La pobreza del millonario [ Rom Com]

Capítulo 28

CAPÍTULO 28: La Confesión (Parte I)

Día 301 – Décimo mes, apartamento de Adelina Gómez, 10:00 AM

El apartamento de Adelina no era lo que Arturo había imaginado.

Había esperado opulencia —arte caro en las paredes, muebles de diseñador que gritaban estatus, una vista panorámica del horizonte urbano que recordara constantemente el éxito. En cambio, encontró un espacio sorprendentemente modesto para alguien de su posición: una sala de estar cómoda con un sofá que lucía realmente usado, estanterías llenas de libros organizados por tema en lugar de por color, plantas que claramente recibían cuidado personal —una monstera grande en la esquina, un ficus junto a la ventana, hierbas en la cocina abierta. Las ventanas daban a un parque tranquilo en lugar del caos de la ciudad.

Era… humano. Real. Como si la persona que vivía aquí valorara la comodidad y la autenticidad sobre la impresión.

—Café? —ofreció Adelina, gesticulando hacia la cocina abierta—. O agua. O algo más fuerte si lo necesitas.

—Agua está bien —su garganta ya se sentía seca como papel.

Ella llenó dos vasos del filtro en el refrigerador, le pasó uno, gesticuló hacia el sofá.

—Siéntate. Por favor. Te ves como si fueras a colapsar.

Arturo se sentó, sintiendo cada músculo tenso como cables a punto de romperse. Adelina tomó la silla opuesta —manteniendo una distancia conversacional, dándole espacio, pero claramente preparada para lo que viniera.

—Antes de que empieces —dijo suavemente—, quiero establecer algunas reglas básicas. ¿Está bien?

Él asintió.

—Primero: No te interrumpiré hasta que termines. Sin importar qué digas, tendrás la chance de explicar completamente. Segundo: Después de que termines, tendré preguntas. Muchas probablemente. Responderás honestamente o esto termina inmediatamente. Tercero —hizo una pausa—, sea lo que sea, aprecio que finalmente estés haciéndolo. Eso no significa que perdonaré o entenderé. Solo significa que reconozco el coraje que esto requiere.

—Entendido —su voz sonó más ronca de lo que pretendía.

—¿Listo?

—No. Pero de todas formas —tomó un sorbo de agua, la dejó en la mesa de café con manos que temblaban visiblemente—. Adelina, lo que voy a decirte va a… va a cambiar cómo me ves. Cómo ves todo lo que hemos construido durante estos meses. Y tienes todo el derecho de odiarme después. De despedirme. De tomar acciones legales. Lo que sea. Solo… por favor escucha hasta el final.

—Lo prometo.

Arturo respiró profundamente. Y comenzó.

—Mi nombre no es solo Arturo Vega. Es Arturo Eduardo De la Vega —las palabras salieron en un torrente ahora, como si romper la resistencia inicial hubiera abierto una compuerta—. Soy el heredero de De la Vega Industries —tecnología, bienes raíces, inversiones. El valor neto familiar es aproximadamente dos punto cuatro billones. Personalmente controlo un fideicomiso de trescientos cincuenta millones.

Adelina no reaccionó visiblemente. Solo lo observaba, procesando.

—La historia que conoces —sobre perder todo, ser traicionado por la familia, caer en la pobreza— es completamente falsa. Nunca perdí mi fortuna. Nunca fui traicionado. Todo fue una farsa elaborada que yo mismo diseñé y orquesté.

Ahora vio la reacción —un parpadeo de sorpresa, un ligero endurecimiento alrededor de los ojos— pero ella mantuvo la promesa de no interrumpir.

—Hace poco más de un año, estaba obsesionado con una pregunta: ¿Alguien me amaría sin mi dinero? Crecí rodeado de riqueza. Mi madre —la única persona que me amó incondicionalmente— murió cuando tenía quince. Después de eso, cada relación en mi vida se sintió… transaccional. Las mujeres me querían por la cuenta bancaria. Los amigos me querían por las conexiones. Incluso la familia parecía medir el afecto en términos de contribuciones corporativas.

Tomó otro sorbo de agua, las manos todavía temblando.

—Entonces diseñé un experimento. Con la ayuda de Ricardo Morales —mi abogado— creamos documentación falsa mostrando que había perdido todo. Inversiones fallidas en criptomonedas, supuestamente. Una traición de un tío ficticio que manipuló los libros contables. Orquestamos una transmisión en vivo de mi “expulsión” de la familia. Artículos de prensa plantados estratégicamente. Toda la infraestructura de una ruina pública.

La expresión de Adelina estaba ciclando a través de emociones —shock inicial dando paso a algo más frío, más calculador.

—El propósito era probar mi teoría: que las personas en mi vida —específicamente las mujeres con quienes salía— solo me querían por el dinero. Entonces las probé a todas. Valentina Cortés, mi prometida de dos años. Isabella Ramos, mi amante. Lucía Vargas, una relación casual. Adriana Molina, quien pensé que era diferente.

—Una por una, todas me abandonaron cuando creyeron que había perdido todo. Exactamente como predije. Exactamente como diseñé para que pasara —su voz se volvió más amarga—. Y eso me validó. Me hizo sentir justificado en mi cinismo. Probé que tenía razón sobre el mundo siendo superficial.

Hizo una pausa, forzándose a sostener la mirada de Adelina.

—Pero también conocí personas que no encajaban en la narrativa. Marco Sandoval —el veterano ciego que vive en el edificio donde renté un cuarto. Sofía Ramírez —madre soltera trabajando tres empleos. Sus hijos, Daniel y Camila. Ellos me mostraron generosidad sin agenda. Compartieron comida cuando apenas tenían suficiente. Me valoraron sin saber nada sobre mi cuenta bancaria.

—Ellos respondieron mi pregunta de una forma que no anticipé: Sí, algunas personas te valorarían sin dinero. Pero no las personas que diseñé el experimento para probar. Solo las personas genuinas que encontré accidentalmente cuando dejé de buscar validación.

Adelina seguía sin hablar, pero su postura había cambiado —más rígida, los brazos ligeramente cruzados en un gesto protector.

—Entonces llegaste tú —la voz de Arturo se suavizó a pesar de sí mismo—. Adelina Gómez, la CEO brillante que ofreció trabajo a “Arturo Vega, el hombre que perdió todo” basado puramente en el potencial percibido. No por conexiones, no por lástima —por mérito que creíste ver.



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En el texto hay: humor, romance, amor

Editado: 20.01.2026

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