La pobreza del millonario [ Rom Com]

Capítulo 27

CAPÍTULO 27: El impulso final

Día 301 – Décimo mes, apartamento de Adelina Gómez, 10:00 AM

El apartamento de Arturo se sentía más pequeño esa noche, como si las paredes se hubieran contraído mientras estaba en el trabajo. Eran las 9:47 PM del viernes. Tenía doce horas hasta la confesión.

Doce horas hasta que su mundo —tal como lo conocía— terminara.

Se sirvió whisky, luego lo miró durante un largo momento antes de verterlo por el fregadero. Necesitaba estar completamente sobrio para esto. Completamente presente. Sin anestesia, sin escape, sin manera de más tarde culpar al alcohol por cobardía o palabras mal elegidas.

Solo él y la verdad, finalmente enfrentándose.

Se sentó en su escritorio, abrió la laptop, creó un nuevo documento. Lo tituló simplemente: “CONFESIÓN - ADELINA”.

Sus dedos flotaron sobre el teclado.

¿Cómo empezabas? ¿Cómo confesabas que habías pasado casi un año completo mintiéndole a alguien sobre tu identidad fundamental?

La verdad era que no importaba cómo lo dijera. Las palabras serían cuchillos. El dolor sería inevitable. La destrucción de cualquier cosa que hubieran construido juntos sería completa.

Pero tenía que hacerlo de todas formas.

Su teléfono estaba en la mesa junto a la laptop. Lo recogió, encontró el contacto de Ricardo, presionó llamar antes de que pudiera convencerse de lo contrario.

Ricardo contestó en el segundo ring.

—Arturo. No esperaba escuchar de ti esta noche. ¿Qué pasó?

—Voy a decirle la verdad. Mañana. 10 AM. Su apartamento.

Silencio. Luego:

—Gracias a Dios. Finalmente —Ricardo sonaba genuinamente aliviado—. ¿Estás seguro? ¿No vas a cancelar otra vez?

—Estoy seguro. Ya no puedo vivir con esto. Me está matando desde adentro.

—¿Qué necesitas de mí?

—Estar listo para las consecuencias legales. Si decide demandar, contratar un investigador, lo que sea —necesito que estés preparado para manejar.

—Ya lo estoy. He tenido la documentación lista durante meses por si acaso —Ricardo pausó—. Arturo, ¿cómo te sientes?

—Aterrado. Aliviado. Náuseas. Todo al mismo tiempo.

—Eso es normal. Esto es probablemente la cosa más difícil que has hecho.

—¿Más difícil que diseñar el experimento completo? ¿Que vivir la mentira durante un año?

—Mucho más difícil. Porque decir la verdad requiere coraje real. Mentir solo requiere… creatividad y falta de ética —Ricardo rió sin humor—. Pero estás haciendo lo correcto finalmente. Eso cuenta.

—¿Cuenta suficiente?

—Para ti, sí. Para ella, no lo sé. Pero al menos le darás la chance de decidir basada en la verdad completa.

—Voy a perderla.

—Probablemente —Ricardo no ofreció falso consuelo—. Pero Arturo, ya la perdiste. Lo que tienes ahora no es real. Es una fantasía construida sobre engaño. Mejor perderla honestamente que mantenerla deshonestamente.

—Suenas como Marco.

—Marco es un hombre sabio. Deberías escucharlo más —sonido de papeles moviéndose al otro lado de la línea—. ¿Quieres que esté ahí? En un apartamento cercano, esperando por si acaso necesitas apoyo después?

Arturo consideró.

—No. Esto tengo que hacerlo solo. Pero gracias.

—Llámame después. No importa la hora. Voy a estar preocupado hasta que sepa que saliste vivo del otro lado.

—Lo haré. Y Ricardo —gracias. Por todo. Por ayudar con el experimento original incluso cuando sabías que era una mala idea. Por advertirme repetidamente. Por no abandonarme cuando merecías hacerlo.

—Somos amigos desde que teníamos diez años. No te abandono ahora. Aunque seas un idiota masivo —el tono de Ricardo se suavizó—. Buena suerte mañana. Vas a necesitarla.

—Lo sé.

Colgaron.

Arturo dejó el teléfono en la mesa, miró el documento de confesión en la pantalla.

Los puntos clave estaban ahí. Pero no capturaban… todo. No capturaban el viaje emocional, la transformación que había experimentado, la complejidad de los sentimientos que no sabía cómo articular.

Cerró ese documento, abrió uno nuevo.

Y comenzó a escribir —no puntos de conversación, sino memoria. Revisitando momentos clave que lo habían traído a este punto.

MEMORIA #1: La madre muriendo
Tenía quince años. Hospital privado con habitaciones que parecían suites de hotel. La mejor atención médica que el dinero podía comprar.
No importó.
Mamá estaba muriendo de todas formas —cáncer que se había metastatizado antes de que alguien lo notara, demasiado agresivo para detener incluso con los tratamientos más avanzados.
Su última conversación conmigo:
“Arturo, mi amor, nunca olvides: el mundo te dirá que tu valor está en el apellido De la Vega. En el dinero. En el poder. Pero tu verdadero valor está en tu corazón. En cómo tratas a las personas que no pueden darte nada a cambio.”
Murió tres días después.
Papá organizó un funeral elaborado —quinientas personas, la mayoría extraños o asociados de negocios. Solo un puñado realmente la conocía.
Tía Patricia fue la única que me sostuvo mientras lloraba.
Papá dijo: “Los De la Vega no lloran en público. Muestra debilidad.”
Aprendí a no llorar. Aprendí a no ser débil.
Aprendí, eventualmente, a no sentir mucho de nada.
El amor incondicional murió con ella. O eso creí durante quince años.

MEMORIA #2: La pregunta se forma
Veintiocho años. Relación con una modelo cuyo nombre no recuerdo ahora. Tercera o cuarta desde la universidad.
Discutíamos sobre algo —probablemente mi trabajo consumiendo demasiado tiempo. Ella dijo:
“Si no fueras Arturo De la Vega, ni siquiera estaría aquí. Seamos honestos.”
Terminamos esa noche.
Pero la pregunta se quedó: ¿Alguien estaría aquí si no fuera Arturo De la Vega?
Comenzó como curiosidad intelectual. Se convirtió en obsesión.
Cada mujer que salía conmigo después —observaba. Analizaba. ¿Cómo me trataba cuando gastaba dinero versus cuando no lo hacía? ¿Su afecto aumentaba cuando mencionaba la herencia? ¿Disminuía cuando estaba ocupado y menos disponible?
Las respuestas siempre parecían confirmar lo peor: sí, el afecto correlacionaba con la riqueza visible.
La pregunta creció: ¿ALGUIEN me amaría sin dinero?
Se volvió todo-consumidora.



#368 en Novela contemporánea
#333 en Otros
#148 en Humor

En el texto hay: humor, romance, amor

Editado: 20.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.