La pobreza del millonario [ Rom Com]

Capítulo 18

CAPÍTULO 18: El Contador Público y la Petición

La sala de estar de los Whitmore olía a libros viejos y té de manzanilla. Era un aroma que Arturo había llegado a asociar con conversaciones importantes—el tipo de discusiones que la gente tiene cuando cree genuinamente que pueden cambiar algo.

Esta noche no era excepción.

Charles Whitmore estaba de pie frente a la chimenea apagada, sus 68 años evidentes en la forma en que se apoyaba ligeramente en el respaldo de una silla pero no en la claridad de su voz. Eleanor distribuía tazas de té, ese ritual de hospitalidad que parecía fortalecer la determinación colectiva de alguna manera.

Además de Arturo y Adelina estaban Hector y Patricia Reyes, Emmanuel y Chioma Okafor, y tres vecinos más que habían estado vocalmente opuestos al proyecto TitanCorp: los Mendoza, los Chen, y una mujer de 72 años llamada Doris Fletcher que había vivido en Valle Sereno desde antes de que fuera "Valle Sereno"—cuando era solo un grupo de casas en la montaña sin nombre pretencioso.

Esperanza dormía en su cochecito junto a la silla de Adelina, ocasionalmente haciendo los sonidos pequeños que precedían al despertar. Arturo mantenía un ojo en ella mientras escuchaba a Charles presentar su plan.

"He estado investigando," comenzó Charles, colocando una carpeta gruesa sobre la mesa de centro. "Valle Sereno no es solo una comunidad residencial ordinaria. Esta área completa está clasificada como Zona de Protección Ecológica Nivel 3."

"¿Qué significa eso?" preguntó Patricia, inclinándose hacia adelante.

"Significa," continuó Charles, "que cualquier desarrollo mayor requiere revisión ambiental exhaustiva. Impacto en vida silvestre, calidad de agua, estabilidad de suelo—todo debe ser evaluado antes de que se otorguen permisos de construcción."

Emmanuel frunció el ceño. "Pero TitanCorp ya tiene permisos preliminares, ¿no?"

"Preliminares," enfatizó Charles. "Basados en su propia evaluación ambiental—que, apuesto mi reputación profesional, fue realizada con tanta integridad como un examen que un estudiante se hace a sí mismo."

Hubo risas leves alrededor de la sala, pero tensas. Todos sabían que esto era serio.

"Lo que propongo," dijo Charles, abriendo la carpeta para revelar docenas de páginas impresas, "es solicitar formalmente una revisión ambiental independiente. Como comunidad afectada, tenemos derecho legal a hacerlo."

"¿Y eso detendría el proyecto?" preguntó Chioma, con esperanza cautelosa en su voz.

"Potencialmente," respondió Charles. "Si la revisión encuentra violaciones—y esta área tiene especies protegidas, un sistema de acuífero complejo, riesgo de deslizamientos—entonces TitanCorp tendría que hacer mitigaciones sustanciales o, en el mejor de los casos, cancelar completamente."

Eleanor se sentó junto a su esposo, tomando su mano. "Charles pasó cuarenta años como arquitecto. Conoce estas regulaciones mejor que nadie."

"El problema," continuó Charles, su expresión tornándose sombría, "es que una revisión ambiental independiente no es barata. Requiere geólogos, biólogos, hidrólogos—un equipo completo de especialistas. Y necesitamos una firma que TitanCorp no pueda desacreditar como parcial."

"¿Cuánto estamos hablando?" preguntó Hector, aunque su tono sugería que ya temía la respuesta.

"$50,000," dijo Charles. "Posiblemente más si el estudio se extiende, pero ese sería el mínimo para algo legalmente defendible."

El silencio cayó sobre la sala como una manta húmeda. Cincuenta mil dólares. Para la mayoría de las personas en esta habitación—para casi cualquier persona en Valle Sereno que no fuera los Harrison o unos pocos otros—esa cifra podría ser los ahorros de toda una vida. O más.

Arturo sintió el peso del conocimiento secreto presionando su pecho. Cincuenta mil dólares. Él gastaba más en vino en un año bueno. Adelina había pagado más que eso por un solo vestido de diseñador en su vida anterior. Era, en el contexto de su riqueza real, absolutamente nada.

Y en el contexto de esta habitación, era absolutamente todo.

"Podemos juntar firmas gratis," dijo Patricia finalmente, su voz determinada de esa forma que Arturo había aprendido significaba que ya estaba haciendo listas mentales. "Puedo organizar equipos. Ir puerta a puerta. Necesitaremos al menos 200 firmas para que la petición tenga peso real."

"Yo puedo diseñar los materiales," ofreció Adelina. "Volantes, presentaciones, lo que necesiten."

"Y yo conozco gente en redes sociales locales," agregó Emmanuel. "Podemos hacer que esto se vuelva viral en la comunidad, presionar a las autoridades."

"Todo eso es excelente," dijo Charles, sonando genuinamente agradecido. "Pero el estudio en sí... ninguno de nosotros puede pagar eso."

Otro silencio, este más pesado. Arturo observó las caras alrededor de la sala. Gente buena, gente trabajadora. Emmanuel había construido su negocio de importación desde cero con $200 y una maleta. Hector se levantaba a las 5 AM cada día para abrir su taller. Patricia trabajaba turnos de noche como enfermera, sacrificando sueño para que sus hijos pudieran tener mejor vida.

Y él estaba sentado aquí, con más dinero del que podrían ganar colectivamente en diez vidas, fingiendo ser uno de ellos.

La culpa era una sensación física, como tragar vidrio.

"Podríamos hacer fundraising," sugirió uno de los Chen, aunque no sonaba convencido. "¿GoFundMe, tal vez?"

"Para $50,000?" Patricia sacudió la cabeza. "Necesitaríamos alcance masivo. Y para entonces, TitanCorp tendría tiempo de contraatacar con su propia campaña de PR."

"Yo puedo contribuir $2,000," dijo Hector de repente. Miró a Patricia, quien asintió a pesar de que sus ojos mostraban preocupación. "Son nuestros ahorros para vacaciones. Íbamos a llevar a los niños a la playa este verano, pero... esto es más importante."

"Nosotros tenemos $3,000," dijo Emmanuel, y Chioma apretó su mano. "Fondo de emergencia. Y esto es una emergencia."



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En el texto hay: humor, romance, amor

Editado: 20.01.2026

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