

—Rechazos superficiales. Nada serio —Sebastián se encogió de hombros—. Sin ti ocupando su atención emocional, eventualmente verá que somos perfectos el uno para el otro. Seré honesto contigo, Arturo. Adelina es exactamente el tipo de mujer que necesito. Inteligente, poderosa, hermosa, heredera de un imperio que complementaría perfectamente el mío. Nuestro matrimonio sería la alianza estratégica de las mejores familias de negocios del país.

—¿La amas?

—¿Amor? —Sebastián rió, un sonido rico y condescendiente—. Eso crecerá con el tiempo. Los matrimonios exitosos se basan en compatibilidad, no en fantasías románticas. Adelina lo sabe. Solo necesita tiempo para aceptarlo.

Arturo sintió náuseas subirle por la garganta.

—Eres exactamente el tipo de persona que mi experimento intentaba exponer.

—¿Tu experimento? —Sebastián arqueó una ceja, divertido—. Oh, sí, mi investigador descubrió eso también. Fascinante psicología, realmente. Aunque bastante hipócrita, ¿no crees? Criticas a otros por superficialidad mientras engañas a Adelina sobre tu identidad completa.

El golpe aterrizó porque era completamente verdad.

—Tienes hasta mañana a mediodía —dijo Sebastián, dejando efectivo exacto en la mesa para cubrir ambas bebidas—. Renuncia, o expongo todo. Tu elección.

Se levantó, ajustó su traje caro con un gesto practicado y salió sin mirar atrás, dejando a Arturo solo con el espresso que nunca tocó y la sensación de que las paredes se cerraban desde todas direcciones.



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En el texto hay: humor, romance, amor

Editado: 20.01.2026

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